El Hospital de Pediatría “Prof. Dr. Juan P. Garrahan” envió el pasado 8 de junio una carta formal a la directora provincial de Prestaciones del Instituto de Obra Médico Asistencial (IOMA), Nadia Daciuk, en la que rechazó los argumentos esgrimidos por la obra social bonaerense para no cancelar una deuda que, según la institución, asciende a $8.278.254.990,97 en concepto de capital, sin contabilizar los intereses acumulados por mora.
La nota fue firmada por la presidenta del Consejo de Administración del hospital, Mariel Sánchez, y constituye una respuesta directa a una comunicación previa de IOMA en la que la Provincia de Buenos Aires manifestó su decisión de no abonar el saldo reclamado.
El Garrahan desmiente la versión de IOMA
En el documento, las autoridades del hospital sostienen que la deuda continúa vigente y cuestionan la postura de la obra social provincial. «La Gerencia de Finanzas y Contabilidad se comunicó con usted para que se salde la deuda que mantienen con nuestra institución que, al día de la fecha, asciende a $8.278.254.990,97 en concepto de capital, sin incluir los intereses desde la mora», señala la carta.
Además, el texto rechaza las afirmaciones vinculadas a supuestos avances en las negociaciones entre ambas partes. «Son FALSOS la voluntad y los supuestos esfuerzos que usted manifiesta para tratar de acordar con nuestro Hospital un convenio», sostiene el escrito, que también acusa a la Provincia de Buenos Aires de pretender condiciones que, según el hospital, perjudican a la institución.
La misiva agrega que la deuda se encuentra debidamente documentada y que los pagos efectuados por IOMA fueron únicamente parciales. Según el Garrahan, esos desembolsos serán imputados inicialmente a los intereses generados por las facturas vencidas.
La polémica por los pagos y la deuda acumulada
La controversia recrudeció en las últimas semanas luego de declaraciones del ministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, quien aseguró públicamente que IOMA había cancelado su deuda con el hospital mediante el pago de más de $1.230 millones y que no existían obligaciones pendientes.
Desde el Garrahan rechazaron esa interpretación y difundieron un comunicado con términos similares a los expresados en la carta enviada a la obra social. «El gobernador Axel Kicillof miente, la deuda con el Hospital Garrahan es de más de $8.278 millones», indicaron las autoridades nacionales del centro asistencial.
Asimismo, remarcaron que las acreencias continúan aumentando debido a las prestaciones brindadas diariamente. «Los pagos que menciona el gobierno de Kicillof son pagos parciales a cuenta de deuda vencida, que además se imputarán primero a cancelar intereses», sostuvieron.
Un conflicto que se arrastra desde 2017
La disputa entre ambas instituciones no es nueva. Según detallaron las partes involucradas, el conflicto tiene antecedentes que se remontan a 2017 y gira en torno a la facturación de prestaciones médicas brindadas por el hospital a afiliados de IOMA.
Por su parte, la obra social bonaerense planteó la necesidad de revisar el esquema de relación prestacional y respaldó esa postura en una auditoría interna que cuestionó una porción significativa de los reclamos presentados. De acuerdo con esa evaluación, cerca del 85% de los montos reclamados carecería de respaldo documental, técnico o normativo suficiente y, en numerosos casos, no habría sido facturado formalmente.
En paralelo, las autoridades nacionales recordaron que actualmente 814 niños esperan prótesis provenientes de la Provincia de Buenos Aires para poder acceder a intervenciones quirúrgicas en el principal hospital pediátrico del país.
El Hospital Garrahan envió una carta a IOMA en la que rechazó los argumentos de la obra social bonaerense sobre una deuda que, según la institución pediátrica, supera los $8.278 millones sin contar intereses. El conflicto, que se extiende desde 2017, sumó un nuevo capítulo tras declaraciones cruzadas entre autoridades del hospital y funcionarios de la Provincia de Buenos Aires.
En Argentina hay discusiones eternas: quién hace el mejor asado, si el mate lleva azúcar y cuánto tiempo puede sobrevivir una deuda pública antes de convertirse en patrimonio histórico nacional. En esta última categoría parece haberse anotado el conflicto entre el Hospital Garrahan e IOMA, una relación que ya acumula más temporadas que varias series de streaming y con menos posibilidades de un final feliz inmediato.
La disputa volvió a escena cuando el hospital decidió responder por escrito a la obra social bonaerense. No fue una carta diplomática diseñada para decorar un archivo administrativo. Fue más bien un documento que, con elegancia institucional pero sin anestesia, cuestionó una por una las explicaciones presentadas por IOMA respecto de una deuda multimillonaria. En términos futboleros, equivalió a una respuesta que llegó con VAR, repetición en cámara lenta y marcador luminoso.
Mientras desde distintos despachos se discuten cifras, auditorías y respaldos documentales, en los pasillos del principal hospital pediátrico del país el asunto tiene otra dimensión. Allí las cuentas no se miden únicamente en expedientes o balances contables, sino también en tratamientos, cirugías y prestaciones que siguen llegando todos los días. Porque las facturas podrán esperar en una carpeta, pero los pacientes tienen la mala costumbre de necesitar atención en tiempo real.
La controversia también dejó una postal muy argentina: dos partes mirando exactamente los mismos números y llegando a conclusiones completamente distintas. De un lado, quienes sostienen que la deuda sigue creciendo. Del otro, quienes aseguran haber realizado pagos suficientes y cuestionan buena parte de los reclamos. Entre ambos extremos aparece la burocracia, ese deporte nacional que logra que un papel viaje más kilómetros que muchos turistas durante las vacaciones de invierno.
Y mientras continúan los cruces, el Garrahan decidió agregar un dato imposible de ignorar: cientos de niños esperan prótesis para poder acceder a intervenciones quirúrgicas. En ese contexto, la discusión deja de ser una simple batalla de planillas de cálculo para transformarse en una pulseada donde cada día de demora tiene consecuencias mucho más concretas que cualquier debate administrativo.