En las Fuerzas del Cielo consideran que el acercamiento con gobernadores dialoguistas que ahora impulsa Karina Milei reivindica la estrategia que Santiago Caputo había defendido durante 2025 y que entonces perdió terreno frente a la postura de los Menem.
El sector liderado por el asesor presidencial sostiene que detrás de aquella discusión existían dos miradas diferentes sobre la construcción política del oficialismo y los objetivos electorales de mediano y largo plazo.
«Detrás de aquella pelea había una discusión más profunda: mientras Santiago priorizaba la reelección de Milei en 2027, los Menem apostaban a construir poder territorial pensando en 2031», afirmó un integrante de la agrupación.
Dentro de las Fuerzas del Cielo consideran que, ante el actual acercamiento con mandatarios provinciales y por la experiencia de Caputo en campañas electorales, no sería extraño que el asesor recupere influencia en la estrategia política del Gobierno.
La discusión por los acuerdos con los gobernadores
En el sector de Caputo insisten en que la disputa interna nunca estuvo limitada al reparto de candidaturas, sino que respondía a una diferencia sobre cómo construir poder de cara a los próximos procesos electorales.
«La discusión siempre fue mucho más profunda que el reparto de candidaturas. Santiago tenía como prioridad garantizar la reelección de Milei en 2027, mientras que los Menem estaban concentrados en construir una estructura territorial propia de La Libertad Avanza con la mirada puesta en 2031», insisten.
Durante 2025 terminó imponiéndose la estrategia impulsada por Karina Milei, aunque el oficialismo finalmente alcanzó acuerdos con Rogelio Frigerio en Entre Ríos, Alfredo Cornejo en Mendoza y Leandro Zdero en Chaco, además de entendimientos con el PRO y Claudio Poggi en San Luis.
En el Gobierno reconocen que la decisión de competir con listas propias generó dificultades posteriores dentro del Congreso y obligó a la Casa Rosada a sostener negociaciones permanentes con bloques dialoguistas para avanzar con sus iniciativas.
«La decisión de competir con listas propias terminó incorporando al Congreso candidatos de escaso volumen político, intelectual y profesional, muchos provenientes de estructuras tradicionales», se lamentó un funcionario del Gobierno.
«No hubo una verdadera renovación y el Gobierno tampoco consiguió consolidar una bancada con suficientes legisladores capaces de convertirse en voceros y defensores de la gestión», agregó.
El antecedente bonaerense y la mirada sobre las provincias
La estrategia de competir con candidatos propios tuvo una de sus expresiones más fuertes en la provincia de Buenos Aires, donde Sebastián Pareja y los Menem concentraron la definición de las listas y se produjeron rupturas con distintos aliados.
Ese armado terminó derivando en una derrota por más de 13 puntos frente al peronismo en septiembre, un resultado que coincidió con un escenario de mayor tensión cambiaria y con la posterior necesidad del Gobierno de recurrir a asistencia financiera de Estados Unidos.
En las Fuerzas del Cielo sostienen que varios de los gobernadores con los que Caputo proponía alcanzar acuerdos representaban procesos de renovación política semejantes al que encabezó Milei a nivel nacional.
Entre ellos mencionan a Rolando Figueroa en Neuquén, Rogelio Frigerio en Entre Ríos, Leandro Zdero en Chaco, Ignacio Torres en Chubut y Marcelo Orrego en San Juan.
«Tenían muchas más coincidencias que diferencias con Milei», recuerdan.
«Gobernadores como Rolo Figueroa, Rogelio Frigerio, Nacho Torres o Marcelo Orrego tienen muchas más coincidencias que diferencias con Milei y representan en sus provincias procesos de renovación política similares.»
El giro político y la desconfianza de los gobernadores
El escenario cambió con la incorporación de Santilli al gabinete y con la decisión de Karina Milei y los Menem de acelerar acuerdos de cara a 2027 con gobernadores que el oficialismo había enfrentado electoralmente.
