La investigación contra un empleado de la Municipalidad de Calingasta por el presunto desvío de fondos públicos incorporó nuevos detalles sobre la mecánica utilizada para cobrar un tributo municipal y derivar el dinero hacia una cuenta particular. El expediente se inició a partir de la denuncia penal presentada por el intendente Sebastián Carbajal y derivó en allanamientos en dependencias de la comuna.
El foco de la pesquisa está puesto sobre el accionar de un inspector municipal que, según la denuncia, habría aprovechado las funciones propias de su cargo para direccionar hacia su cuenta personal de Mercado Pago el dinero correspondiente al pago de cánones municipales.
Un pago de $100.000 que nunca llegó a las cuentas municipales
La maniobra quedó expuesta luego del reclamo de un vecino que había concurrido a las dependencias municipales para alquilar un espacio público destinado a la instalación de un puesto ambulante comunitario. El canon correspondiente a tres días de utilización estaba fijado en $100.000.
Según los datos incorporados a la denuncia, el inspector atendió al contribuyente, realizó el supuesto trámite administrativo y le entregó un comprobante oficial en el que la operación figuraba como «pagado».
Sin embargo, al momento de concretar el abono, el empleado le habría indicado que no debía realizar el pago a través de la caja municipal. En cambio, le solicitó que transfiriera los $100.000 directamente a una cuenta personal de Mercado Pago.
El vecino, confiando en las indicaciones recibidas y con el comprobante municipal en su poder, efectuó la transferencia y se retiró de las oficinas convencido de que el alquiler del espacio había quedado formalmente registrado.
El trámite figuraba como anulado
La irregularidad salió a la luz cuando el hombre intentó ocupar el espacio por el que había abonado. Al llegar al lugar, comprobó que el puesto no figuraba registrado a su nombre ni aparecía como alquilado por él.
Ante esa situación, presentó el comprobante que había recibido en la Municipalidad y exhibió desde su teléfono la constancia de la transferencia realizada a la cuenta personal del inspector.
A partir del reclamo, personal municipal realizó una auditoría interna de los movimientos registrados en el sistema informático. Allí habría aparecido uno de los elementos centrales de la investigación: el pedido de alquiler había sido cargado inicialmente en el sistema oficial, permitiendo generar e imprimir el comprobante, pero posteriormente el trámite figuraba como «anulado».
Según la hipótesis investigada, ese procedimiento permitía que el dinero no ingresara a las cuentas oficiales destinadas a la recaudación municipal, mientras el sistema tampoco mantenía registrada una deuda pendiente vinculada con aquella operación.
Allanamientos y documentación bajo análisis
La causa se encuentra en manos de la UFI Delitos Especiales. El procedimiento estuvo encabezado por el fiscal Iván Grassi, junto con los ayudantes fiscales Pablo Orellano y Victoria Martín.
Durante los allanamientos realizados en dependencias de la Municipalidad de Calingasta, los investigadores secuestraron documentación vinculada con los hechos denunciados, material que quedó incorporado al expediente y será sometido a análisis.
La investigación continúa orientada a reconstruir el funcionamiento de la presunta maniobra, determinar el alcance de las operaciones realizadas y establecer las eventuales responsabilidades penales. Hasta el momento, la causa permanece en etapa investigativa y no existe una resolución judicial que determine responsabilidad penal del empleado señalado. :chatgpt-content-reference{index=»0″}
La Justicia investiga a un empleado de la Municipalidad de Calingasta por una presunta maniobra para desviar el cobro de tributos municipales hacia una cuenta personal de Mercado Pago. El caso fue denunciado por el intendente Sebastián Carbajal y quedó en manos de la UFI Delitos Especiales, que allanó dependencias comunales y secuestró documentación para determinar responsabilidades.
La Municipalidad de Calingasta quedó convertida, al menos según la hipótesis que investiga la Justicia, en una extraordinaria innovación financiera: un sistema de recaudación pública donde el dinero podía realizar un pequeño desvío turístico antes de llegar a las arcas municipales. O, más precisamente, no llegar nunca. La presunta maniobra atribuida a un inspector tenía una arquitectura que haría sentir excesivamente burocrático hasta al delito tradicional: cargar el trámite, imprimir un comprobante oficial, marcarlo como «pagado» y después indicarle al contribuyente que transfiriera $100.000 a una cuenta personal de Mercado Pago. Una suerte de Estado digitalizado, pero demasiado personalizado.
El vecino hizo lo que cualquier ciudadano razonable haría frente a un empleado municipal, un comprobante oficial y una instrucción de pago: confió. Transfirió el dinero y se retiró convencido de haber alquilado durante tres días el espacio para instalar su puesto ambulante. El problema apareció cuando llegó dispuesto a trabajar y descubrió que, administrativamente hablando, su alquiler tenía aproximadamente la misma existencia jurídica que un unicornio con habilitación comercial.
La explicación comenzó a aparecer cuando revisaron el sistema. El trámite, según la denuncia, había sido ingresado correctamente para permitir la impresión del comprobante, pero después figuraba como anulado. Es decir: suficiente administración pública para producir un papel válido ante los ojos del vecino, pero no tanta como para que los $100.000 terminaran efectivamente en la recaudación municipal. Una coreografía informática en la que cada clic parecía conocer perfectamente su papel.
El inconveniente para semejante mecanismo fue que el contribuyente conservaba dos elementos particularmente incómodos para cualquier presunta maniobra clandestina: el comprobante municipal y el comprobante de la transferencia. La versión burocrática de dejar migas de pan desde la caja pública hasta una billetera virtual.
Ahora la UFI Delitos Especiales intenta reconstruir qué ocurrió, mientras la documentación secuestrada en la Municipalidad atraviesa el correspondiente análisis judicial. La investigación deberá establecer si se trató de un episodio aislado, cómo se realizaron las operaciones y qué responsabilidades corresponden. Porque incluso en tiempos de pagos digitales hay una tradición administrativa que mantiene plena vigencia: cuando cien mil pesos desaparecen del circuito oficial, eventualmente alguien pregunta dónde quedaron.
