Las imágenes de las calles de Dhaka cubiertas de banderas argentinas, las caravanas multitudinarias y las celebraciones por cada triunfo de la Selección dejaron de ser únicamente una postal llamativa del fútbol. Ese vínculo emocional que Bangladesh desarrolló con la Argentina comenzó a transformarse en una oportunidad comercial para empresas nacionales interesadas en abrir nuevos mercados.
Tras consolidarse durante los Mundiales de Qatar 2022 y de Estados Unidos, México y Canadá 2026, la pasión de los fanáticos bangladesíes por Lionel Messi y la Selección abrió una puerta que ahora intenta aprovechar Georgalos con el desembarco del Mantecol.
Una apuesta comercial con respaldo emocional
La compañía inició los primeros envíos del tradicional postre elaborado con pasta de maní para evaluar la aceptación del producto en Bangladesh. El plan contempla una primera etapa de introducción en cadenas comerciales y distribuidores de Dhaka, con la posibilidad de ampliar su presencia si la respuesta del mercado resulta favorable.
Bangladesh cuenta con alrededor de 177 millones de habitantes, una población equivalente a casi cuatro veces la de la Argentina concentrada en un territorio apenas superior al de Uruguay. Aunque el consumo per cápita todavía se ubica por debajo del de las economías desarrolladas, el crecimiento sostenido de su clase media convirtió al país en un destino cada vez más atractivo para las empresas alimenticias.
La elección del Mantecol tampoco fue casual. Además de ser uno de los productos más representativos de la industria nacional, forma parte del patrimonio afectivo de varias generaciones de argentinos, asociado históricamente a las reuniones familiares y a las celebraciones de fin de año.
Ese componente emocional busca ahora complementarse con el cariño que Bangladesh desarrolló hacia la Argentina gracias al fútbol. Un fenómeno que muchos vinculan con la admiración que despertó Diego Maradona tras el Mundial de México 1986 y que Lionel Messi terminó de consolidar con las conquistas de la Copa América, la Finalissima y el Mundial de Qatar.
El recorrido de la Scaloneta durante el Mundial 2026 volvió a generar multitudinarias celebraciones en Dhaka, reforzando un vínculo que hoy trasciende el deporte y comienza a proyectarse hacia el comercio.
La historia de una golosina con raíces orientales
Detrás del Mantecol existe una historia que resume buena parte del aporte inmigratorio a la industria alimenticia argentina. Su creador fue Miguel Georgalos, integrante de una familia griega que llegó al país durante la Segunda Guerra Mundial llevando consigo la receta tradicional del halva o jalvá, un postre elaborado originalmente con pasta de sésamo y muy popular en Grecia, Turquía y Medio Oriente.
Ante la dificultad para conseguir ese ingrediente en la Argentina de la década de 1940, Georgalos decidió reemplazarlo por maní, una materia prima abundante y de excelente calidad producida en el país. Esa adaptación dio origen a un producto completamente nuevo que con el paso de las décadas se convirtió en uno de los clásicos de la industria alimenticia nacional.
El crecimiento del Mantecol lo transformó en un símbolo de las Fiestas para millones de argentinos, consolidando una presencia que atravesó generaciones y acompañó el desarrollo de la empresa familiar.
Una marca que volvió a sus orígenes
Durante la década de 1990, la familia Georgalos vendió la marca Mantecol a Cadbury. Posteriormente, tras la adquisición de la firma británica por parte de Mondelez International, el tradicional postre pasó a integrar el portafolio de uno de los mayores grupos alimenticios del mundo.
Sin embargo, en 2022, la familia logró recomprar la marca en una operación encabezada por su actual CEO, Guillermo Rimoldi, quien años antes también había participado del proceso de venta. La empresa presentó aquella adquisición como la recuperación de uno de sus principales símbolos y el inicio de una nueva etapa de expansión.
Ese relanzamiento incluyó nuevas inversiones y una estrategia orientada tanto al mercado interno como a la apertura de destinos internacionales. Bangladesh aparece ahora como uno de los primeros objetivos de ese plan.
Un mercado con enorme potencial
Más allá del fenómeno futbolístico, Bangladesh representa uno de los mercados más poblados del planeta. Es el octavo país con mayor población del mundo y durante las últimas dos décadas registró un importante crecimiento económico impulsado por la industria textil, las exportaciones y la expansión de su clase media.
