El Gobierno designó a Adriana Baravalle como nueva secretaria de Innovación, Ciencia y Tecnología, luego de varias semanas de acefalía en el área. La funcionaria reemplazará a Darío Genua y asumirá la conducción de un sector atravesado por recortes presupuestarios, pérdida de puestos de trabajo y reclamos de la comunidad científica.
Baravalle fue presentada oficialmente como especialista en inteligencia artificial, ciberseguridad y ciencia de datos. Desarrolló parte de su trayectoria como docente e investigadora en la Universidad Austral y encabezó proyectos vinculados con innovación y tecnología.
En un comunicado oficial, el Gobierno destacó: “A lo largo de su carrera ha combinado la investigación y la docencia con la conducción de proyectos de innovación, gobierno de datos, ciberseguridad e interoperabilidad, tanto en el sector privado como en el ámbito público”.
El texto añadió: “Su incorporación tendrá como objetivo profundizar la agenda de innovación y transformación tecnológica del Estado, impulsar el desarrollo y la adopción de nuevas tecnologías y fortalecer la articulación entre el sector público, el sector privado y el ecosistema científico y académico”.
El perfil de la nueva secretaria
En la Universidad Austral, Baravalle dirige el Laboratorio de Tecnologías Exponenciales y también se encuentra al frente de SynapsIA, un foro regional orientado a vincular científicos con inversores.
Desde hace más de dos décadas se desempeña en la Facultad de Ingeniería en áreas relacionadas con programación, inteligencia artificial y seguridad informática.
De acuerdo con su currículum, cursó un doctorado en la American Andragogy University, en Estados Unidos, y una maestría en Ciencia de Datos y Gestión del Conocimiento en la Universidad Austral.
Su designación, sin embargo, generó cuestionamientos entre integrantes de la comunidad científica respecto de la profundidad de su trayectoria académica.
Guillermo Durán, decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, planteó: “En principio, el gobierno no está forzado a poner a un investigador científico a cargo de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, aunque sí sería deseable si este fuera un mandato razonable. Sería necesario que, además de saber gestionar, conociera a la comunidad y sus necesidades”.
Y agregó: “Ha habido buenos gestores de ciencia que no han sido científicos. Ahora, lo que me parece mal es que la vendan como una académica porque no lo es. Si entrás a Scopus, la principal base de datos de publicaciones científicas, tiene una sola publicación con cero citas. Lo mejor que le puede pasar al sistema de ciencia y tecnología del país es que el gobierno termine. Mientras tanto, habrá que resistir lo mejor que podamos”.
Los antecesores de Baravalle, Darío Genua y anteriormente Alejandro Cosentino, también llegaron al cargo con perfiles vinculados principalmente con el sector privado, las finanzas y los negocios, más que con carreras científicas de extensa producción académica.
Un área atravesada por el ajuste
El cambio de conducción se produce en un contexto de fuerte reducción de recursos y puestos laborales en el sistema de ciencia y tecnología.
Durán expresó una mirada crítica sobre las perspectivas de la nueva gestión: “Está claro que hay una decisión de desguazar el sistema de ciencia y tecnología y, por lo tanto, nadie que tenga cierto apego a la comunidad y demuestre ganas de fortalecerla, agarraría un lugar así”.
Luego añadió: “Por eso no conseguían a quién poner; por eso tardaron 15 días en encontrar un reemplazo. Hallaron a alguien que, según podemos imaginar, continuará con la política de ajuste”.
Según las estimaciones consignadas, desde diciembre de 2023 se perdieron alrededor de siete empleos diarios vinculados con la investigación, hasta alcanzar aproximadamente 6.400 puestos de trabajo.
Además, la inversión proyectada para 2026 sería equivalente al 0,14% del Producto Bruto Interno, el nivel más bajo desde 1972 según los datos citados.
En ese escenario, uno de los principales desafíos de Baravalle será administrar un sistema que reclama mayores recursos y busca evitar la salida de jóvenes investigadores hacia otros países.
