Pastore vinculó el escenario con la coincidencia del deshielo demorado y las lluvias intensas del verano. También ubicó posibles picos de caudal en los ríos San Juan y Jáchal.
Pastore atribuyó la demora del deshielo a las bajas temperaturas. También afirmó que los ríos no habían registrado durante octubre el aumento de caudal esperado. El tema se analizó en una reunión de especialistas en la UNSJ sobre crecidas y aluviones ante El Niño.
Qué confirma el boletín oficial
El Boletín N.º 7 de situación hidrometeorológica fue publicado el 15 de octubre con pronósticos emitidos al 13. El informe asigna un 100% de probabilidad a que la fase El Niño continúe durante octubre, noviembre y diciembre.
El boletín distingue la señal climática general de El Niño del pronóstico trimestral por zona. Entre los efectos asociados menciona lluvias favorecidas en la zona cordillerana de Desaguadero-Llancanelo, pero para el sector sanjuanino clasifica como más probables las precipitaciones normales durante octubre-diciembre. Las diferencias regionales entre San Juan, Mendoza y San Luis están desarrolladas en el análisis sobre los efectos de El Niño en Cuyo.
El boletín no fija la fecha de mediados de diciembre ni pronostica crecidas o aluviones en los ríos San Juan y Jáchal. Su perspectiva de precipitaciones llega hasta octubre-diciembre, mientras la ventana que planteó Pastore se extiende hasta febrero. Ese plazo es una estimación del especialista, no una alerta oficial vigente.
El informe recomienda seguir las actualizaciones del Sistema de Alerta Temprana porque las condiciones pueden variar respecto de las proyectadas. Esa consulta sirve para revisar alertas meteorológicas vigentes, pero no confirma por sí sola un riesgo hidrológico local para diciembre.
Qué sectores menciona Pastore
Según Pastore, los sectores expuestos están cerca de cauces naturales, quebradas y cerros. Dijo que hay zonas que requieren atención en todos los departamentos, incluido Valle Fértil.
Entre las posibles afectaciones, mencionó caminos, puentes y líneas eléctricas. También señaló turbidez puntual del agua superficial y cortes temporales.
Pastore describió un riesgo localizado y aclaró que sus proyecciones no apuntan necesariamente a una catástrofe generalizada en los asentamientos urbanos. Ubicó la mayor atención en sectores con antecedentes de correntías o aluviones.
Silvio Pastore, especialista en glaciología de la UNSJ, advirtió que el riesgo de crecidas y aluviones podría aumentar desde mediados de diciembre. Su ventana de mayor atención llegaría hasta febrero si coinciden lluvias intensas y caudales elevados. El Boletín N.º 7 asigna un 100% de probabilidad a la continuidad de El Niño durante octubre-diciembre, pero para San Juan da mayor probabilidad a precipitaciones normales y no pronostica crecidas ni aluviones en los ríos San Juan y Jáchal.
La ventana de mayor atención podría ir de mediados de diciembre a febrero. Silvio Pastore, investigador de la UNSJ especializado en glaciología, vincula el riesgo con un deshielo cordillerano demorado y la posible coincidencia de lluvias intensas y caudales elevados. También ubica posibles picos en los ríos San Juan y Jáchal. Es una proyección del especialista, no una alerta oficial vigente.
Según Pastore, al 20 de octubre el deshielo todavía no había comenzado como suele hacerlo en esta época. Atribuyó la demora a las bajas temperaturas y señaló que los ríos tampoco habían registrado el aumento de caudal esperado.
El Boletín N.º 7 asigna un 100% de probabilidad a que El Niño continúe durante octubre, noviembre y diciembre. Para el sector sanjuanino, sin embargo, presenta una mayor probabilidad de precipitaciones normales en el trimestre. El documento distingue la señal climática general del pronóstico por zona.
El informe menciona lluvias favorecidas en la zona cordillerana de Desaguadero-Llancanelo entre los efectos asociados a El Niño y recomienda seguir las actualizaciones del Sistema de Alerta Temprana. Pastore señala sectores próximos a cauces, quebradas y cerros en todos los departamentos, incluido Valle Fértil.
Entre los posibles impactos, Pastore menciona caminos, puentes, líneas eléctricas, turbidez puntual del agua superficial y cortes temporales. Describió un riesgo localizado, no necesariamente una catástrofe generalizada en los asentamientos urbanos.