Según quienes impulsan el proyecto, el trabajo conjunto con la Embajada argentina permitió establecer contactos con importadores, distribuidores y cadenas de retail para avanzar con los primeros acuerdos comerciales.
La estrategia contempla un desembarco gradual mediante el envío inicial de contenedores destinados a evaluar la aceptación del producto, analizar los hábitos de consumo y definir los canales de comercialización antes de ampliar las exportaciones.
Un sabor familiar para los consumidores bangladesíes
Uno de los principales argumentos de la estrategia exportadora es que el Mantecol llega a un mercado donde existe una larga tradición de consumo de postres similares. El haluwa o halva forma parte desde hace siglos de la gastronomía bangladesí y suele consumirse durante festividades religiosas, reuniones familiares y celebraciones especiales.
Existen numerosas variantes elaboradas con sémola, harina, zanahoria, frutos secos, leche, ghee y distintas semillas, por lo que la textura y el perfil de sabor del Mantecol no resultan ajenos para los consumidores locales.
Precisamente, el origen del producto argentino está ligado a esa misma tradición gastronómica. La principal diferencia fue el reemplazo del sésamo por maní argentino, decisión que terminó dando identidad propia a una golosina que hoy busca regresar, de otra manera, a la región donde nació la receta que la inspiró.
El maní argentino como carta de presentación
La elección del Mantecol también encuentra respaldo en la posición de la Argentina como uno de los principales exportadores mundiales de maní de alta calidad, cuya producción se concentra principalmente en Córdoba y abastece a buena parte de la industria internacional de alimentos.
Ese liderazgo permitió desarrollar una cadena productiva con elevados estándares sanitarios y de calidad, facilitando el acceso a mercados exigentes como la Unión Europea.
En ese contexto, el desembarco del Mantecol en Bangladesh busca demostrar que el reconocimiento internacional alcanzado por la Selección y por Lionel Messi también puede convertirse en una oportunidad para impulsar productos elaborados en la Argentina. Si la experiencia resulta exitosa, podría abrir el camino para que otras empresas nacionales exploren mercados no tradicionales aprovechando el capital simbólico construido por el fútbol argentino.
El tradicional Mantecol comenzó su desembarco comercial en Bangladesh, impulsado por el fuerte vínculo que ese país desarrolló con la Argentina a partir de la figura de Lionel Messi y los éxitos de la Selección. Georgalos inició los primeros envíos para evaluar la respuesta de un mercado de 177 millones de habitantes, donde el producto encuentra además una inesperada afinidad con la tradición local del halva.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Dieciséis mil kilómetros de distancia. Un Mundial, varias caravanas y ahora un postre argentino cruzando medio planeta. El fenómeno Messi consiguió algo que ningún manual de comercio exterior se había animado a prometer: que un dulce nacido en una fábrica argentina encuentre una puerta de entrada gracias a un gol celebrado en Dhaka.
Mientras algunos países hacen campañas millonarias para instalar su marca, la Argentina apareció con una camiseta celeste y blanca y un capitán levantando copas. Es como descubrir que el mejor promotor de una golosina no era un aviso publicitario sino un zurdazo al ángulo. Hay estrategias de marketing; después está ganar un Mundial.
La apuesta de Georgalos tiene bastante menos de improvisación de lo que parece. Bangladesh reúne casi cuatro Argentinas en población y una clase media que sigue creciendo. En semejante mercado, alcanzar una porción mínima puede representar un volumen de ventas que en otros destinos demandaría años. Cuando el mostrador es tan grande, hasta un centímetro de góndola parece una avenida.
El detalle más curioso es que el Mantecol no llega como un desconocido absoluto. Su origen está emparentado con el halva, un postre que forma parte de la cultura gastronómica de esa región desde hace siglos. En otras palabras, el desafío no consiste en convencer a los consumidores de probar algo extraño, sino en presentarles una versión argentina de un sabor que ya conocen. Como reencontrarse con un viejo conocido que volvió hablando con tonada cordobesa.
