La odisea de los giles, una de las películas argentinas más exitosas de los últimos años, dejará de estar disponible en Netflix el próximo 30 de junio. La salida responde a cuestiones vinculadas con licencias y acuerdos de distribución, una situación habitual en las plataformas de streaming que obliga a renovar periódicamente sus catálogos.
Estrenada en 2019 y dirigida por Sebastián Borensztein, la producción está basada en la novela La noche de la usina, de Eduardo Sacheri. La historia combina drama, comedia y suspenso para retratar a un grupo de vecinos que, tras ser víctimas de una estafa durante la crisis económica de 2001, decide organizar un plan para recuperar el dinero perdido.
Una historia atravesada por el Corralito
La trama sigue a Fermín Perlassi y a un grupo de habitantes de un pequeño pueblo agrícola de la provincia de Buenos Aires que reúnen 158.000 dólares con el objetivo de comprar unos silos abandonados y reactivar una cooperativa local.
Sin embargo, apenas un día después de depositar los fondos en el banco, entra en vigencia el denominado Corralito, la restricción que limitó la extracción de dinero en efectivo durante la crisis de 2001. En medio de ese escenario, un gerente bancario y un abogado aprovechan información privilegiada para quedarse con los ahorros del grupo.
Cuando descubren la maniobra y averiguan dónde fue ocultado el dinero, los vecinos deciden pasar a la acción. Así comienza un plan tan minucioso como improvisado para recuperar lo que consideran legítimamente suyo.
«Provincia de Buenos Aires, fines del 2001. Un grupo de amigos y vecinos pierde el dinero que había logrado reunir para reflotar una vieja cooperativa agrícola. Al poco tiempo, descubren que sus ahorros se perdieron por una estafa realizada por un inescrupuloso abogado y un gerente de banco que contaban con información de lo que se iba a desencadenar en el país. Al enterarse de lo sucedido, este grupo de vecinos decide organizarse y armar un minucioso plan con el objetivo de recuperar lo que les pertenece».
El elenco que dio vida a los personajes
La película cuenta con un reparto encabezado por Ricardo Darín, quien interpreta a Fermín Perlassi, líder del grupo y exfutbolista decidido a sacar adelante el proyecto comunitario.
Junto a él aparece Luis Brandoni en el papel de Antonio Fontana, un mecánico de ideas anarquistas y amigo de confianza de Fermín. El elenco se completa con Chino Darín como Rodrigo Perlassi, Verónica Llinás como Lidia Perlassi, Daniel Aráoz como Belaúnde, Carlos Belloso como Medina, Marco Antonio Caponi como Hernán y Rita Cortese como Carmen Lorgio.
El antagonista principal de la historia es Fortunato Manzi, el abogado responsable de la estafa, interpretado por el actor colombiano Andrés Parra.
Últimos días para verla en streaming
Considerada por muchos espectadores como una de las producciones argentinas más representativas de los últimos años dentro del género de atracos y venganza popular, La odisea de los giles permanecerá disponible en Netflix hasta el 30 de junio. Después de esa fecha, quienes quieran verla deberán esperar su eventual llegada a otra plataforma o recurrir a otros canales de distribución.
<p>La película argentina <strong>La odisea de los giles</strong>, protagonizada por Ricardo Darín y Luis Brandoni, dejará el catálogo de Netflix el próximo 30 de junio debido al vencimiento de acuerdos de licencia. Estrenada en 2019 y basada en la novela de Eduardo Sacheri, la historia retrata a un grupo de vecinos estafados durante la crisis del Corralito que decide recuperar sus ahorros mediante un audaz plan.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Dos semanas. Eso es lo que le queda en Netflix a una película donde un grupo de vecinos decide hacer algo que en la Argentina parece más difícil que robar una bóveda: recuperar la plata que era suya.
La historia ocurre en 2001, ese año que todavía aparece en cualquier conversación económica como un invitado que nadie llamó pero igual se sienta en la cabecera de la mesa. Los protagonistas juntan los ahorros de toda una vida para reactivar una cooperativa y, apenas los depositan, el sistema financiero les baja la persiana más rápido que un kiosco cuando ve venir una inspección.
La odisea de los giles construyó buena parte de su éxito porque encontró una materia prima inagotable: la sensación colectiva de haber sido estafados alguna vez. No hacen falta explosiones de Hollywood ni hackers que vulneren satélites desde una notebook. Acá alcanza con un gerente de banco, un abogado oportunista y una crisis económica perfectamente nacional.
Mientras otras películas de atracos muestran cajas fuertes imposibles, túneles ultrasecretos y criminales vestidos como modelos de catálogo, esta apuesta por algo mucho más reconocible: vecinos comunes, herramientas prestadas y planes que parecen armados alrededor de una mesa de fórmica con café recalentado. La épica surge justamente de ahí, de la desproporción entre el poder de los que tienen el dinero y la obstinación de los que quieren recuperarlo.
También hay algo profundamente argentino en que la gran aventura nazca de intentar poner en marcha una cooperativa agrícola. En cualquier otro país tal vez sería un proyecto de desarrollo local. Acá termina convirtiéndose en una película de venganza, amistad y supervivencia económica. El trámite pasó de la ventanilla a la clandestinidad sin escalas.
