El mercado laboral argentino volvió a mostrar señales de deterioro durante los primeros meses del año. Un informe elaborado por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), dependiente de la UBA y el Conicet, reveló que el empleo formal continúa en retroceso, mientras que el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) acumula una pérdida del 39,7% de su poder adquisitivo desde noviembre de 2023.
Los datos reflejan una combinación de factores que generan preocupación entre especialistas y organizaciones sindicales: la disminución del empleo registrado y el deterioro sostenido de los ingresos frente a la inflación.
El empleo formal volvió a caer en marzo
Según el informe, el empleo asalariado privado registrado retrocedió un 0,1% durante marzo respecto del mes anterior, lo que equivale a la pérdida de aproximadamente 11.000 puestos de trabajo.
En términos interanuales, la caída alcanza los 96.700 empleos, mientras que la comparación con noviembre de 2023 muestra una reducción aún más pronunciada.
El estudio indica que el empleo asalariado formal total disminuyó un 1,2% interanual, con una pérdida de 119.000 puestos en un año. En relación con el inicio de la actual gestión nacional, el retroceso alcanza el 3,1%, equivalente a unos 314.000 empleos registrados menos.
Actualmente, el sector privado formal emplea a alrededor de 6,18 millones de trabajadores en todo el país.
Industria y construcción, entre los sectores más afectados
El informe señala que las mayores caídas continúan concentrándose en actividades tradicionalmente vinculadas a la generación de empleo formal de calidad.
Entre ellas aparecen la industria manufacturera, la construcción y distintos segmentos del comercio, sectores que vienen registrando dificultades desde hace varios meses.
Además, el deterioro no se limita a una región específica, ya que distintas provincias evidenciaron retrocesos en la cantidad de trabajadores registrados.
El salario mínimo perdió casi el 40% de su poder de compra
Paralelamente, los estudios difundidos durante las últimas semanas muestran un fuerte deterioro del poder adquisitivo del salario mínimo.
De acuerdo con las estimaciones, el Salario Mínimo, Vital y Móvil acumula una pérdida del 39,7% en términos reales desde noviembre de 2023, ubicándose entre los niveles más bajos de las últimas décadas.
Para las organizaciones sindicales, este indicador tiene una importancia especial porque funciona como referencia para numerosas actividades laborales, convenios colectivos y programas sociales.
La caída del salario mínimo impacta tanto sobre trabajadores registrados como sobre sectores informales que utilizan ese parámetro como referencia para la determinación de ingresos y prestaciones.
El escenario descrito por el IIEP refleja un mercado laboral atravesado por desafíos simultáneos: menor generación de empleo formal y una significativa pérdida del poder adquisitivo de los salarios, dos variables que continúan bajo seguimiento por parte de economistas, sindicatos y actores productivos.
Un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-UBA Conicet) advirtió que el empleo formal continúa en retroceso en Argentina, con una pérdida acumulada de 314.000 puestos desde noviembre de 2023. Al mismo tiempo, el Salario Mínimo, Vital y Móvil registra una caída del 39,7% en su poder adquisitivo, profundizando las preocupaciones sobre la situación laboral y salarial del país.
Menos empleo registrado. Menos poder de compra. Y un salario mínimo que perdió casi el 40% de su capacidad para enfrentar los precios. El mercado laboral argentino parece haber encontrado una manera particularmente eficiente de complicar dos problemas al mismo tiempo.
Los números llegan con la frialdad habitual de las estadísticas. Once mil empleos formales menos en marzo. Más de 314 mil desde noviembre de 2023. Pero detrás de cada cifra hay una situación bastante menos matemática: alguien que dejó de tener recibo de sueldo, aportes o una estabilidad que ya venía bastante golpeada.
La breve recuperación observada a comienzos de año duró lo que duran muchas promesas económicas en Argentina: algunos meses y una planilla de Excel. En marzo, la tendencia volvió a inclinarse hacia abajo y el empleo registrado retomó el camino descendente.
La construcción, la industria y parte del comercio siguen encabezando la lista de sectores afectados. Es decir, actividades que durante años funcionaron como motores clásicos de generación de trabajo formal. Cuando esos motores empiezan a perder potencia, el tablero laboral completo siente la vibración.
Pero el empleo no es el único problema. También está el salario. Porque conservar un puesto ya no garantiza necesariamente conservar el poder de compra. El Salario Mínimo, Vital y Móvil acumula una pérdida cercana al 40% desde fines de 2023. Una caída que no solo afecta a quienes cobran ese ingreso, sino que repercute sobre programas sociales, escalas laborales y múltiples referencias del mercado de trabajo.
La paradoja es conocida por millones de trabajadores: seguir trabajando y, aun así, sentir que cada mes alcanza para menos. Como si el sueldo participara de una carrera donde los precios siempre largan varios metros adelante.
Los sindicatos observan ambos fenómenos con preocupación porque suelen retroalimentarse. Menos empleo registrado debilita el mercado laboral. Menores salarios reducen el consumo. Y una economía con menor consumo encuentra más dificultades para generar nuevos puestos de trabajo.
Mientras tanto, las estadísticas siguen acumulando registros. La pregunta es cuándo volverán a acumular buenas noticias.
Por ahora, el empleo cae más rápido de lo que crecen las explicaciones.