La ministra de Estado de Emiratos Árabes Unidos (EAU), Lana Nusseibeh, oficializó el jueves 22 de octubre su candidatura para convertirse en la próxima secretaria general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cargo que deberá renovarse en 2027 tras la gestión de António Guterres.
La postulación se incorpora a un proceso de selección marcado por negociaciones diplomáticas y votaciones informales en el Consejo de Seguridad, donde también figuran candidatos como el argentino Rafael Grossi y Rebeca Grynspan.
La llegada de Nusseibeh introduce una alternativa impulsada desde Medio Oriente en una competencia atravesada por la expectativa de que el próximo titular de Naciones Unidas provenga de América Latina y el Caribe, de acuerdo con el criterio de rotación regional que orienta parte de las negociaciones.
En su presentación como candidata, la diplomática planteó la necesidad de acelerar las respuestas del organismo y promover acuerdos entre países con posiciones diferentes.
“Me postulo para Secretario General porque creo que este es un momento para actuar con mayor urgencia: actuar antes, reunir a las personas a pesar de las diferencias, y avanzar el trabajo hasta que produzca resultados concretos”, manifestó.
Quién es Lana Nusseibeh, la candidata de Emiratos Árabes Unidos
Lana Nusseibeh cuenta con una extensa trayectoria en la diplomacia multilateral y en la representación internacional de Emiratos Árabes Unidos.
Entre septiembre de 2013 y 2024 se desempeñó como embajadora y representante permanente de su país ante las Naciones Unidas.
Durante ese período ejerció en dos ocasiones la presidencia rotativa del Consejo de Seguridad, uno de los principales órganos de la organización.
También fue vicepresidenta de la Asamblea General y presidió la Junta Ejecutiva de ONU Mujeres, responsabilidades que ampliaron su participación en distintos espacios institucionales.
Su perfil académico incluye una licenciatura y una maestría en Historia obtenidas en el Queens’ College de la Universidad de Cambridge.
Además, cursó una maestría con distinción en Estudios sobre Israel y la Diáspora Judía en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos (SOAS) de la Universidad de Londres.
Su formación y su experiencia diplomática adquieren relevancia en una candidatura que se desarrolla en medio de tensiones internacionales, especialmente en Medio Oriente.
Una familia histórica de Jerusalén vinculada con el Santo Sepulcro
La historia familiar de la candidata también ocupa un lugar destacado en su trayectoria personal.
Nusseibeh es nieta de Anwar Nusseibeh, político y diplomático palestino que ocupó distintos cargos ministeriales en el Gobierno de Jordania.
La diplomática pertenece a la familia Nusseibeh, una de las antiguas familias árabes de Jerusalén, cuyos orígenes se vinculan históricamente con la tribu Khazraj.
Los Nusseibeh son reconocidos por su relación tradicional con la custodia de las llaves de la Iglesia del Santo Sepulcro, ubicada en la Ciudad Vieja de Jerusalén.
Ese antecedente familiar forma parte de la historia religiosa y cultural de la ciudad, aunque la candidatura de Lana Nusseibeh se apoya principalmente en su desempeño diplomático y en su experiencia dentro del sistema de Naciones Unidas.
El peso de Emiratos Árabes Unidos y las relaciones con Israel y Estados Unidos
La candidatura de Nusseibeh cuenta con el impulso del Gobierno de Emiratos Árabes Unidos, un país que ha desarrollado una participación relevante en las negociaciones diplomáticas y de seguridad de Medio Oriente.
El escenario regional incluye la relación de los Emiratos con Estados Unidos e Israel, fortalecida a partir de los Acuerdos de Abraham.
En materia de seguridad, Emiratos Árabes Unidos promueve una mayor coordinación regional para proteger las rutas de navegación del Golfo Pérsico y el mar Rojo, en un contexto de tensiones vinculadas con Irán y otros actores de Medio Oriente.
La convergencia de intereses entre Emiratos e Israel se relaciona, entre otros factores, con sus preocupaciones sobre la influencia regional iraní.
Dentro de ese escenario, la experiencia de Nusseibeh en el Consejo de Seguridad y su conocimiento de las relaciones internacionales constituyen elementos relevantes de su postulación.
La información difundida sobre su candidatura señala la existencia de respaldo estadounidense e israelí. Sin embargo, ese apoyo no equivale a una designación ni garantiza el resultado del proceso de selección, que depende de las decisiones institucionales de Naciones Unidas.