La salida de Netflix tiene una explicación sencilla: vencen contratos y licencias. Pero igual deja una postal curiosa. Una película sobre personas que llegan tarde para rescatar sus ahorros ahora pone a los espectadores a correr contra el reloj para verla antes de que desaparezca del catálogo. El país donde hasta las despedidas tienen fecha de vencimiento.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La odisea de los giles, una de las películas argentinas más exitosas de los últimos años, dejará de estar disponible en Netflix el próximo 30 de junio. La salida responde a cuestiones vinculadas con licencias y acuerdos de distribución, una situación habitual en las plataformas de streaming que obliga a renovar periódicamente sus catálogos.
Estrenada en 2019 y dirigida por Sebastián Borensztein, la producción está basada en la novela La noche de la usina, de Eduardo Sacheri. La historia combina drama, comedia y suspenso para retratar a un grupo de vecinos que, tras ser víctimas de una estafa durante la crisis económica de 2001, decide organizar un plan para recuperar el dinero perdido.
Una historia atravesada por el Corralito
La trama sigue a Fermín Perlassi y a un grupo de habitantes de un pequeño pueblo agrícola de la provincia de Buenos Aires que reúnen 158.000 dólares con el objetivo de comprar unos silos abandonados y reactivar una cooperativa local.
Sin embargo, apenas un día después de depositar los fondos en el banco, entra en vigencia el denominado Corralito, la restricción que limitó la extracción de dinero en efectivo durante la crisis de 2001. En medio de ese escenario, un gerente bancario y un abogado aprovechan información privilegiada para quedarse con los ahorros del grupo.
Cuando descubren la maniobra y averiguan dónde fue ocultado el dinero, los vecinos deciden pasar a la acción. Así comienza un plan tan minucioso como improvisado para recuperar lo que consideran legítimamente suyo.
«Provincia de Buenos Aires, fines del 2001. Un grupo de amigos y vecinos pierde el dinero que había logrado reunir para reflotar una vieja cooperativa agrícola. Al poco tiempo, descubren que sus ahorros se perdieron por una estafa realizada por un inescrupuloso abogado y un gerente de banco que contaban con información de lo que se iba a desencadenar en el país. Al enterarse de lo sucedido, este grupo de vecinos decide organizarse y armar un minucioso plan con el objetivo de recuperar lo que les pertenece».
El elenco que dio vida a los personajes
La película cuenta con un reparto encabezado por Ricardo Darín, quien interpreta a Fermín Perlassi, líder del grupo y exfutbolista decidido a sacar adelante el proyecto comunitario.
Junto a él aparece Luis Brandoni en el papel de Antonio Fontana, un mecánico de ideas anarquistas y amigo de confianza de Fermín. El elenco se completa con Chino Darín como Rodrigo Perlassi, Verónica Llinás como Lidia Perlassi, Daniel Aráoz como Belaúnde, Carlos Belloso como Medina, Marco Antonio Caponi como Hernán y Rita Cortese como Carmen Lorgio.
El antagonista principal de la historia es Fortunato Manzi, el abogado responsable de la estafa, interpretado por el actor colombiano Andrés Parra.
Últimos días para verla en streaming
Considerada por muchos espectadores como una de las producciones argentinas más representativas de los últimos años dentro del género de atracos y venganza popular, La odisea de los giles permanecerá disponible en Netflix hasta el 30 de junio. Después de esa fecha, quienes quieran verla deberán esperar su eventual llegada a otra plataforma o recurrir a otros canales de distribución.
Dos semanas. Eso es lo que le queda en Netflix a una película donde un grupo de vecinos decide hacer algo que en la Argentina parece más difícil que robar una bóveda: recuperar la plata que era suya.
La historia ocurre en 2001, ese año que todavía aparece en cualquier conversación económica como un invitado que nadie llamó pero igual se sienta en la cabecera de la mesa. Los protagonistas juntan los ahorros de toda una vida para reactivar una cooperativa y, apenas los depositan, el sistema financiero les baja la persiana más rápido que un kiosco cuando ve venir una inspección.
La odisea de los giles construyó buena parte de su éxito porque encontró una materia prima inagotable: la sensación colectiva de haber sido estafados alguna vez. No hacen falta explosiones de Hollywood ni hackers que vulneren satélites desde una notebook. Acá alcanza con un gerente de banco, un abogado oportunista y una crisis económica perfectamente nacional.
Mientras otras películas de atracos muestran cajas fuertes imposibles, túneles ultrasecretos y criminales vestidos como modelos de catálogo, esta apuesta por algo mucho más reconocible: vecinos comunes, herramientas prestadas y planes que parecen armados alrededor de una mesa de fórmica con café recalentado. La épica surge justamente de ahí, de la desproporción entre el poder de los que tienen el dinero y la obstinación de los que quieren recuperarlo.
También hay algo profundamente argentino en que la gran aventura nazca de intentar poner en marcha una cooperativa agrícola. En cualquier otro país tal vez sería un proyecto de desarrollo local. Acá termina convirtiéndose en una película de venganza, amistad y supervivencia económica. El trámite pasó de la ventanilla a la clandestinidad sin escalas.
La salida de Netflix tiene una explicación sencilla: vencen contratos y licencias. Pero igual deja una postal curiosa. Una película sobre personas que llegan tarde para rescatar sus ahorros ahora pone a los espectadores a correr contra el reloj para verla antes de que desaparezca del catálogo. El país donde hasta las despedidas tienen fecha de vencimiento.