Este 17 de septiembre se cumplen 12 años de la muerte de Concepción “China” Zorrilla, una de las figuras más reconocidas y queridas de la cultura rioplatense. La actriz falleció el 17 de septiembre de 2014 en Montevideo, a los 92 años, después de una extensa trayectoria desarrollada a ambos lados del Río de la Plata.
Nacida en Montevideo en 1922, Zorrilla creció en el seno de una destacada familia vinculada con la cultura uruguaya. Fue hija del escultor José Luis Zorrilla de San Martín y nieta del poeta Juan Zorrilla de San Martín.
A lo largo de su carrera construyó un legado que atravesó el teatro, el cine y la televisión, combinando registros dramáticos y humorísticos con una particular capacidad para conectar con el público.
Elvira, Elsa y los personajes que quedaron en la memoria
Uno de los papeles que terminó de consolidarla en el imaginario popular fue el de Elvira Romero de Musicardi en Esperando la carroza, la película dirigida por Alejandro Doria y estrenada en 1985.
Su interpretación dejó frases que sobrevivieron ampliamente a la película y pasaron al lenguaje cotidiano de varias generaciones, entre ellas: «¿Qué hacés, hacés ravioles?», «¡Yo hago puchero, ella hace puchero!», «Ahí la tenés a la inválida… ¡la sorda!» y «¡Qué criatura tan estúpida!».
Dos décadas después, Zorrilla volvió a ocupar un lugar central en el cine con Elsa y Fred, estrenada en 2005. Junto a Manuel Alexandre y bajo la dirección de Marcos Carnevale, interpretó a Elsa, una mujer marcada por la vitalidad, el optimismo y una mirada irreverente sobre la vejez.
En aquella película quedó asociada también a la frase «¿Sabés qué tienen de bueno los malos momentos? Que te enseñan a valorar los buenos.», además de protagonizar la recordada recreación de una escena en la Fontana di Trevi.
Su filmografía incluyó además títulos como La tregua (1974), Señora de nadie (1982), Darse cuenta (1984), Besos en la frente (1996) y Conversaciones con mamá (2004).
En televisión también tuvo participaciones recordadas en ciclos como Piel naranja, Gasoleros y Son amores, entre otras producciones.
Del Teatro Solís a la formación en Londres
Antes de alcanzar la enorme popularidad que tendría en Argentina, China Zorrilla había construido una sólida trayectoria teatral. Se formó en la Royal Academy of Dramatic Art de Londres y posteriormente se convirtió en una de las figuras relevantes de la Comedia Nacional de Uruguay durante una etapa marcada por la presencia de Margarita Xirgu.
Su actividad sobre las tablas no se limitó a la actuación. También trabajó como directora, productora y traductora teatral, con adaptaciones de obras provenientes del francés y del inglés.
Entre sus trabajos destacados estuvieron Camino a La Meca y Emily, un monólogo vinculado con la figura de Emily Dickinson, propuestas que mostraron su capacidad para abordar registros dramáticos alejados de los personajes humorísticos con los que alcanzó mayor popularidad masiva.
Una personalidad que trascendió los escenarios
Fuera de los personajes, Zorrilla también se convirtió en una figura particularmente reconocible a partir de sus entrevistas y apariciones públicas. Su manera de relatar historias, su sentido del humor y su capacidad para transformar experiencias cotidianas en anécdotas formaron parte de la imagen que construyó ante varias generaciones de espectadores.
En el ambiente artístico también fue recordada por gestos de generosidad hacia colegas, vecinos y personas que atravesaban dificultades económicas.
Entre las reflexiones que quedaron asociadas a su figura aparecen frases como «La vida es una fiesta a la que te invitan sin preguntarte y de la que te echan cuando mejor la estás pasando.», «No hay que tenerle miedo a la vejez, hay que tenerle miedo a volverse una persona aburrida.» y «El sentido del humor es una forma de elegancia; reírse de uno mismo es salvarse.».
También se recuerdan expresiones como «Fui muy feliz, pero sobre todo fui muy curiosa. La curiosidad te mantiene joven, mucho más que cualquier crema.» y «Nunca entendí la mezquindad. Dar es lo más divertido que se puede hacer con lo que uno tiene.».
A 12 años de su fallecimiento, China Zorrilla continúa presente a través de sus películas, sus trabajos teatrales, sus apariciones televisivas y personajes que conservaron vigencia dentro de la cultura popular de Argentina y Uruguay.
Este 17 de septiembre se cumplen 12 años de la muerte de Concepción “China” Zorrilla, fallecida en 2014 en Montevideo a los 92 años. Actriz, directora, productora y traductora, dejó una huella profunda en el teatro, el cine y la televisión de Uruguay y Argentina, con personajes que permanecen en la memoria popular.
Hay artistas que protagonizan películas, otros que llenan teatros y algunos pocos que consiguen algo bastante más difícil: instalarse para siempre en la sobremesa familiar. China Zorrilla pertenecía a esa última categoría. Doce años después de su muerte, alcanza con que alguien diga “puchero” o “ravioles” en determinado tono para que una parte considerable del Río de la Plata abandone inmediatamente cualquier conversación seria y termine evocando a Elvira Romero de Musicardi.
Su carrera fue mucho más extensa que ese personaje monumental, aunque competir contra Elvira es complicado incluso para la propia actriz que la interpretó. China pasó por Shakespeare, la Comedia Nacional, el Teatro Solís, Londres, cine, televisión, dirección y traducción teatral; pero la cultura popular tiene sus propios mecanismos democráticos y decidió que una mujer desesperada porque otra hacía los mismos ravioles podía alcanzar niveles de inmortalidad comparables con cualquier clásico.
También estuvo Elsa, la protagonista de Elsa y Fred, personaje con el que volvió a demostrar que la vejez podía escribirse en pantalla sin solemnidad ni permiso para aburrirse. China tenía esa capacidad: entrar en escena y hacer que el personaje pareciera conocer al público desde hacía décadas. No necesitaba levantar la voz para apropiarse de una historia; aunque, cuando la levantaba, generaciones enteras aprendían la frase de memoria.
Tal vez por eso su recuerdo sigue teniendo una extraña cualidad doméstica. No parece únicamente una estrella del cine o una figura histórica del teatro, sino aquella persona que podía contar una anécdota durante veinte minutos y lograr que nadie quisiera que terminara. El 17 de septiembre marca el aniversario de su muerte, pero con China ocurre una pequeña rebelión contra el calendario: cada repetición de sus películas, cada función recordada y cada frase pronunciada nuevamente consigue que la ausencia dure bastante menos.