El juez federal Ariel Lijo dio por concluida la instrucción del tramo de la investigación por presunto lavado de dinero vinculado al entorno del fallecido ex secretario presidencial Daniel Muñoz y resolvió elevar la causa a juicio oral. Entre los principales acusados se encuentran Víctor Manzanares, ex contador de Cristina Fernández de Kirchner; Carolina Pochetti, viuda de Muñoz; Ricardo Barreiro, ex jardinero de la familia Kirchner; y otras 28 personas señaladas por integrar una estructura destinada a blanquear fondos presuntamente provenientes del pago de coimas.
La investigación constituye un desprendimiento de la causa conocida como Cuadernos de las Coimas, actualmente en etapa de juicio oral y con Cristina Fernández de Kirchner entre las principales imputadas.
La acusación de la Justicia
En la resolución, Lijo sostuvo que empresarios cuyas compañías mantenían concesiones o contratos con el Estado nacional, en la órbita del entonces Ministerio de Planificación Federal, habrían aportado recursos para sostener el esquema investigado a cambio de continuar con contrataciones consideradas perjudiciales para el Estado.
Según el expediente, el dinero recaudado era entregado alternativamente a los titulares del Poder Ejecutivo Nacional o a sus secretarios privados, principalmente Daniel Muñoz, en distintos puntos, entre ellos el domicilio de Uruguay y Juncal, la residencia presidencial de Olivos y la Casa Rosada.
Para la Justicia, Muñoz desempeñó un papel central en la recaudación y traslado de fondos ilegales, que posteriormente habrían sido incorporados a un entramado destinado a otorgarles apariencia de legalidad mediante operaciones comerciales e inversiones en el país y en el exterior.
La resolución sostiene que parte del dinero «habría sido puesto en circulación en el mercado, tanto a nivel local como internacional, con el fin de aparentar un origen lícito».
Sociedades, inmuebles e inversiones
De acuerdo con la acusación, los imputados habrían participado en la constitución de sociedades, adquisición de bienes muebles e inmuebles y otras operaciones económicas que, en algunos casos, no guardaban relación con la capacidad patrimonial declarada.
La investigación identificó inversiones en complejos inmobiliarios, hosterías, establecimientos vinculados a la actividad ecuestre, garajes, viviendas, una cadena de farmacias y un amplio parque automotor. Varias de esas operaciones presentaban diferencias significativas entre los valores de compra y venta, además de pagos realizados en efectivo.
Una parte de esas inversiones fue administrada por Víctor Manzanares, quien contaba con un poder otorgado por Daniel Muñoz para actuar ante la entonces AFIP.
La declaración de Manzanares
Uno de los elementos considerados relevantes durante la investigación fue la declaración de Manzanares como imputado colaborador. Allí describió la conformación de sociedades, cuentas bancarias, movimientos de dinero y distintos mecanismos utilizados, según su versión, para canalizar fondos hacia inversiones inmobiliarias y comerciales.
Entre otros episodios, afirmó: “En el año 2009 tenía intenciones de desarrollar una usina para lavar dinero aprovechando la legislación de Tierra del Fuego (…) No recuerdo con precisión cuánto dinero se llegó a lavar, aproximadamente entre 5 y 7 millones de pesos durante el periodo en el que se desarrollaron estas operaciones”.
También relató operaciones vinculadas con la compra de una cadena de farmacias, terrenos en El Calafate y departamentos en Miami, además de inversiones realizadas mediante distintas sociedades comerciales. Según su declaración, esas adquisiciones eran financiadas con fondos pertenecientes a Daniel Muñoz.
Manzanares además aseguró que existía un acuerdo para percibir una comisión por esas operaciones, aunque sostuvo que el monto inicialmente prometido fue posteriormente reducido. También mencionó que investigaciones públicas sobre los negocios de Muñoz derivaron en el repliegue de parte de la operatoria.
Otro de los hechos incluidos en su testimonio fue la compra de la firma San Up S.A., operación que, según afirmó, se habría pactado por 34 millones de dólares aunque habría sido registrada por un valor considerablemente menor en la documentación correspondiente.
Con la elevación a juicio oral, será el tribunal que resulte sorteado el encargado de analizar la prueba reunida durante la instrucción y determinar, en el debate público, la responsabilidad penal de cada uno de los acusados.
El juez federal Ariel Lijo dio por concluida la investigación de un tramo de la causa por presunto lavado de dinero vinculado al entorno del fallecido ex secretario presidencial Daniel Muñoz y elevó el expediente a juicio oral. Entre los acusados figuran el ex contador de Cristina Fernández de Kirchner, Víctor Manzanares, la viuda de Muñoz, Carolina Pochetti, y otras 29 personas señaladas por integrar una estructura destinada a blanquear fondos de origen ilícito.
Treinta y una personas a juicio por una estructura que, según la Justicia, convirtió dinero de presuntas coimas en farmacias, inmuebles, sociedades y departamentos. Hay quienes coleccionan figuritas; otros, según el expediente, preferían sociedades comerciales.
La ingeniería financiera descripta en la causa parece salida de un manual donde cada página agrega una empresa, un inmueble y una cuenta distinta. Como esos placares donde uno guarda «por las dudas» una bolsa y termina encontrando el control remoto que desapareció hace cinco años, pero con varios millones de diferencia.
La resolución de Ariel Lijo sostiene que parte del dinero atribuido a la asociación ilícita investigada en la causa de los Cuadernos habría recorrido un circuito diseñado para perder su rastro y reaparecer con aspecto respetable. El expediente habla de inversiones inmobiliarias, sociedades comerciales, cadenas de farmacias, hosterías, vehículos y operaciones en el exterior. El efectivo cambiaba de formato con una facilidad que cualquier contribuyente envidiaría cuando intenta entender una declaración jurada.
En ese esquema aparecen nombres conocidos. Carolina Pochetti, viuda de Daniel Muñoz; Víctor Manzanares, histórico contador de la familia Kirchner; Ricardo Barreiro, ex jardinero de la ex presidenta, además de empresarios y otros involucrados. La acusación sostiene que cada uno habría cumplido distintos roles dentro de una estructura destinada a insertar en el circuito legal fondos cuyo origen era presuntamente ilícito.
Uno de los elementos centrales de la investigación fue justamente la declaración de Manzanares como imputado colaborador. Su relato incluyó sociedades, compras de inmuebles, cuentas bancarias, movimientos de dinero y adquisiciones realizadas tanto en Argentina como en Estados Unidos. El expediente ahora deberá ser debatido en un juicio oral, donde esas afirmaciones serán confrontadas con el resto de la prueba y con los planteos de las defensas.
En este país hay emprendimientos que tardan años en conseguir un crédito para abrir un local. Según la acusación, otros levantaban estructuras societarias con una velocidad que haría sonrojar a cualquier escribanía en temporada alta. El expediente ahora cambia de escenario. Los papeles dejan el archivo y pasan al estrado.