A fines de 2025, la ahora funcionaria había señalado durante una conferencia: “Los talentos que hay en este país son increíbles. Lo triste a veces es que tenemos más oportunidades afuera”.
La discusión por presupuesto, becas y fuga de científicos
El debate también alcanza al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y a la situación de sus becarios e investigadores.
El presidente del organismo, Daniel Salamone, rechazó anteriormente que exista un proceso de pérdida masiva de científicos, mientras sectores de la comunidad científica vienen denunciando un deterioro de las condiciones de trabajo y una reducción de oportunidades.
Entre los hechos señalados figura que 379 becarios posdoctorales del Conicet no continuaron luego de que sus becas no fueran renovadas.
Durán cuestionó además los datos oficiales utilizados para describir la situación presupuestaria del sector.
“Leí a Salamone decir que ‘el presupuesto aumentó’ cuando disminuyó, que ‘las becas aumentaron’ cuando tampoco es así. Destaca la cantidad de ingresos que hubo a la Carrera del Investigador Científico del Conicet y, en realidad, constituyen la tercera parte de lo que tendrían que haber sido. No dijo que la inversión en ciencia y tecnología es la más baja de la historia, cuando por Ley de Financiamiento debería ser 0,6 del PBI y el gobierno de Alberto la había llevado a 0,32. Hoy estamos en 0,14”.
Baravalle asumirá así en un área donde el desafío tecnológico convive con una discusión mucho más inmediata sobre presupuesto, empleo científico y continuidad de las líneas de investigación. Su gestión comenzará bajo la expectativa oficial de profundizar la transformación tecnológica del Estado y, al mismo tiempo, bajo la mirada crítica de sectores académicos que reclaman mayores recursos y cuestionan las credenciales con las que fue presentada.
El Gobierno designó a Adriana Baravalle como nueva secretaria de Innovación, Ciencia y Tecnología, en reemplazo de Darío Genua. La funcionaria fue presentada como especialista en inteligencia artificial, ciberseguridad y ciencia de datos, aunque su perfil académico generó cuestionamientos dentro de la comunidad científica, en medio de fuertes recortes presupuestarios y pérdida de empleos en el sector.
Una publicación científica y cero citas. Ese es uno de los datos que encendió la discusión alrededor de Adriana Baravalle, la nueva secretaria de Innovación, Ciencia y Tecnología, presentada oficialmente como especialista en inteligencia artificial, ciberseguridad y ciencia de datos. El Gobierno encontró conducción para un área que llevaba semanas vacante; parte de la comunidad científica encontró, en cambio, una bibliografía bastante más corta que el comunicado.
Baravalle tiene experiencia docente, dirige un laboratorio en la Universidad Austral y encabezó proyectos vinculados con tecnología e innovación. Sin embargo, Guillermo Durán, decano de Exactas de la UBA, cuestionó que se la presente como académica y sostuvo que en Scopus registra apenas un trabajo sin citas. El currículum oficial llegó con iluminación de conferencia tecnológica; algunos científicos prendieron la luz blanca del laboratorio.
El nombramiento ocurre además en un sistema científico atravesado por recortes, pérdida de puestos y reclamos presupuestarios. Según los datos consignados, desde diciembre de 2023 desaparecieron unos 6.400 empleos vinculados con investigación y la inversión proyectada para 2026 sería equivalente al 0,14% del PBI. Es decir, la nueva secretaria desembarca para conducir innovación con una billetera que parece haber sido diseñada por un algoritmo cuya principal función es borrar columnas de Excel.
El contraste tiene incluso una frase de archivo. A fines de 2025, Baravalle dijo: “Los talentos que hay en este país son increíbles. Lo triste a veces es que tenemos más oportunidades afuera”. Ahora tendrá que administrar precisamente el área desde la cual buena parte de esos talentos reclama recursos para no convertir Ezeiza en una extensión del sistema científico.
El Gobierno promete transformación tecnológica, articulación público-privada y nuevas tecnologías. La comunidad científica pregunta por presupuesto, becas y puestos de trabajo.
La inteligencia artificial llegó a la Secretaría. Los recursos naturales, por ahora, siguen siendo los recortes.