La venta de los activos de SanCor atraviesa una creciente disputa judicial luego de que un síndico de la quiebra y distintos acreedores presentaran impugnaciones para cuestionar el proceso licitatorio aprobado por el juez Marcelo Gelcich. Aunque los planteos ya llegaron a la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe, hasta el momento ninguna resolución suspendió el cronograma previsto para la venta.
El expediente se abrió tras el fracaso del concurso preventivo iniciado en 2025. En abril de este año se decretó la quiebra de la histórica cooperativa y, posteriormente, se aprobaron los pliegos que regulan la licitación pública de sus bienes, fijando una valuación base de US$ 52,1 millones.
Qué activos forman parte de la venta
La licitación contempla la venta por lotes de seis plantas industriales ubicadas en Devoto, Gálvez, La Carlota, Balnearia, San Guillermo y Sunchales. La planta de Devoto posee la mayor valuación individual, mientras que la de Sunchales fue tasada con una reducción luego del incendio registrado durante junio.
También integran el proceso las principales marcas comerciales de la empresa, entre ellas SanCor, Mendicrim, Tolem y Quesabores, consideradas uno de los activos intangibles más valiosos de la cooperativa.
El pliego establece un costo de US$ 10.000 para acceder a la documentación licitatoria y exige una garantía equivalente al 10% del monto ofertado. Al menos seis grupos empresarios manifestaron interés en analizar una compra total o parcial.
Tres frentes cuestionan la licitación
Uno de los planteos fue presentado por el síndico Juan Luis Tomat, quien denunció presuntas irregularidades durante la administración de la quiebra. Entre sus objeciones mencionó haber sido excluido del expediente digital durante etapas relevantes del proceso, cuestionó la designación de una coadministradora y reclamó precisiones sobre el destino de bienes bajo garantía judicial.
Otro frente corresponde al Frente Unificado por la Defensa de SanCor, integrado por acreedores, tamberos, proveedores y exempleados. El grupo solicitó la apertura de un Jury de Enjuiciamiento contra el juez Gelcich y pidió una medida cautelar para suspender la licitación, argumentando presuntas subvaluaciones, falta de transparencia y el rechazo de un plan alternativo de continuidad.
El tercer planteo fue impulsado por Fidulac S.A., empresa presidida por el empresario rosarino Gustavo Scaglione, quien además figura entre los interesados en adquirir activos de la cooperativa. La presentación cuestiona principalmente la decisión de vender las plantas y las marcas por separado, al considerar que ello podría afectar el valor final de realización y perjudicar a los acreedores.
Impacto laboral y futuro del proceso
La quiebra también tuvo un fuerte impacto sobre los trabajadores. De los 914 empleados que permanecían activos al inicio del proceso, alrededor de 178 continuaron vinculados, mientras que más de 700 fueron desvinculados tras vencer el plazo legal de continuidad laboral.
Según el expediente, la cooperativa mantiene una importante deuda laboral que incluye salarios impagos, aguinaldos, aportes retenidos y obligaciones con la obra social y entidades sindicales, además de miles de créditos laborales reconocidos.
Por ahora, la Justicia no modificó el cronograma licitatorio. Sin embargo, la resolución que adopte la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe sobre las impugnaciones presentadas será determinante para establecer si la venta continúa bajo el esquema actual o si el proceso deberá ser revisado antes de avanzar con el futuro de la histórica cooperativa láctea.
La venta de los activos de SanCor quedó envuelta en una fuerte disputa judicial luego de que un síndico, un acreedor y otros actores del proceso presentaran impugnaciones para cuestionar la licitación impulsada tras la quiebra. Mientras la Corte Suprema de Santa Fe analiza los planteos, el cronograma de venta continúa sin modificaciones y el futuro de la histórica cooperativa permanece abierto.
Una empresa con casi nueve décadas de historia terminó discutiéndose como si fuera una casa heredada en una sucesión complicada. Plantas, marcas, quesos, expedientes y millones de dólares sobre la mesa, mientras la Justicia decide si la venta sigue o si alguien aprieta el botón de pausa.
SanCor ya venía golpeada por años de crisis, pero ahora el conflicto cambió de escenario. Ya no se trata solamente de producir leche o vender queso, sino de definir cómo se remata uno de los nombres más conocidos de la industria argentina. Es como discutir si vendés un auto entero o empezás ofreciendo el volante por Mercado Libre porque alguien asegura que así vale más.
Las objeciones llegaron desde varios frentes. Un síndico denunció presuntas irregularidades en la administración de la quiebra, cuestionó decisiones adoptadas durante el proceso y reclamó explicaciones sobre bienes bajo custodia judicial. Al mismo tiempo, un grupo integrado por acreedores, tamberos, proveedores y exempleados pidió frenar la licitación y promovió un Jury de Enjuiciamiento contra el juez que lleva adelante el expediente.
Como si el tablero necesitara otra ficha, uno de los acreedores también apareció como potencial comprador. La discusión dejó de ser únicamente cuánto valen las plantas o las marcas: ahora también gira alrededor de si corresponde vender todo junto o por partes, una diferencia que puede cambiar el precio final y el destino de la empresa.
Mientras tanto, más de 700 trabajadores quedaron desvinculados tras la quiebra y cientos de acreedores siguen esperando una resolución que les permita recuperar al menos una parte de lo que se les debe. La historia de una de las cooperativas más emblemáticas del país hoy depende menos de los tambos que de los tribunales. A veces el queso se corta. Otras veces se corta el expediente.