El consumo de carne avícola superó los 50 kilos anuales por habitante en Argentina durante 2026 y se ubicó como la proteína de mayor demanda en el país.
Los datos del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas muestran que la tendencia profundiza el nivel registrado al cierre de 2025, cuando el consumo promedio había alcanzado los 49 kilos de carne de pollo por persona.
El crecimiento se explica por una combinación de factores económicos y nutricionales que consolidaron al pollo como una opción cada vez más habitual dentro de la dieta cotidiana.
Precio y valor nutricional, las claves del crecimiento
Desde el Centro de Información Nutricional de la Carne de Pollo señalaron que una de las principales razones detrás del incremento está vinculada con la relación entre precio, accesibilidad y composición nutricional.
La carne de pollo aporta proteínas necesarias para el mantenimiento de la masa muscular y presenta un perfil lipídico caracterizado por un predominio de ácidos grasos insaturados.
Además, su consumo incorpora vitaminas del complejo B y minerales como hierro, zinc, magnesio, selenio, potasio y fósforo.
Estas características, sumadas a su facilidad de preparación y a la posibilidad de incorporarla en diferentes comidas, contribuyeron a sostener el aumento de la demanda.
El pollo gana terreno frente a otras carnes
El crecimiento del consumo avícola refleja también una modificación en la estructura de producción y comercialización de alimentos en Argentina.
El pollo comenzó a reemplazar a otras alternativas de consumo y se consolidó como una de las principales bases de la alimentación cotidiana, impulsado por su precio relativo y su capacidad de adaptarse a una amplia variedad de preparaciones.
La marca alcanzada en 2026 confirma una tendencia que ya se había observado durante el año anterior y que posiciona a la carne avícola como la proteína de mayor consumo por habitante.
Con más de 50 kilos anuales por persona, el sector avícola profundiza así su presencia en la dieta nacional y consolida un cambio sostenido en los hábitos alimentarios de los argentinos.
El consumo de carne avícola superó los 50 kilos anuales por habitante en Argentina durante 2026 y se consolidó como la proteína de mayor demanda. El crecimiento continúa la tendencia registrada en 2025, cuando el promedio fue de 49 kilos por persona, impulsado principalmente por el precio y por su aporte nutricional.
El pollo acaba de lograr algo que parecía reservado para el fútbol, la inflación y las discusiones familiares del domingo: convertirse en un asunto nacional. Con más de 50 kilos consumidos por habitante en lo que va de 2026, la carne avícola se instaló en la cima de las preferencias argentinas y pasó de acompañar la dieta a directamente alquilarle el living.
El crecimiento tiene una explicación bastante menos poética que cualquier campaña gastronómica: precio, versatilidad y valor nutricional. Mientras otras carnes obligan al consumidor a mirar la góndola con la solemnidad de quien consulta una escritura pública, el pollo conserva una ventaja decisiva: todavía permite imaginar una comida completa sin necesidad de convocar a una reunión del directorio familiar.
La tendencia ya venía tomando forma. En 2025 el consumo promedio había alcanzado los 49 kilos por persona y este año cruzó la barrera de los 50. No fue un salto épico, pero sí suficiente para confirmar que el pollo dejó de ser una alternativa y pasó a ocupar un lugar central en la mesa argentina.
El sector también encuentra respaldo en el costado nutricional. La carne de pollo aporta proteínas, vitaminas del complejo B y minerales, además de un perfil de grasas con predominio de ácidos grasos insaturados. Es decir, consiguió reunir dos virtudes que rara vez caminan juntas en la economía doméstica: ser relativamente accesible y no exigir disculpas al nutricionista.
El resultado es una transformación silenciosa en los hábitos de consumo. El pollo gana terreno frente a otras carnes, se adapta a una enorme variedad de preparaciones y aparece cada vez más seguido en el menú cotidiano. En un país donde durante décadas la identidad cárnica tuvo nombre propio, la estadística acaba de informar que el gallinero también quiere su lugar en la historia.
