Oscar “Pupi” Angeletti necesitó apenas dos temporadas para alcanzar la gloria en el Turismo Carretera. Después de debutar en 1984, el piloto de Burzaco ganó dos carreras con Dodge y se consagró campeón en 1986.
“Persigo el éxito en todo lo que hago, entonces me pareció una consecuencia lógica luego de un largo tiempo de trabajo”, recordó años después en una entrevista publicada por SoloTC.
Su paso por la categoría fue breve, pero dejó seis victorias y una de las historias más impactantes del automovilismo argentino.
El Fairlane que revolucionó al Turismo Carretera
En 1989 volvió a pelear por el campeonato con un Ford Fairlane que desafió los límites de la época.
El enorme auto, apodado “Jumbo” o “Trasatlántico”, ganó cuatro competencias y convirtió a Angeletti en subcampeón.
Su actuación más recordada ocurrió en Tandil, donde recorrió cerca de 20 kilómetros con una rueda destrozada y consiguió la victoria.
“No tengo dudas de que si yo seguía con ese auto iba a seguir ganando carreras y campeonatos”, aseguró el Pupi a SoloTC luego de que un cambio reglamentario dejara al modelo fuera de competencia.
El accidente que terminó con su carrera
Obligado a abandonar el Fairlane, Angeletti preparó un Ford Falcon para disputar la temporada de 1990.
El debut se produjo el 18 de febrero en el circuito semipermanente de Santa Teresita. Marchaba en los primeros lugares cuando intentó esquivar un auto que había quedado cruzado, perdió el control sobre la arena y se estrelló contra un talud de tierra a unos 300 kilómetros por hora.
“Me pegué contra un talud cuando venía primero, siempre primero”, relató posteriormente sobre el accidente que terminó con su trayectoria.
El impacto le provocó un traumatismo grave de cráneo, una lesión en la médula y un severo daño en el ojo izquierdo.
Permaneció casi una semana en terapia intensiva y necesitó cerca de un año de rehabilitación para volver a caminar.
“Sobrevivió de milagro”, definió su hija Yanina en una entrevista con Clarín.
Aunque logró recuperarse de la mayoría de las lesiones, nunca recobró la visión de ese ojo y debió abandonar definitivamente las pistas cuando tenía solamente 42 años.
El museo que prepara su familia
Lejos del automovilismo, el excampeón se dedicó a la empresa siderúrgica fundada por su padre y volcó sus energías en su familia.
“Se fue involucrando cada vez más con el mundo del acero y con la familia; era un papá full time”, contó Yanina al mismo medio.
Angeletti falleció el 7 de diciembre de 2011, pero sus hijos conservaron sus trofeos, fotografías, recortes periodísticos y una bitácora manuscrita en la que registraba los detalles de cada carrera.
Ahora, la familia trabaja para transformar ese archivo personal en un museo dedicado al Pupi.
Los trofeos ya fueron pulidos, los cuadros restaurados y Francisco, su hijo, proyecta reconstruir uno de los autos que manejó.
“Tenemos la intención con mis hermanos de armar un lugar para juntar todo esto y poder mostrarlo”, explicó Yanina a Clarín.
La iniciativa busca preservar la memoria de un piloto que fue campeón, revolucionó al Turismo Carretera con un auto fuera de época y vio terminada su carrera por un accidente brutal que cambió su vida para siempre.
Oscar “Pupi” Angeletti fue campeón de Turismo Carretera con Dodge en 1986 y luego volvió a destacarse con un Ford Fairlane que revolucionó la categoría. Un grave accidente en Santa Teresita, en 1990, le provocó lesiones severas y la pérdida de visión de un ojo. Su familia trabaja ahora en un museo para preservar su legado.
Oscar “Pupi” Angeletti necesitó apenas dos temporadas para convertirse en campeón del Turismo Carretera, un ritmo bastante poco recomendable para cualquiera que pretenda construir una carrera con calma y planificación. Ganó con Dodge, después desafió a la categoría con un Ford Fairlane gigantesco y terminó demostrando que, a veces, la aerodinámica también puede ser una cuestión de fe.
El “Jumbo”, como fue bautizado aquel Fairlane, parecía más preparado para cruzar el Atlántico que para pelear una carrera de TC. Sin embargo, ganó cuatro competencias, llevó a Angeletti al subcampeonato y dejó una postal difícil de olvidar en Tandil: casi 20 kilómetros con una rueda destrozada y victoria incluida. Una escena que hoy probablemente terminaría en bandera negra, análisis de telemetría y una discusión interminable en redes.
El golpe de 1990, en cambio, no tuvo nada de épico. Fue brutal. Angeletti chocó contra un talud a cerca de 300 kilómetros por hora y sobrevivió de milagro. Perdió la visión del ojo izquierdo, pasó por terapia intensiva y necesitó casi un año para volver a caminar. Ahí terminó una carrera que todavía tenía combustible de sobra.
Después vino otra vida: acero, familia, distancia de las pistas. Pero quedaron los trofeos, las fotos, los recortes y hasta una bitácora manuscrita con detalles de sus carreras. Ahora sus hijos quieren reunir todo en un museo, una forma bastante más elegante de enfrentar el paso del tiempo que dejar la historia encerrada en cajas.
El “Pupi” fue campeón, innovador, sobreviviente y protagonista de una de esas historias que explican por qué el Turismo Carretera no es solamente automovilismo. También es memoria, riesgo, mecánica, obstinación y, de vez en cuando, un auto tan grande que parece pedir permiso para doblar.
