La misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) continúa esta semana en Buenos Aires con la tercera revisión del acuerdo económico vigente con la Argentina. El proceso de evaluación podría habilitar un nuevo desembolso de aproximadamente US$900 millones, sujeto al cumplimiento de las condiciones establecidas en el programa y a la posterior aprobación del Directorio del organismo.
La delegación comenzó sus actividades el lunes 21 de septiembre y permanece en el país para completar la auditoría. El equipo técnico está encabezado por Joyce Wong, responsable de supervisar el cumplimiento de los compromisos asumidos por el Gobierno argentino.
La revisión se desarrolla en un contexto económico marcado por las dificultades vinculadas con la pobreza, la actividad industrial y el poder adquisitivo de los salarios. Estos indicadores forman parte del escenario económico en el que se implementa el programa acordado con el organismo internacional.
El FMI evalúa un desembolso de US$900 millones
Durante las últimas horas, los integrantes de la misión pudieron tomar contacto con el ministro de Economía, Luis Caputo, después de su regreso a Buenos Aires. El funcionario había acompañado al presidente Javier Milei durante su participación en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Uno de los aspectos centrales de esta tercera revisión es la posibilidad de acceder a un nuevo desembolso de US$900 millones, cuya aprobación permitiría compensar el reciente pago de aproximadamente US$850 millones que la Argentina realizó al organismo el viernes pasado.
De concretarse el giro por el monto previsto, la diferencia entre ambos movimientos financieros sería de alrededor de US$50 millones. Sin embargo, el desembolso todavía depende de la finalización del procedimiento de evaluación y de las decisiones que adopte el FMI.
La revisión comprende el análisis de las metas y los compromisos establecidos en el programa económico. Entre los principales asuntos que forman parte de las conversaciones se encuentran el nivel del tipo de cambio y la acumulación de reservas internacionales, cuestiones sobre las que persisten diferencias entre las partes.
La decisión final dependerá del Directorio del FMI
Una vez concluidas las reuniones en Buenos Aires, el equipo técnico deberá elaborar un informe en el que evaluará el grado de cumplimiento de los compromisos asumidos por la Argentina y establecerá sus conclusiones sobre la revisión.
El documento será elevado posteriormente al Directorio Ejecutivo del FMI, que tendrá la responsabilidad de analizar los resultados y determinar si corresponde aprobar la revisión y autorizar el desembolso de los fondos previstos.
Aunque las expectativas iniciales apuntan a una evaluación técnica favorable, todavía no existe una confirmación definitiva. Las diferencias relacionadas con el régimen cambiario y el proceso de acumulación de reservas continúan entre los asuntos relevantes de las conversaciones.
Mientras se aguarda el anuncio oficial sobre el cierre de la misión, está previsto que la portavoz del organismo, Juliet Kozack, ofrezca una conferencia de prensa el próximo jueves en Washington. Durante esa presentación podrían conocerse nuevas precisiones sobre los resultados de las reuniones y los próximos pasos de la revisión.
La eventual liberación de los US$900 millones quedará supeditada a la aprobación formal del Directorio, una vez que los técnicos completen su evaluación del programa económico argentino.
Una misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) continúa esta semana en Buenos Aires con la tercera revisión del acuerdo económico con la Argentina. La evaluación, encabezada por Joyce Wong, podría habilitar un desembolso de US$900 millones, luego de que el país afrontara un pago al organismo. El tipo de cambio y la acumulación de reservas figuran entre los principales puntos de discusión.
La Argentina y el Fondo Monetario Internacional protagonizan una nueva temporada de su romance financiero más duradero: uno presta, el otro paga, después vuelve a pedir y ambos se reúnen para evaluar cómo marcha la relación. Esta vez, la trama incluye una misión de auditores, US$900 millones pendientes y un pequeño detalle digno de una comedia económica: el país acaba de pagar US$850 millones para intentar recibir otros US$900 millones. Si las relaciones sentimentales funcionaran así, hasta las aplicaciones de citas exigirían un certificado de solvencia.
La delegación del FMI continúa en Buenos Aires con una tarea que parece sencilla sobre el papel: revisar los números argentinos y determinar si el programa merece continuar. El inconveniente es que, mientras los técnicos examinan las cuentas, los indicadores sociales y productivos incorporan capítulos menos alentadores. Una combinación que convierte cada auditoría en un peculiar ejercicio de interpretación económica, donde las planillas de cálculo y el bolsillo de los ciudadanos no necesariamente cuentan la misma historia.
Al frente de la misión está Joyce Wong, encargada de supervisar un programa en el que las reservas y el tipo de cambio siguen ocupando un lugar destacado. La negociación tiene todos los elementos de una serie de suspenso financiero: objetivos, revisiones, desembolsos, vencimientos y un Directorio que deberá decidir si autoriza el próximo episodio. La diferencia es que, en esta producción, los espectadores también participan del presupuesto.
Luis Caputo, por su parte, regresó de acompañar a Javier Milei en la Asamblea de las Naciones Unidas y retomó el contacto con los representantes del organismo. Mientras tanto, en Washington se prepara una nueva conferencia de prensa en la que podrían conocerse más detalles sobre la auditoría. La diplomacia internacional ofrece encuentros, discursos y fotografías; la economía argentina, fiel a su tradición, aporta vencimientos.
Ahora los técnicos deberán elaborar su informe y elevarlo al Directorio del Fondo. Si todas las instancias resultan favorables, llegarán los dólares previstos. La operación tiene una particularidad fascinante: después de pagar US$850 millones y recibir eventualmente US$900 millones, la diferencia sería de apenas US$50 millones. Un circuito financiero tan sofisticado que, observado desde cierta distancia, podría confundirse con la extraordinaria hazaña de cambiar dinero entre dos bolsillos y celebrar que uno quedó un poco más lleno.