Rafael Grossi, Rebeca Grynspan y la disputa por la conducción de la ONU
La incorporación de Lana Nusseibeh amplía la competencia por la Secretaría General, en la que también participan Rafael Grossi y Rebeca Grynspan.
Grossi, de nacionalidad argentina, ocupa la dirección general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), desde donde ha intervenido en negociaciones y discusiones vinculadas con la seguridad nuclear internacional.
Su trayectoria incluye contactos diplomáticos con distintos países involucrados en controversias relacionadas con programas nucleares y mecanismos de supervisión.
La candidatura de Grynspan, por su parte, también forma parte de las opciones consideradas en el proceso de selección.
Ambas postulaciones se desarrollan en un contexto en el que distintos sectores impulsan que América Latina y el Caribe tengan representación en la próxima conducción de la ONU.
La candidatura emiratí introduce una alternativa de otra región y obliga a considerar nuevos equilibrios diplomáticos.
La elección del secretario general requiere una recomendación del Consejo de Seguridad y, posteriormente, el nombramiento por parte de la Asamblea General.
En ese procedimiento, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— cuentan con poder de veto, un factor decisivo para la viabilidad de cualquier candidatura.
El mandato de António Guterres finaliza al cierre de 2026, por lo que el próximo secretario general deberá asumir sus funciones en enero de 2027.
Mientras continúan las consultas y votaciones informales, la incorporación de Nusseibeh suma una nueva opción a una competencia cuyo resultado dependerá de los acuerdos alcanzados entre los Estados miembros.
La diplomática emiratí Lana Nusseibeh oficializó el jueves 22 de octubre su candidatura para suceder a António Guterres como secretaria general de la ONU en 2027. Con experiencia en el Consejo de Seguridad y una trayectoria académica vinculada a Medio Oriente, se incorpora a una competencia en la que también participan el argentino Rafael Grossi y Rebeca Grynspan, en medio de negociaciones entre las principales potencias.
La Organización de las Naciones Unidas busca a su próximo secretario general y, como corresponde a una institución especializada en reunir países que no siempre consiguen ponerse de acuerdo, el proceso avanza con una velocidad que pondría a prueba la paciencia de cualquier diplomático. En ese escenario apareció Lana Nusseibeh, una candidata de Emiratos Árabes Unidos que llega con experiencia internacional, formación académica y un currículum suficientemente extenso como para necesitar una sesión extraordinaria antes de terminar de leerlo.
La diplomática anunció que quiere suceder a António Guterres en 2027 y puso sobre la mesa una propuesta que, dentro de Naciones Unidas, tiene algo de ambición revolucionaria: actuar con urgencia, reunir a quienes piensan diferente y conseguir resultados concretos. Tres objetivos aparentemente sencillos que, en el organismo internacional, pueden convertirse en una tarea comparable a organizar una cena familiar donde todos los invitados tienen derecho a veto.
Nusseibeh no llega precisamente como una desconocida. Fue representante permanente de Emiratos Árabes Unidos ante la ONU, presidió dos veces el Consejo de Seguridad y ocupó responsabilidades en la Asamblea General y ONU Mujeres. Conoce, por lo tanto, el funcionamiento de una organización en la que cada palabra puede requerir una negociación y hasta el silencio tiene interpretaciones diplomáticas.
Su historia familiar agrega un detalle singular: pertenece a los Nusseibeh, una antigua familia de Jerusalén vinculada históricamente con la custodia de las llaves de la Iglesia del Santo Sepulcro. La coincidencia resulta irresistible para cualquier cronista: una candidata procedente de una familia asociada durante siglos con unas llaves ahora aspira a ocupar uno de los despachos más importantes de la diplomacia mundial. Aunque abrir las puertas del consenso internacional seguramente sea bastante más complicado.
En la competencia también aparece el argentino Rafael Grossi, al frente del Organismo Internacional de Energía Atómica, junto con Rebeca Grynspan. Ambos participan de una disputa atravesada por la expectativa de que América Latina y el Caribe ocupen el próximo turno en la conducción de Naciones Unidas. La candidatura emiratí incorpora una alternativa procedente de Medio Oriente y suma nuevas variables a una negociación que ya era compleja.
La decisión final dependerá de los equilibrios dentro del Consejo de Seguridad y del procedimiento institucional de la ONU. Allí, las credenciales individuales importan, pero también pesan los intereses nacionales, las alianzas y las posiciones de las grandes potencias. Nusseibeh propone reunir a las personas a pesar de sus diferencias. Si consigue trasladar esa fórmula a quienes deben elegirla, habrá superado una de las pruebas más exigentes de su propia campaña.