La historia también tiene su cuota de ironía. Un producto creado por inmigrantes a partir de una receta oriental regresa décadas después a esa misma tradición convertido en emblema argentino. Hay viajes de ida y vuelta que tardan generaciones. Este volvió con una bandera albiceleste en el envoltorio. El país donde un gol terminó empujando un contenedor.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Las imágenes de las calles de Dhaka cubiertas de banderas argentinas, las caravanas multitudinarias y las celebraciones por cada triunfo de la Selección dejaron de ser únicamente una postal llamativa del fútbol. Ese vínculo emocional que Bangladesh desarrolló con la Argentina comenzó a transformarse en una oportunidad comercial para empresas nacionales interesadas en abrir nuevos mercados.
Tras consolidarse durante los Mundiales de Qatar 2022 y de Estados Unidos, México y Canadá 2026, la pasión de los fanáticos bangladesíes por Lionel Messi y la Selección abrió una puerta que ahora intenta aprovechar Georgalos con el desembarco del Mantecol.
Una apuesta comercial con respaldo emocional
La compañía inició los primeros envíos del tradicional postre elaborado con pasta de maní para evaluar la aceptación del producto en Bangladesh. El plan contempla una primera etapa de introducción en cadenas comerciales y distribuidores de Dhaka, con la posibilidad de ampliar su presencia si la respuesta del mercado resulta favorable.
Bangladesh cuenta con alrededor de 177 millones de habitantes, una población equivalente a casi cuatro veces la de la Argentina concentrada en un territorio apenas superior al de Uruguay. Aunque el consumo per cápita todavía se ubica por debajo del de las economías desarrolladas, el crecimiento sostenido de su clase media convirtió al país en un destino cada vez más atractivo para las empresas alimenticias.
La elección del Mantecol tampoco fue casual. Además de ser uno de los productos más representativos de la industria nacional, forma parte del patrimonio afectivo de varias generaciones de argentinos, asociado históricamente a las reuniones familiares y a las celebraciones de fin de año.
Ese componente emocional busca ahora complementarse con el cariño que Bangladesh desarrolló hacia la Argentina gracias al fútbol. Un fenómeno que muchos vinculan con la admiración que despertó Diego Maradona tras el Mundial de México 1986 y que Lionel Messi terminó de consolidar con las conquistas de la Copa América, la Finalissima y el Mundial de Qatar.
El recorrido de la Scaloneta durante el Mundial 2026 volvió a generar multitudinarias celebraciones en Dhaka, reforzando un vínculo que hoy trasciende el deporte y comienza a proyectarse hacia el comercio.
La historia de una golosina con raíces orientales
Detrás del Mantecol existe una historia que resume buena parte del aporte inmigratorio a la industria alimenticia argentina. Su creador fue Miguel Georgalos, integrante de una familia griega que llegó al país durante la Segunda Guerra Mundial llevando consigo la receta tradicional del halva o jalvá, un postre elaborado originalmente con pasta de sésamo y muy popular en Grecia, Turquía y Medio Oriente.
Ante la dificultad para conseguir ese ingrediente en la Argentina de la década de 1940, Georgalos decidió reemplazarlo por maní, una materia prima abundante y de excelente calidad producida en el país. Esa adaptación dio origen a un producto completamente nuevo que con el paso de las décadas se convirtió en uno de los clásicos de la industria alimenticia nacional.
El crecimiento del Mantecol lo transformó en un símbolo de las Fiestas para millones de argentinos, consolidando una presencia que atravesó generaciones y acompañó el desarrollo de la empresa familiar.
Una marca que volvió a sus orígenes
Durante la década de 1990, la familia Georgalos vendió la marca Mantecol a Cadbury. Posteriormente, tras la adquisición de la firma británica por parte de Mondelez International, el tradicional postre pasó a integrar el portafolio de uno de los mayores grupos alimenticios del mundo.
Sin embargo, en 2022, la familia logró recomprar la marca en una operación encabezada por su actual CEO, Guillermo Rimoldi, quien años antes también había participado del proceso de venta. La empresa presentó aquella adquisición como la recuperación de uno de sus principales símbolos y el inicio de una nueva etapa de expansión.
Ese relanzamiento incluyó nuevas inversiones y una estrategia orientada tanto al mercado interno como a la apertura de destinos internacionales. Bangladesh aparece ahora como uno de los primeros objetivos de ese plan.
Un mercado con enorme potencial
Más allá del fenómeno futbolístico, Bangladesh representa uno de los mercados más poblados del planeta. Es el octavo país con mayor población del mundo y durante las últimas dos décadas registró un importante crecimiento económico impulsado por la industria textil, las exportaciones y la expansión de su clase media.