Para las Fuerzas del Cielo, el cambio de estrategia es positivo, aunque consideran que no compensa la oportunidad perdida de construir durante 2025 una coalición más amplia que permitiera incrementar la representación parlamentaria del oficialismo.
«De haberse aplicado esa política de acuerdos, el Gobierno podría haber quedado mucho más cerca del quórum propio de 129 diputados y con mayor representación en el Senado», afirman.
El nuevo acercamiento enfrenta, sin embargo, un obstáculo adicional: la desconfianza de los gobernadores. Pese a las señales públicas de entendimiento, los mandatarios provinciales continúan demorando definiciones vinculadas con la suspensión de las PASO.
Según el planteo de los gobernadores, existe preocupación por la posibilidad de que el oficialismo vuelva a presentar candidatos propios en sus distritos pese a alcanzar acuerdos previos.
«Les votamos ahora la eliminación de las PASO y quien no garantiza que el año que vienen no nos planten un candidato, como ya hicieron», afirmó el operador de uno de ellos.
«Ahora estamos pagando los costos de haber perdido un año en la construcción de acuerdos políticos y deteriorar la confianza con gobernadores, que hoy necesitamos», concluyó un integrante del sector de Santiago Caputo.
Las Fuerzas del Cielo consideran que el acercamiento que ahora impulsa Karina Milei con gobernadores dialoguistas reivindica la estrategia que Santiago Caputo había defendido durante 2025. El sector sostiene que aquella propuesta buscaba priorizar la reelección de Javier Milei en 2027 mediante acuerdos provinciales, mientras los Menem apostaban por construir estructura propia de La Libertad Avanza con proyección hacia 2031.
En la interna libertaria descubrieron una verdad política tan antigua como incómoda: a veces el plan que pierde una discusión vuelve meses después con otro nombre, otra lapicera y bastante menos entusiasmo por recordar quién lo había propuesto primero. Las Fuerzas del Cielo observan ahora el acercamiento de Karina Milei con gobernadores dialoguistas y sienten que Santiago Caputo podría cobrar una suerte de revancha conceptual, aunque sin medalla, placa ni ceremonia.
La pelea original, según reconstruyen dentro del espacio, no era solamente por candidaturas. Mientras Caputo pensaba en cómo asegurar la reelección presidencial en 2027 mediante alianzas amplias, los Menem apostaban a sembrar candidatos propios en todo el país con horizonte en 2031. Una discusión estratégica bastante más sofisticada que la clásica batalla por quién imprime primero las boletas, aunque terminó produciendo exactamente eso: una batalla feroz por la lapicera.
El experimento tuvo su versión más intensa en Buenos Aires, donde el armado propio terminó acompañado por rupturas, una derrota contundente y una posterior necesidad de reconstruir vínculos con actores que meses antes habían sido tratados como competencia. La política argentina posee esa admirable capacidad para transformar a un adversario electoral en socio indispensable antes de que se enfríe el café de la reunión anterior.
Ahora gobernadores como Marcelo Orrego, Rogelio Frigerio, Ignacio Torres o Rolando Figueroa vuelven a aparecer en la conversación oficialista como piezas relevantes para construir gobernabilidad. El inconveniente es que la confianza, a diferencia de una candidatura, no se baja de una planilla ni se imprime durante la madrugada. Y en las Fuerzas del Cielo creen que ese capital se gastó durante un año que podría haber servido para acercar posiciones.
El giro abre además otra pregunta dentro del oficialismo: si la Casa Rosada termina adoptando una estrategia parecida a la que Caputo defendió originalmente, cuánto espacio recuperará el asesor en la arquitectura política. Nadie lo da por hecho, pero en un Gobierno donde las internas suelen mutar más rápido que los organigramas, cada acuerdo provincial puede terminar siendo también un capítulo nuevo de la disputa por influencia.
