La relación entre el presidente argentino Javier Milei y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, consolidada durante los últimos años mediante acuerdos y posiciones coincidentes en materia de seguridad, lucha contra el terrorismo y política internacional, enfrenta un punto particularmente sensible por el avance petrolero en torno a las Islas Malvinas.

El elemento central es Navitas Petroleum, grupo de origen israelí que controla el 65% y opera el proyecto Sea Lion, mientras la británica Rockhopper Exploration conserva el 35% restante. Argentina considera ilegítimas las actividades hidrocarburíferas realizadas bajo licencias otorgadas por las autoridades británicas de las islas sin autorización argentina.

La situación adquiere especial relevancia este jueves, cuando Milei tiene previsto mantener una reunión bilateral con Netanyahu en Nueva York, antes de participar junto al premier israelí de un encuentro ampliado con dirigentes latinoamericanos. Hasta antes de la reunión no había confirmación oficial de que la situación de Navitas formara parte de la agenda, aunque el tema aparece como uno de los puntos sensibles alrededor del vínculo bilateral.

Navitas y el proyecto Sea Lion

Navitas Petroleum es actualmente la operadora de Sea Lion y posee una participación del 65%. El proyecto se encuentra a unos 220 kilómetros al norte de las Islas Malvinas y alcanzó su decisión final de inversión en diciembre de 2025. La documentación de la compañía estableció para la primera etapa un presupuesto aproximado de US$1.800 millones, con el inicio de la producción previsto para marzo de 2028.

Los documentos corporativos de Navitas informan además alrededor de 917 millones de barriles en reservas y recursos certificados en la cuenca, considerando distintas categorías y etapas de desarrollo. El esquema inicial contempla pozos submarinos conectados con una unidad flotante de producción, almacenamiento y descarga de petróleo.

Para el Gobierno argentino, el punto conflictivo no es la nacionalidad de la compañía sino la explotación de hidrocarburos sin autorización argentina en un espacio alcanzado por la disputa de soberanía.

A comienzos de septiembre, el Ejecutivo argentino inició procedimientos sancionatorios contra decenas de personas y empresas presuntamente relacionadas con estas actividades. Posteriormente promovió una denuncia penal contra Navitas Petroleum Development & Production Ltd. y otras compañías vinculadas, invocando la Ley 26.659.

Milei vinculó Malvinas con las inversiones en Vaca Muerta

La posición quedó expuesta este miércoles durante el discurso de Milei ante la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas. Allí volvió a reclamar negociaciones con el Reino Unido y apuntó específicamente contra el avance de Sea Lion.

El Presidente afirmó que el proyecto avanza hacia la extracción de petróleo mediante licencias británicas que Argentina considera ilegales e ilegítimas y sostuvo que el país utilizará herramientas administrativas, jurídicas y diplomáticas frente a las empresas involucradas.

Además, introdujo directamente a Vaca Muerta dentro de esa estrategia. Milei invitó a compañías internacionales a invertir en el desarrollo energético argentino, pero estableció un límite para aquellas vinculadas con operaciones en las áreas disputadas del Atlántico Sur.

“Vaca Muerta es una oportunidad histórica, con potencial para ser una de las grandes protagonistas energéticas de las próximas décadas. Vengan. Inviertan. Desarróllenla con nosotros. Pero esta invitación tiene un límite: no seremos indiferentes frente a quienes exploten recursos bajo ocupación externa ilegal”.

La advertencia convierte al conflicto en una cuestión que excede el reclamo diplomático tradicional: el Gobierno intenta vincular el acceso a oportunidades energéticas dentro de Argentina con el comportamiento de las empresas en las zonas cuya soberanía disputa con el Reino Unido.

Una relación estratégica frente a un punto de fricción

La situación de Navitas se produce dentro de una relación bilateral que Milei y Netanyahu profundizaron desde la llegada del libertario a la Presidencia. Argentina e Israel avanzaron en entendimientos sobre seguridad, defensa, lucha contra el terrorismo y cooperación tecnológica, mientras ambos mandatarios expresaron públicamente su cercanía política.

En abril de 2026, después de una reunión con Netanyahu en Israel, Milei habló de una “unión moral, espiritual y política” entre ambos países. Durante esa visita también se anunciaron avances en cooperación sobre inteligencia artificial.

Ese vínculo explica por qué la participación de Navitas en Sea Lion introduce una situación diplomática particular. Argentina mantiene una ofensiva administrativa y judicial contra empresas que operan bajo licencias británicas, mientras procura preservar y profundizar su asociación con Israel.

Sin embargo, no existe hasta el momento confirmación pública de que el Gobierno israelí haya intervenido para modificar la participación de Navitas en Sea Lion. Tampoco estaba confirmado, antes de la bilateral de este jueves, que Milei fuera a solicitar formalmente a Netanyahu una actuación sobre la empresa.

La reunión prevista en Nueva York permitirá a ambos mandatarios repasar una relación que incluye temas de seguridad internacional, Medio Oriente y cooperación bilateral. La eventual incorporación de Navitas y Malvinas a la conversación deberá confirmarse después del encuentro.

Malvinas, seguridad y cooperación internacional

Más allá del conflicto petrolero, Argentina e Israel mantienen una agenda amplia. Los gobiernos avanzaron en mecanismos de cooperación vinculados con defensa, ciberseguridad, transferencia tecnológica e inteligencia artificial, además de sostener posiciones convergentes frente al terrorismo internacional.

La administración de Milei también mantiene como política de Estado la búsqueda de responsabilidades por los atentados contra la Embajada de Israel y la AMIA y profundizó su alineamiento con Israel en distintos foros internacionales.

El desafío que introduce Sea Lion consiste, por lo tanto, en administrar dos intereses simultáneos: mantener una relación estratégica con Israel y sostener la política argentina frente a las actividades económicas realizadas en torno a Malvinas sin autorización de Buenos Aires.

La evolución de ese equilibrio dependerá tanto del avance de las acciones argentinas contra las compañías vinculadas al proyecto como de las conversaciones diplomáticas entre ambos gobiernos. Por ahora, Sea Lion se convirtió en un nuevo componente de una disputa histórica con el Reino Unido y, al mismo tiempo, en un elemento sensible dentro de uno de los vínculos internacionales más estrechos construidos por la administración Milei.