Estados Unidos medirá la testosterona de sus soldados para reforzar la “máquina de guerra”

Redacción Cuyo News
Redacción Cuyo News
12 min

El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, ordenó implementar controles anuales para detectar posibles deficiencias de testosterona entre el personal militar activo y los integrantes de la reserva que tengan 30 años o más.

La medida establece que el análisis será incorporado de manera obligatoria a la evaluación periódica de salud. Los militares menores de 30 años también podrán solicitar el estudio, aunque en esos casos la realización será voluntaria.

Hegseth anunció la decisión mediante un video publicado en X, donde definió la iniciativa como “el Departamento de Guerra Alta T”. También aclaró que, si los médicos recomiendan una terapia de reemplazo de testosterona después de los estudios correspondientes, cada integrante podrá decidir si acepta o rechaza el tratamiento.

Quién impulsó la medida y cómo será aplicada

La orden lleva la firma de Hegseth y entró en vigor de manera inmediata. El documento instruyó a las autoridades responsables de Personal y Preparación a actualizar antes del 15 de agosto las políticas vinculadas con las evaluaciones médicas periódicas.

El memorando también dispuso que la estructura sanitaria militar garantice la disponibilidad de los análisis y prepare nuevas orientaciones clínicas para los profesionales encargados de evaluar los resultados.

El Gobierno justificó la iniciativa como parte de un programa de optimización del rendimiento humano y la vinculó con el denominado síndrome del operador, una combinación de problemas físicos y psicológicos identificada inicialmente entre integrantes de fuerzas especiales.

Entre los funcionarios que respaldaron públicamente la política se encuentra Brian Christine, integrante de la Secretaría de Salud y especialista en salud sexual masculina. Christine afirmó que apoya la iniciativa y sostuvo que los niveles saludables de testosterona resultan relevantes para el bienestar y el rendimiento.

La legisladora demócrata Chrissy Houlahan, veterana de la Fuerza Aérea, cuestionó la medida y la relacionó con los discursos sobre masculinidad difundidos dentro de la denominada manósfera. También reclamó que las políticas de evaluación hormonal contemplen las necesidades médicas de todo el personal militar.

Las dudas médicas y los interrogantes pendientes

Aunque el memorando establece que el control deberá comenzar de inmediato, todavía quedan aspectos sin resolver sobre su aplicación uniforme en el Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea, los Marines, la Fuerza Espacial y los componentes de reserva.

El Pentágono no informó el costo estimado del programa ni explicó si un diagnóstico de deficiencia hormonal podría tener consecuencias sobre el legajo, las funciones o la carrera profesional de los integrantes evaluados.

La Endocrine Society advirtió que no existe evidencia suficiente para recomendar el control poblacional de testosterona entre hombres que no presentan síntomas. Sus guías indican que el diagnóstico de hipogonadismo requiere manifestaciones clínicas y valores bajos confirmados mediante al menos dos análisis realizados por la mañana y en ayunas.

La organización también señaló que los profesionales deben evaluar los posibles beneficios y riesgos antes de indicar un tratamiento. Entre los aspectos que requieren seguimiento aparecen la fertilidad, los eventos tromboembólicos, las fracturas y los efectos todavía no determinados a largo plazo.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos mantiene que los productos con testosterona deben emplearse en pacientes con niveles bajos asociados con una condición médica, aunque durante 2026 avanzó con cambios destinados a revisar algunas restricciones sobre su prescripción.

El contraste con la política hacia las personas trans

La iniciativa abrió cuestionamientos por su contraste con las políticas adoptadas por la administración de Donald Trump respecto del personal trans. La orden ejecutiva 14183 estableció que la disforia de género resulta incompatible con los estándares militares y derivó en procedimientos para separar del servicio a integrantes alcanzados por esa disposición.

El Pentágono también canceló intervenciones quirúrgicas previstas y restringió los tratamientos hormonales vinculados con procesos de afirmación de género. Además, prohibió el ingreso de nuevos aspirantes con determinadas condiciones relacionadas con la disforia de género y estableció que el personal debe cumplir los estándares asociados con su sexo registrado al nacer.

El costo sanitario fue utilizado históricamente como uno de los argumentos para limitar la presencia de personas trans en las Fuerzas Armadas. Sin embargo, investigaciones previas calcularon que los gastos asociados representaban una proporción mínima del presupuesto militar de salud.

Una revisión publicada en 2026 identificó 58 investigaciones sobre el servicio militar de personas trans y no encontró evidencia que respaldara los principales argumentos utilizados para justificar su exclusión. Los registros difundidos sobre el período comprendido entre 2015 y 2024 estimaron un gasto promedio cercano a los US$5 millones anuales en atención relacionada con integrantes trans, dentro de un sistema sanitario valuado en decenas de miles de millones de dólares.

Las restricciones también alcanzaron al Programa de Beneficios de Salud para Empleados Federales. Desde 2026, y con excepciones limitadas, sus planes dejaron de cubrir intervenciones quirúrgicas y tratamientos hormonales vinculados con la afirmación de género. El sistema brinda cobertura a más de ocho millones de empleados, jubilados y familiares.

Un escenario de restricciones más amplio

La situación excede el ámbito militar. Durante 2026 fueron presentados más de 800 proyectos en 43 estados para restringir diferentes aspectos de la vida de las personas trans y no binarias, entre ellos el acceso a tratamientos médicos, la participación deportiva, el uso de baños, la documentación y las políticas educativas.

En junio de 2025, la Corte Suprema resolvió el caso U.S. v. Skrmetti y ratificó la legislación de Tennessee que prohíbe determinados tratamientos hormonales y bloqueadores de la pubertad para menores trans. El máximo tribunal sostuvo que la norma no requería un estándar reforzado de revisión constitucional.

La administración Trump también dispuso que los pasaportes federales consignen únicamente una marca de sexo masculino o femenino coincidente con el sexo registrado al nacer. En paralelo, diferentes estados adoptaron restricciones para modificar el marcador de género en licencias de conducir y otros documentos oficiales.

La hormonización utilizada en procesos de afirmación de género se realiza bajo supervisión médica, con esquemas individualizados y controles clínicos. Las guías especializadas recomiendan seguimiento profesional para evaluar los efectos físicos, metabólicos y psicológicos del tratamiento. }

Esos protocolos no equivalen a la realización de controles masivos entre cientos de miles de personas sin síntomas previos. Tampoco existe un único valor de testosterona capaz de garantizar por sí solo una mejora del rendimiento físico, psicológico o militar.

El anuncio abrió así una discusión sobre el uso político de la evidencia científica: mientras las autoridades presentan la testosterona como una herramienta para fortalecer la capacidad militar, las principales guías médicas insisten en que el diagnóstico debe considerar síntomas, estudios repetidos, antecedentes clínicos y posibles riesgos antes de iniciar cualquier tratamiento.

Compartir
🔺 Tendencia
Redacción Cuyo News