Según quienes impulsan el proyecto, el trabajo conjunto con la Embajada argentina permitió establecer contactos con importadores, distribuidores y cadenas de retail para avanzar con los primeros acuerdos comerciales.
La estrategia contempla un desembarco gradual mediante el envío inicial de contenedores destinados a evaluar la aceptación del producto, analizar los hábitos de consumo y definir los canales de comercialización antes de ampliar las exportaciones.
Un sabor familiar para los consumidores bangladesíes
Uno de los principales argumentos de la estrategia exportadora es que el Mantecol llega a un mercado donde existe una larga tradición de consumo de postres similares. El haluwa o halva forma parte desde hace siglos de la gastronomía bangladesí y suele consumirse durante festividades religiosas, reuniones familiares y celebraciones especiales.
Existen numerosas variantes elaboradas con sémola, harina, zanahoria, frutos secos, leche, ghee y distintas semillas, por lo que la textura y el perfil de sabor del Mantecol no resultan ajenos para los consumidores locales.
Precisamente, el origen del producto argentino está ligado a esa misma tradición gastronómica. La principal diferencia fue el reemplazo del sésamo por maní argentino, decisión que terminó dando identidad propia a una golosina que hoy busca regresar, de otra manera, a la región donde nació la receta que la inspiró.
El maní argentino como carta de presentación
La elección del Mantecol también encuentra respaldo en la posición de la Argentina como uno de los principales exportadores mundiales de maní de alta calidad, cuya producción se concentra principalmente en Córdoba y abastece a buena parte de la industria internacional de alimentos.
Ese liderazgo permitió desarrollar una cadena productiva con elevados estándares sanitarios y de calidad, facilitando el acceso a mercados exigentes como la Unión Europea.
En ese contexto, el desembarco del Mantecol en Bangladesh busca demostrar que el reconocimiento internacional alcanzado por la Selección y por Lionel Messi también puede convertirse en una oportunidad para impulsar productos elaborados en la Argentina. Si la experiencia resulta exitosa, podría abrir el camino para que otras empresas nacionales exploren mercados no tradicionales aprovechando el capital simbólico construido por el fútbol argentino.
El tradicional Mantecol comenzó su desembarco comercial en Bangladesh, impulsado por el fuerte vínculo que ese país desarrolló con la Argentina a partir de la figura de Lionel Messi y los éxitos de la Selección. Georgalos inició los primeros envíos para evaluar la respuesta de un mercado de 177 millones de habitantes, donde el producto encuentra además una inesperada afinidad con la tradición local del halva.
Dieciséis mil kilómetros de distancia. Un Mundial, varias caravanas y ahora un postre argentino cruzando medio planeta. El fenómeno Messi consiguió algo que ningún manual de comercio exterior se había animado a prometer: que un dulce nacido en una fábrica argentina encuentre una puerta de entrada gracias a un gol celebrado en Dhaka.
Mientras algunos países hacen campañas millonarias para instalar su marca, la Argentina apareció con una camiseta celeste y blanca y un capitán levantando copas. Es como descubrir que el mejor promotor de una golosina no era un aviso publicitario sino un zurdazo al ángulo. Hay estrategias de marketing; después está ganar un Mundial.
La apuesta de Georgalos tiene bastante menos de improvisación de lo que parece. Bangladesh reúne casi cuatro Argentinas en población y una clase media que sigue creciendo. En semejante mercado, alcanzar una porción mínima puede representar un volumen de ventas que en otros destinos demandaría años. Cuando el mostrador es tan grande, hasta un centímetro de góndola parece una avenida.
El detalle más curioso es que el Mantecol no llega como un desconocido absoluto. Su origen está emparentado con el halva, un postre que forma parte de la cultura gastronómica de esa región desde hace siglos. En otras palabras, el desafío no consiste en convencer a los consumidores de probar algo extraño, sino en presentarles una versión argentina de un sabor que ya conocen. Como reencontrarse con un viejo conocido que volvió hablando con tonada cordobesa.
La historia también tiene su cuota de ironía. Un producto creado por inmigrantes a partir de una receta oriental regresa décadas después a esa misma tradición convertido en emblema argentino. Hay viajes de ida y vuelta que tardan generaciones. Este volvió con una bandera albiceleste en el envoltorio. El país donde un gol terminó empujando un contenedor.