La denominada Ley Malvinas abrió una fuerte interna entre la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, y el ministro de Defensa, Carlos Presti, por el alcance del Consejo de Seguridad Nacional previsto dentro de la iniciativa.
El eje de la disputa pasa por las amplias facultades que tendría ese organismo en materia de defensa y seguridad, entre ellas la posibilidad de requerir información a provincias y municipios e imponer sanciones.
Entre sus funciones también estaría la elaboración de la Política de Seguridad Nacional, un punto que genera tensiones por la superposición entre las competencias de las Fuerzas Armadas y las correspondientes a las fuerzas de seguridad.
La histórica disputa entre la Armada y la Prefectura
La tensión entre la Armada Argentina y la Prefectura Naval tiene antecedentes de larga data, pero atraviesa ahora un momento particularmente sensible ante las versiones sobre una posible fusión entre ambas instituciones.
Dentro de la Armada, altos mandos atribuyen esa posibilidad a una iniciativa asociada a Federico Sturzenegger, en el marco de una serie de reformas vinculadas al funcionamiento del Estado y del sistema de defensa.
La Prefectura integró históricamente la estructura de la Marina hasta que, con el regreso de la democracia, durante la presidencia de Raúl Alfonsín, ambas instituciones fueron separadas y pasaron a funcionar de manera independiente, aunque inicialmente bajo la órbita del Ministerio de Defensa.
Un militar describió la superposición de competencias con la siguiente explicación: «Cuando se crea el Ministerio de Seguridad. Lo que nadie hizo fue redefinir las funciones de unas y otras. Entonces el control de la pesca lo tiene la Armada y la Prefectura, la búsqueda de la salvaguarda de la vida humana en el mar la tiene Prefectura y la tiene la Armada. Todo lo que tiene que ver con la Marina Mercante tienen un poco cada una. Se crearon dos fuerzas distintas que tienen un 70% en común».
Ese solapamiento de responsabilidades constituye uno de los puntos centrales de la discusión actual, particularmente en materia de control marítimo, pesca, navegación comercial y salvaguarda de la vida humana en el mar.
El Consejo de Seguridad Nacional, bajo cuestionamiento
Otra de las críticas apunta a la composición prevista para el Consejo de Seguridad Nacional y al lugar que ocuparía el Ministerio de Seguridad dentro de esa estructura.
Un militar en actividad sostuvo que «el Consejo de Seguridad incluye hasta el portero de la Casa de Gobierno, pero no al Ministerio de Seguridad. Sin embargo, Monteoliva considera que prevé la incorporación de participantes extra permanentes, pero no es lo mismo estar que no estar».
La objeción se extiende a los mecanismos de consulta contemplados para escenarios aéreos y marítimos.
»En los escenarios aéreos y marítimos está prevista la consulta al jefe de la Fuerza Aérea, al Estado Mayor Conjunto, al Ministerio de Defensa y para el caso mar a la Prefectura Naval pero nada dice el Ministerio de Seguridad. El punto es que los policías ven un excesivo avance del poder militar sobre el poder policial», agregó.
La preocupación dentro del área de Seguridad pasa por un eventual avance de estructuras militares sobre atribuciones tradicionalmente vinculadas a fuerzas policiales.
La posición de Prefectura
La discusión también llegó al Congreso, donde el proyecto es analizado por las comisiones de Defensa, Relaciones Exteriores y Legislación Penal.
Según el mismo militar, «las comisiones que están tratando la ley son Defensa, Relaciones Exteriores y Legislación Penal. De seguridad, nada. Entonces, con el aval de Monteoliva, la Prefectura pidió comparecer en la Comisión de Intereses Marítimos, que no tiene nada que ver con el tratamiento de la ley, para exponer su rotunda oposición a que se ataquen buques en tiempo de paz».
Desde Prefectura también se reivindica su condición de autoridad policial en aguas jurisdiccionales y se cuestiona una ampliación de las tareas militares sobre embarcaciones civiles.
»La Prefectura planteó eso y que es la única autoridad policial en el mar porque los militares no tienen nada que hacer persiguiendo barcos civiles, excepto el control de la pesca, que lo hacen como un suplemento a la labor de la Prefectura. Todo este panorama tiene a Seguridad y Prefectura enojados porque consideran que es parte del avance de Presti que, lógicamente, ve el mundo color verde», sentenció.
La controversia vuelve así a poner en primer plano la delimitación de funciones entre Defensa y Seguridad, en un escenario atravesado por la creación del nuevo Consejo, la eventual redefinición de competencias y las versiones sobre cambios estructurales entre la Armada y la Prefectura.
La denominada Ley Malvinas abrió una fuerte disputa entre la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, y el ministro de Defensa, Carlos Presti, por el alcance del futuro Consejo de Seguridad Nacional. El conflicto gira alrededor de la distribución de competencias entre Fuerzas Armadas y fuerzas de seguridad, con la Armada y la Prefectura como protagonistas de una tensión histórica que vuelve a escalar.
La discusión por la Ley Malvinas consiguió algo que parecía difícil: sumar una nueva frontera de conflicto sin mover un solo límite geográfico. Esta vez, el territorio en disputa no está en el Atlántico Sur sino entre escritorios, organigramas y competencias institucionales. De un lado aparece Defensa, con Carlos Presti; del otro, Seguridad, con Alejandra Monteoliva. En el medio, un Consejo de Seguridad Nacional que promete tener tantas atribuciones que pronto podría necesitar su propio ministerio para administrarlas.
La preocupación central pasa por quién decide qué, quién pide información a quién y, sobre todo, quién termina mandando cuando un asunto puede ser considerado simultáneamente de defensa, seguridad, control marítimo o todo lo anterior junto. El problema no es nuevo: Armada y Prefectura llevan décadas compartiendo tareas, jurisdicciones y una convivencia administrativa que parece diseñada por alguien que tenía dos reglas distintas y decidió usarlas al mismo tiempo.
Ahora, además, sobrevuela la posibilidad de una eventual fusión entre ambas fuerzas, versión que alimentó todavía más las suspicacias. En la Armada observan con inquietud las reformas asociadas a Federico Sturzenegger, mientras que en Seguridad advierten que el nuevo esquema podría ampliar demasiado la influencia militar sobre competencias policiales. El resultado es una discusión institucional donde cada organismo mira el borrador con el mismo espíritu con el que un vecino revisa una medianera recién construida: regla en mano y dispuesto a discutir cada centímetro.
La ausencia formal del Ministerio de Seguridad dentro del Consejo tampoco ayudó a bajar la temperatura. Monteoliva sostiene que pueden incorporarse participantes permanentes adicionales, aunque dentro de las fuerzas de seguridad remarcan que estar eventualmente invitado no equivale exactamente a tener una silla asegurada. En el lenguaje del poder, una silla nunca es solamente una silla.
Prefectura, por su parte, elevó su oposición a cualquier esquema que habilite ataques contra embarcaciones civiles en tiempos de paz y reclamó preservar su rol como autoridad policial marítima. Así, una ley presentada alrededor de Malvinas terminó abriendo una discusión mucho más amplia sobre quién vigila el mar, quién conduce una crisis y hasta dónde llegan los uniformes de cada organismo. El Atlántico permanece donde estaba; las fronteras burocráticas, en cambio, están nuevamente bajo revisión.
