El presidente Javier Milei volvió a rechazar una devaluación del peso y ratificó los principales ejes de su programa económico durante un encuentro organizado por la Sociedad Rural Argentina (SRA) en el predio ferial de Palermo. Ante representantes del sector empresario, sostuvo que depreciar la moneda para recuperar competitividad implica perjudicar los salarios, los ahorros y el valor de las empresas sin resolver los problemas estructurales de la economía.
La presentación constituyó su primer acto oficial después de regresar de España, donde participó de manera intermitente de la Cumbre Iberoamericana. Durante su intervención, el mandatario defendió la disciplina monetaria, reivindicó el papel del sector privado y reiteró que el equilibrio fiscal constituye una condición central de su gestión.
Al cuestionar las propuestas que plantean una corrección cambiaria como alternativa para mejorar la competitividad, Milei advirtió sobre sus consecuencias económicas. “Es licuar los ahorros, desvalorizar las empresas, para que en unos meses el problema siga. Es un mecanismo para ganar tiempo sin solucionar problemas”, sostuvo.
Por qué Milei rechaza una devaluación del peso
Durante su exposición, el jefe de Estado también analizó el escenario económico internacional y se refirió particularmente a las tensiones en el estrecho de Ormuz y sus consecuencias sobre el mercado energético.
Según explicó, una reducción de la oferta de petróleo provoca un incremento de los costos de producción que puede trasladarse a los precios de distintos bienes y servicios. Ese proceso, señaló, también puede llevar a los bancos centrales a elevar las tasas de interés para contener las presiones inflacionarias.
En ese contexto, el Presidente consideró que flexibilizar la política monetaria agravaría las dificultades en lugar de resolverlas. “Tirarle nafta al fuego”, definió al referirse a esa posibilidad, y remarcó que “no hay sustituto para la buena política económica”.
Milei también cuestionó la idea de que una moneda más depreciada permita recuperar competitividad de manera sostenible. Desde su perspectiva, una devaluación representa una pérdida de poder adquisitivo para los trabajadores y una reducción del valor de los activos nacionales.
“Eso es abaratar lo argentino a costa de los argentinos: es licuar los salarios, es destruir el ahorro y desvalorizar las empresas para que en unos meses el problema siga”, afirmó el mandatario.
De esta manera, volvió a diferenciar su estrategia económica de las propuestas que consideran el ajuste del tipo de cambio como una herramienta para corregir los desequilibrios de competitividad.
El respaldo de Milei a los empresarios argentinos
Otro de los ejes centrales del discurso estuvo dedicado al papel de los empresarios en la actividad económica y el desarrollo del país. Ante los representantes de la Sociedad Rural Argentina, el Presidente destacó a quienes invierten recursos propios y asumen riesgos para sostener sus actividades productivas.
“Los verdaderos héroes son los empresarios. No le encuentro otro nombre que héroes”, expresó Milei, en una nueva defensa del sector privado como protagonista de su modelo económico.
En esa línea, cuestionó las políticas que, según su interpretación, perjudicaron históricamente a quienes producen e invierten en la Argentina. También responsabilizó a la dirigencia política por haber contribuido a una imagen negativa del empresariado.
El mandatario sostuvo, además, que el Estado utilizó su capacidad recaudatoria para afectar a los sectores productivos, una situación que vinculó con las dificultades económicas acumuladas durante décadas.
El equilibrio fiscal, una condición que el Gobierno considera innegociable
En el tramo final de su exposición, Milei volvió a colocar el equilibrio de las cuentas públicas como uno de los pilares fundamentales de su administración. El Presidente relacionó los desequilibrios fiscales con los problemas macroeconómicos que atravesó la Argentina durante buena parte de su historia reciente.
“Cada una de las regulaciones y de los efectos macroeconómicos devastadores que hemos padecido durante ochenta o noventa años tienen como correlato el desequilibrio fiscal”, planteó.
Con ese argumento, defendió la necesidad de mantener la disciplina presupuestaria y evitar políticas que, desde su perspectiva, puedan comprometer la estabilidad macroeconómica.
Finalmente, el jefe de Estado ratificó su posición sobre el manejo de las cuentas públicas con una definición destinada a despejar cualquier posibilidad de flexibilización de ese objetivo: “El equilibrio fiscal no se negocia, ni con ningún sí, pero de nada”.
El presidente Javier Milei rechazó una nueva devaluación del peso durante un encuentro de la Sociedad Rural Argentina en Palermo. Tras regresar de España, defendió el equilibrio fiscal, advirtió sobre las consecuencias de depreciar la moneda para los salarios y los ahorros, y reivindicó el papel de los empresarios en el desarrollo económico del país.
En un país donde la devaluación suele aparecer como solución económica con la misma frecuencia con la que después aparece como problema, Javier Milei decidió cerrar la puerta antes de que alguien volviera a ofrecerle la llave inglesa monetaria. El Presidente se presentó ante la Sociedad Rural Argentina y dejó en claro que no piensa depreciar el peso para mejorar la competitividad. Una definición que, en la Argentina, equivale a anunciar que esta vez el incendio no se combatirá con un bidón de combustible.
El escenario fue Palermo, territorio donde los empresarios escucharon una noticia poco habitual: el jefe de Estado no solamente los defendió, sino que directamente los ascendió a la categoría de héroes. Marvel todavía no confirmó si incorporará al productor agropecuario a su próxima película, pero Milei ya les otorgó el reconocimiento presidencial. En su universo económico, los empresarios arriesgan capital, generan riqueza y merecen una consideración que la política, según su diagnóstico, les negó durante décadas.
La devaluación, mientras tanto, recibió un tratamiento bastante menos cinematográfico. Milei la describió como un mecanismo que destruye salarios, pulveriza ahorros y desvaloriza empresas para conseguir algo verdaderamente extraordinario: que unos meses después el problema continúe exactamente donde estaba. Una especie de suscripción premium a la crisis económica, con renovación automática y sin beneficios para el usuario.
El Presidente también incorporó al estrecho de Ormuz a la discusión. Porque cuando la economía argentina parece suficientemente complicada por sus propios medios, siempre existe la posibilidad de que una tensión internacional encarezca el petróleo, aumente los costos y obligue a los bancos centrales a revisar sus tasas de interés. La globalización tiene esa delicadeza: permite que un problema a miles de kilómetros termine participando de las discusiones sobre el precio de prácticamente todo.
Frente a ese panorama, Milei insistió en que flexibilizar la política monetaria sería como arrojar combustible sobre las llamas. El peso argentino, acostumbrado históricamente a recibir tratamientos intensivos de depreciación, encontró esta vez un Presidente que promete no recurrir a esa receta. La competitividad, sostuvo, no puede conseguirse empobreciendo a quienes cobran salarios y conservan ahorros en moneda nacional.
El cierre quedó reservado para el equilibrio fiscal, presentado como un principio innegociable. Después de décadas de discusiones sobre déficits, regulaciones y desequilibrios, Milei volvió a establecer que las cuentas públicas deben cerrar. En una Argentina donde el presupuesto suele despertar más controversias que el final de una serie de televisión, el Presidente insiste en que la disciplina fiscal no tendrá temporada de excepciones. Los empresarios recibieron elogios, la devaluación quedó descartada y el déficit fiscal volvió a ocupar el lugar del antagonista principal.
