La investigación interna por el faltante de 150 pistolas reglamentarias calibre 9 milímetros dentro de la Policía de San Juan derivó en el traslado de siete efectivos que cumplían funciones en la División Armamento.
La medida fue dispuesta por el jefe de Policía, Néstor Marcelo Álvarez, en el marco del sumario administrativo iniciado para determinar qué ocurrió con las armas que no aparecen correctamente asentadas en los inventarios oficiales.
Aunque las primeras hipótesis apuntan a un severo desorden administrativo, las autoridades evalúan promover una denuncia penal si el armamento no es localizado en el corto plazo, ante la posibilidad de un robo o desvío de las pistolas Bersa calibre 9 milímetros.
Los siete efectivos trasladados
Los cambios fueron establecidos mediante una resolución firmada por Álvarez y alcanzaron exclusivamente al personal que se desempeñaba en la División Armamento.
El suboficial principal Mauricio Javier Ríos fue trasladado a la Unidad Coordinadora de Departamentales; la cabo primero Laura Verónica Aballay, a la Sección Comunal N° 1 Centro; y el cabo primero Javier Darío Lucero, a la Departamental 7 Oeste.
También fueron removidos el cabo primero Martín Hernán Villalobos, destinado a la Comisaría 2ª de Concepción; el cabo Carlos Andrés Chaves, enviado a la Comisaría 3ª de Trinidad; el cabo Franco Miguel Troncoso, reasignado a la Unidad Operativa La Cañada; y el cabo Franco Gabriel Tejada, trasladado a la Comisaría 26ª Cabo Félix Javier Salinas.
Inconsistencias en la asignación de las armas
Los traslados se produjeron luego de que la auditoría detectara irregularidades en los registros y en la asignación del armamento policial.
Entre las primeras inconsistencias aparecieron casos de subcomisarios que portaban pistolas que, según la documentación oficial, estaban asignadas nominalmente a cabos. La situación expuso deficiencias en los mecanismos de control interno de la fuerza.
Las armas investigadas forman parte de un lote de 500 unidades adquirido en 2022 por el Gobierno de San Juan a la firma Punto de Impacto, mediante una licitación pública. Las diferencias fueron identificadas en los lotes de fabricación denominados M y N.
Fuentes allegadas a la investigación atribuyeron inicialmente el faltante a un desorden administrativo acumulado durante años, agravado por la ausencia de un sistema digital que permita seguir de manera individual cada arma reglamentaria.
Otra de las hipótesis bajo análisis indica que parte del armamento podría permanecer guardado en sus cajas originales, sin haber sido incorporado formalmente al sistema de registro y asignación.
Nuevo responsable y posible denuncia penal
Como parte de la reestructuración de la División Armamento, fue designado al frente del área el subcomisario Mauricio Osvaldo Montaña, quien deberá encabezar la normalización de los inventarios y del control del material bélico.
La investigación administrativa podría derivar en una denuncia penal en caso de que las armas no sean localizadas o aparezcan indicios de que fueron sustraídas o desviadas.
El sumario se desarrolla en paralelo a otra causa penal que intenta determinar el destino de una serie de computadoras adquiridas para la Policía de San Juan que tampoco pudieron ser ubicadas. Ese expediente impulsó una revisión más amplia de los mecanismos internos de administración y control dentro de la fuerza.
La investigación por el faltante de 150 pistolas reglamentarias calibre 9 milímetros en la Policía de San Juan derivó en el traslado de siete efectivos de la División Armamento. La auditoría busca determinar si se trata de un desorden administrativo o de un posible robo o desvío, mientras avanza la normalización de los inventarios.
La Policía de San Juan inició una auditoría para responder una pregunta que difícilmente aparezca en el manual básico de administración: cómo pueden faltar 150 pistolas sin que nadie tenga demasiado claro si fueron entregadas, guardadas o absorbidas por una dimensión paralela del inventario. La primera consecuencia fue el traslado de toda la dotación de la División Armamento, porque cuando desaparece el contenido del registro, el organigrama suele ser lo primero que comienza a moverse.
Los investigadores detectaron, entre otras inconsistencias, que algunas armas figuraban asignadas a cabos, aunque eran portadas por subcomisarios. El sistema parecía haber desarrollado una concepción propia de la jerarquía policial: el arma estaba con una persona, el papel señalaba a otra y el control interno contemplaba la escena con la serenidad de quien confía en que dos errores administrativos terminarán anulándose mutuamente.
Una de las hipótesis indica que parte del lote podría continuar dentro de sus cajas originales, sin haber sido incorporada formalmente a los registros. Sería el desenlace más tranquilizador dentro de una situación inquietante: las pistolas no estarían perdidas, sino esperando desde 2022 que alguien las presente ante la burocracia. Hasta entonces, su existencia administrativa sería comparable a la de un fantasma con número de serie.
El nuevo responsable del área deberá ordenar inventarios, revisar asignaciones y lograr que cada arma coincida con una persona, un documento y, preferentemente, la realidad. Si las 150 unidades no aparecen, la investigación podría abandonar el terreno del Excel y trasladarse al ámbito penal, donde la frase “desorden acumulado durante años” suele perder buena parte de su capacidad tranquilizadora.