Cómo nació el pogo y por qué Argentina lo convirtió en una ceremonia popular

Redacción Cuyo News
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El pogo, una de las manifestaciones más reconocibles de la cultura rock, no nació en Argentina. Sus raíces se ubican en el estallido del punk británico de fines de la década de 1970, especialmente en los clubes de Londres donde el movimiento comenzó a construir su identidad sonora, estética y corporal.

La historia del rock suele adjudicarle la invención a Sid Vicious, icónico y polémico bajista de Sex Pistols. Antes de integrarse formalmente a la banda, Vicious asistía a conciertos en espacios reducidos y, debido a la mala visibilidad entre la multitud, comenzó a saltar verticalmente de manera frenética para poder ver el escenario.

El origen del nombre y la danza punk

El término pogo proviene del «pogo stick», conocido como palo saltarín, un juguete infantil con resortes. Los movimientos de Sid Vicious recordaban ese salto vertical, repetido e ininterrumpido.

Con el tiempo, lo que comenzó como una acción individual se transformó en una práctica colectiva. La aglomeración de personas en los recitales convirtió los saltos en choques corporales, dando origen a una danza asociada directamente con el punk, la furia juvenil y la descarga física.

La transformación en el rock nacional

Al llegar a la Argentina, el pogo atravesó una transformación cultural profunda. Si en el punk británico nació como una expresión de confrontación y desahogo individualista, en el rock nacional fue resignificado como una forma de comunión, catarsis colectiva y pertenencia social.

A diferencia de su origen londinense, en Argentina el pogo se masificó hasta alcanzar dimensiones de estadio. La práctica dejó de estar limitada a grupos reducidos frente al escenario y pasó a formar parte de la identidad emocional de miles de seguidores.

En ese proceso, el rock nacional incorporó al pogo como una escena central del recital: un momento de celebración compartida, intensidad física y reconocimiento mutuo entre quienes participan.

El Indio Solari y «El Pogo Más Grande del Mundo»

Hablar del pogo en Argentina conduce inevitablemente a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y, más tarde, a la etapa solista de Indio Solari junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.

El Indio no inventó el pogo, pero lo llevó a una dimensión mitológica e histórica dentro de la cultura popular argentina.

La canción «Ji Ji Ji», incluida en el álbum Oktubre de 1986, se convirtió en el catalizador definitivo del fenómeno. Las primeras notas del solo de guitarra de Skay Beilinson funcionan como una señal de inicio para lo que pasó a conocerse como «el pogo más grande del mundo».

Los conciertos ricoteros, conocidos popularmente como la misa ricotera, se transformaron en peregrinaciones masivas. En ese contexto, el pogo dejó de ser un movimiento concentrado en un sector del público para convertirse en un mar humano que podía abarcar hectáreas enteras de espectadores saltando de manera sincronizada.

Dos hitos del pogo en Argentina

El fenómeno fue escalando en convocatoria y mística a lo largo de las décadas, hasta dejar momentos centrales en la historia del rock argentino.

En diciembre de 1998, durante la presentación de Último Bondi a Finisterre en el Estadio de Racing Club, el pogo consolidó su masividad en estadios de fútbol. Allí, «Ji Ji Ji» quedó reafirmada como el clímax obligatorio de la cultura rock del país.

Otro hito se produjo en marzo de 2017, durante el recital de Indio Solari en Olavarría. Aquella presentación reunió una de las mayores concentraciones humanas en la historia del rock hispanohablante, estimada en más de 300.000 personas, y llevó el fenómeno del pogo a un límite físico y logístico sin precedentes.

Mientras que el pogo nació en el Reino Unido como un acto de rebelión juvenil y descarga corporal, el rock nacional lo convirtió en una expresión cultural más amplia. Bajo el fenómeno ricotero, pasó a ser un símbolo de cuidado mutuo, celebración popular y pasión colectiva.

En Argentina, el pogo dejó de ser sólo una forma de bailar rock: se transformó en una ceremonia física y emocional, una marca de pertenencia y una de las manifestaciones más intensas de la cultura musical del país.

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