La inflación mensual en Argentina se ubicó en agosto en 1,7%, el dato más bajo registrado para ese mes desde 2017. La desaceleración se produce en el marco del programa económico del Gobierno de Javier Milei, basado en un fuerte ajuste fiscal y en la restricción de la base monetaria por parte del Banco Central.
El cambio de rumbo busca modificar una dinámica que durante años combinó desequilibrios fiscales con emisión monetaria para financiar el gasto público, un mecanismo que contribuyó a alimentar las presiones sobre los precios. La estrategia actual supone, sin embargo, costos en el corto y mediano plazo para una economía que atraviesa un proceso de transición, en un escenario en el que, según los datos consignados, cierran alrededor de 30 empresas por día.
En ese contexto, la desaceleración de los precios se convirtió en uno de los principales indicadores utilizados para medir los resultados del programa económico. La inflación interanual se moderó hasta el 33,5%, mientras que la acumulada desde enero alcanzó el 21,3%, de acuerdo con el último informe de BBVA Research.
El registro mensual coincidió exactamente con el consenso del mercado relevado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) y quedó ligeramente por debajo del 1,8% que esperaba BBVA.
Ancla fiscal y monetaria
El contraste con la situación económica que encontró Milei al asumir comienza a observarse en los registros mensuales. Durante décadas, los desequilibrios fiscales financiados mediante emisión monetaria contribuyeron a consolidar una dinámica de inflación crónica.
Con el nuevo esquema, las tasas mensuales continúan siendo elevadas en comparación con los estándares internacionales, pero se encuentran considerablemente por debajo de los registros de dos dígitos observados al comienzo de la actual gestión.
Los rubros que todavía presionan sobre los precios
La evolución de los distintos componentes del índice muestra que el proceso de desinflación todavía enfrenta obstáculos. Los alimentos aumentaron 1,7% mensual y 35% interanual, mientras que las frutas registraron un incremento de 7,4% durante agosto.
Los precios regulados avanzaron 2,2% mensual y acumularon una suba del 44% frente al mismo período del año anterior. Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles aumentaron 2,8% durante agosto y alcanzaron un incremento interanual del 49%. Educación, en tanto, avanzó 2,5% mensual y 40% anual.
Una parte de estas variaciones está relacionada con otro de los pilares del programa económico: la reducción de subsidios y la normalización de tarifas que durante años permanecieron contenidas. De esta manera, la desaceleración del índice general convive con la recomposición de determinados precios regulados, lo que vuelve especialmente relevante el comportamiento de la inflación subyacente.
Qué puede ocurrir en septiembre
BBVA Research considera que el proceso de desaceleración podría continuar durante los próximos meses, aunque septiembre contempla nuevos incrementos en precios regulados. Entre ellos se espera una suba cercana al 4% en el transporte público del Área Metropolitana de Buenos Aires, del 2,5% en los seguros privados de salud, del 2,5% en telefonía móvil e internet y del 1,8% en electricidad.
Pese a esos ajustes, BBVA proyecta que la inflación mensual podría descender al 1,6% en septiembre, por debajo del 1,8% previsto por el consenso del mercado.
Dos factores aparecen como centrales para sostener esa tendencia. BBVA Research destaca que «la débil actividad económica general y la estabilidad del tipo de cambio mantenida por el Gobierno durante los últimos meses deberían respaldar una mayor desinflación desde estos niveles».
La menor demanda limita la capacidad de las empresas para trasladar incrementos de costos a los consumidores. Al mismo tiempo, la estabilidad del peso reduce uno de los mecanismos históricos de transmisión de la inflación en Argentina: el traslado de las depreciaciones cambiarias hacia los precios internos.
La inflación mensual de Argentina se ubicó en agosto en 1,7%, el registro más bajo para ese mes desde 2017, mientras la variación interanual descendió al 33,5%. El proceso de desaceleración se desarrolla en medio del ajuste fiscal, la restricción monetaria y la normalización de tarifas impulsados por el Gobierno de Javier Milei, aunque persisten aumentos importantes en servicios regulados.
Argentina consiguió que la inflación de agosto fuera de 1,7% y, después de años en los que mirar un índice de precios requería aproximadamente la misma preparación emocional que abrir el resumen de la tarjeta, el dato pasó a ser presentado como una pequeña victoria. No es Suiza, naturalmente, pero tampoco aquella Argentina en la que los porcentajes mensuales parecían competir por conseguir su propio programa de televisión.
El Gobierno de Javier Milei sostiene la estrategia sobre dos elementos que durante décadas tuvieron una relación bastante complicada con la política económica argentina: no gastar más de lo disponible y no resolver cada problema acercándose peligrosamente a la impresora de pesos. El resultado es una desaceleración inflacionaria acompañada por una economía en transición, porque aparentemente la macroeconomía decidió aplicar aquella vieja máxima de que todo tratamiento funciona mejor cuando primero duele.
El problema es que el promedio nacional tiene la desagradable costumbre de no acompañar personalmente a nadie hasta la caja del supermercado. Mientras el índice general marcó 1,7%, las frutas aumentaron 7,4%, vivienda y servicios avanzaron 2,8% y los precios regulados, 2,2%. La inflación, entonces, dejó de correr los 100 metros llanos, pero todavía conserva zapatillas y mantiene abierta la inscripción al próximo torneo.
Además, retirar subsidios y normalizar tarifas implica una paradoja digna de la economía argentina: para ordenar los precios hay precios que primero tienen que subir. Transporte, salud privada, telefonía, internet y electricidad aparecen entre los rubros con nuevos ajustes previstos para septiembre. Una especie de terapia de sinceramiento en la que el paciente mejora mientras observa cómo varias facturas descubren simultáneamente su verdadero potencial.
BBVA Research proyecta, pese a esas subas, una inflación mensual de 1,6% para septiembre. La explicación incluye una actividad económica débil y un tipo de cambio estable, dos factores que reducen la posibilidad de trasladar costos a precios. En términos menos solemnes: el peso dejó temporalmente de practicar deportes extremos y los consumidores tienen menos margen para comprar, una combinación poco festiva pero funcional para enfriar el termómetro inflacionario.