La Policía de San Juan realiza un relevamiento interno para verificar el estado, la cantidad y la disponibilidad de su armamento. En el marco de ese procedimiento surgieron inconsistencias entre los registros administrativos y el inventario, situación que involucra alrededor de 150 armas reglamentarias calibre 9 milímetros, utilizadas por el personal de la fuerza.
El caso trascendió en medio de un fuerte hermetismo dentro de la institución. No obstante, desde fuentes oficiales aclararon que el procedimiento aún se encuentra en desarrollo y que, por ese motivo, todavía no puede afirmarse que exista un faltante de armamento.
La explicación oficial
Voceros de la fuerza señalaron que «internamente, dentro de la institución, siempre se hacen controles e inspecciones para ver el estado, cantidad y disponibilidad de armamento» y precisaron que el trabajo iniciado «aún no termina, por eso no se puede hablar de faltante o irregularidad alguna».
Una de las hipótesis que se analiza es que las diferencias respondan a desprolijidades administrativas acumuladas durante gestiones anteriores. En ese escenario, las armas podrían encontrarse físicamente en dependencias policiales, aunque la documentación que respalda su ubicación o asignación presente inconsistencias.
Qué podría ocurrir si se confirma el faltante
Las autoridades advirtieron que, si al finalizar la inspección se comprobara la existencia de un faltante de armamento, se iniciarán las actuaciones correspondientes y el caso será puesto en conocimiento de la Justicia, a partir de la investigación administrativa que actualmente se desarrolla dentro de la institución.
Mientras tanto, el relevamiento continúa con el objetivo de determinar si las diferencias detectadas obedecen únicamente a problemas documentales o si existe alguna irregularidad de mayor gravedad.
La versión sobre los traslados
En paralelo, también circularon versiones que vinculaban este episodio con movimientos de personal dentro de la Policía de San Juan. Sin embargo, desde la fuerza rechazaron esa relación y aseguraron que «una cosa no tiene que ver con la otra, siempre se mueve gente de diferentes dependencias».
Hasta el cierre de esta edición, la inspección interna seguía en marcha y no había una conclusión oficial sobre la situación del armamento ni sobre el resultado definitivo del relevamiento.
La Policía de San Juan lleva adelante un relevamiento interno para verificar el estado, la cantidad y la disponibilidad de su armamento. Durante esa tarea surgieron inconsistencias entre los registros administrativos y el material inventariado, en un caso que involucra alrededor de 150 armas reglamentarias. Desde la fuerza aclararon que la inspección continúa y sostienen que, por el momento, no puede hablarse de un faltante confirmado.
Ciento cincuenta pistolas aparecen en los papeles como protagonistas de una novela policial donde, por ahora, el único sospechoso confirmado es el archivo administrativo. Porque una cosa es perder un clip y otra muy distinta es que las cuentas no cierren cuando se trata de armamento reglamentario.
La revisión comenzó como parte de un control de rutina para saber con qué recursos cuenta la Policía de San Juan. Lo que debía ser una recorrida de inventario terminó encendiendo alarmas por diferencias entre los registros y la documentación disponible. No necesariamente porque las armas no estén, sino porque los papeles parecen haber decidido tomarse licencia.
Desde la fuerza piden cautela y remarcan que la inspección todavía no concluyó. La explicación que más fuerza toma puertas adentro apunta a un viejo conocido de muchas oficinas públicas: el desorden administrativo acumulado durante años. Es decir, que el arma pueda estar guardada en su lugar mientras el expediente que lo acredita eligió otro destino, probablemente el mismo donde descansan las medias que desaparecen del lavarropas.
La situación generó hermetismo e incomodidad porque la noticia trascendió antes de que terminara el relevamiento. Y aunque también circularon versiones sobre movimientos de personal, desde la institución rechazaron cualquier vínculo entre ambos hechos y aseguraron que los traslados forman parte de la dinámica habitual.
La advertencia, sin embargo, quedó planteada. Si al finalizar el control se confirma que existe un faltante real, el caso será derivado a la Justicia para determinar responsabilidades. Porque una diferencia en un inventario puede resolverse con una carpeta. Una diferencia en el arsenal necesita bastante más que una birome.
El Estado donde el primer operativo siempre consiste en encontrar el expediente.