La aparición del cuerpo de Daniel Antonio Osorio Peñaloza, socio empresarial de Martín Menem, generó conmoción en la cúpula del Gobierno nacional, mientras la Justicia investiga las causas del deceso.
El empresario venezolano fue encontrado muerto este domingo en su domicilio del barrio porteño de Almagro. Según los primeros datos conocidos, Osorio Peñaloza estaba vinculado a sociedades comerciales relacionadas con el presidente de la Cámara de Diputados.
Los vínculos societarios con Martín Menem
Osorio Peñaloza figuraba como director suplente de Gen Tech Argentina SA, la firma de suplementos deportivos creada por Martín Menem. Además, era socio de Menem en la empresa Insulow SRL.
Gen Tech es una de las proveedoras de la droguería Suizo Argentina, que comercializa sus productos. Esa droguería recibió un contrato de 27 mil millones de pesos de la Agencia Nacional de Discapacidad, conocida como Andis, durante la gestión de Diego Spagnuolo.
En tribunales se comenta que Gen Tech aparecería mencionada en uno de los audios atribuidos al exfuncionario. Ese elemento forma parte del contexto político y judicial que rodea al caso, aunque las circunstancias de la muerte de Osorio Peñaloza permanecen bajo investigación.
El rol de Spagnuolo y la tensión en el Gobierno
Diego Spagnuolo, ex titular de la Andis, quedó en el centro de las versiones por presuntas irregularidades vinculadas a contrataciones del organismo. Según fuentes citadas en el expediente político, el exfuncionario habría enviado un mensaje al Gobierno con una advertencia: si no recibía ayuda, podría presentarse como arrepentido y contar todo lo que sabe.
Ese escenario profundizó la preocupación dentro del oficialismo, que enfrenta una situación sensible por la combinación de una muerte bajo investigación, vínculos empresariales con figuras de peso político y contrataciones estatales millonarias.
Por el momento, la investigación busca determinar las causas del fallecimiento de Osorio Peñaloza. En paralelo, el caso abrió un nuevo frente de tensión para la administración nacional, en medio de las derivaciones judiciales y políticas vinculadas a la Andis, Suizo Argentina y las empresas relacionadas con Martín Menem.
Daniel Antonio Osorio Peñaloza, socio empresarial de Martín Menem y directivo suplente de Gen Tech Argentina SA, fue encontrado muerto en su departamento de Almagro. La Justicia investiga las causas del deceso, mientras el caso genera conmoción política por los vínculos comerciales de la firma con la droguería Suizo Argentina y la Andis.
La política argentina volvió a demostrar que su capacidad para mezclar tragedia, expedientes, sociedades comerciales y audios filtrados no reconoce techo, subsuelo ni salida de emergencia. La muerte de Daniel Antonio Osorio Peñaloza, socio de Martín Menem y directivo vinculado a Gen Tech Argentina SA, dejó al oficialismo con esa expresión institucional de quien descubre que el tablero ya era complicado, pero alguien acaba de apagar la luz.
El caso exige prudencia porque hay una persona fallecida y una investigación judicial en curso. Pero el contexto, naturalmente, no ayuda a la serenidad: empresas, contratos millonarios, la Agencia Nacional de Discapacidad, la droguería Suizo Argentina y el nombre de Diego Spagnuolo orbitan alrededor del expediente como satélites de una tormenta que nadie quiere mirar demasiado fijo por miedo a que le devuelva la mirada.
En los pasillos del poder, donde hasta el silencio suele tener operador de prensa, la noticia cayó con el peso de una carpeta mal cerrada. Gen Tech, firma de suplementos deportivos fundada por Menem, aparece vinculada comercialmente con Suizo Argentina, una droguería señalada en el centro de contrataciones con la Andis. Es decir: el tipo de combinación que en cualquier país sería materia de auditoría y en la Argentina además viene con debate televisivo, zócalo rojo y tres panelistas explicando derecho societario con una servilleta.
La muerte de Osorio Peñaloza todavía no tiene una explicación pública definitiva. Por eso, cualquier intento de convertir el caso en novela negra antes de que avance la investigación sería una irresponsabilidad. Lo que sí queda claro es que el expediente llega en un momento de máxima sensibilidad política, con Spagnuolo bajo la lupa y con versiones que vuelan como papeles en una oficina sin ventanas. En la Casa Rosada, mientras tanto, la palabra “prudencia” compite cabeza a cabeza con otra más urgente: “control de daños”.