Javier Milei completó el 10 de diciembre de 2024 su primer año como presidente de Argentina. El balance de Milei en 2024 reunió cuatro transformaciones: gobernar con una estructura partidaria reducida, trasladar la confrontación a la comunicación presidencial, recortar el gasto y postergar la dolarización.
La Libertad Avanza había surgido como una coalición electoral para su candidatura a diputado en 2021. Obtuvo reconocimiento como partido nacional en septiembre de 2024, cuando su principal dirigente ya ocupaba la Presidencia.
El oficialismo comenzó su gestión sin gobernadores propios, con menos del 10% de las bancas del Senado y alrededor del 15% de Diputados. Pese a esa minoría, consiguió aprobar iniciativas mediante negociaciones con sectores opositores, en un escenario de fragmentación política.
Los decretos de necesidad y urgencia y los vetos también formaron parte de sus herramientas. Su utilización alimentó cuestionamientos opositores sobre la relación entre el Ejecutivo y el Congreso.
La baja de la inflación y el costo del ajuste
El equilibrio fiscal fue el eje económico de la gestión. El Gobierno redujo el gasto público y defendió esa política como una condición para frenar la emisión destinada a financiar al Tesoro.
La inflación mensual pasó del 25,5% de diciembre de 2023 al 2,7% en octubre de 2024. El informe del INDEC correspondiente a octubre registró una variación interanual del 193%.
El deterioro social quedó reflejado en la medición del primer semestre de 2024: la pobreza alcanzó al 52,9% de las personas en 31 aglomerados urbanos. Había sido del 41,7% durante el segundo semestre de 2023, según el informe de pobreza e indigencia del INDEC.
Al llegar al aniversario, las encuestas de Opina Argentina y Poliarquía citadas entonces situaban la aprobación presidencial entre el 53% y el 56%. Ese respaldo convivía con dificultades de consumo e ingresos y con el rechazo de una parte importante de la población.
Confrontación pública y continuidad del peso
Milei hizo de las redes sociales una herramienta central de comunicación. Sus descalificaciones a opositores, periodistas y otros sectores generaron críticas, mientras sus seguidores defendían ese estilo como una ruptura con las formas políticas tradicionales.
La confrontación también alcanzó las relaciones internacionales y el interior del Gobierno. Durante ese primer año hubo reemplazos en la Jefatura de Gabinete, Infraestructura y Cancillería, además de un distanciamiento con la vicepresidenta Victoria Villarruel.
En el terreno monetario, la dolarización y el cierre del Banco Central quedaron postergados. El economista Fausto Spotorno vinculó esa decisión con la necesidad de resolver previamente las obligaciones de la autoridad monetaria con los bancos.
El peso se apreció y Argentina se encareció en dólares, lo que generó preocupación en el turismo y la industria. En diciembre de 2024, el Gobierno mantenía como objetivos la competencia de monedas y el levantamiento de los controles cambiarios.
Javier Milei completó su primer año de gobierno en diciembre de 2024 con menor inflación y un fuerte ajuste del gasto. Su gestión combinó negociaciones en minoría, confrontación pública y continuidad del peso. La pobreza alcanzó al 52,9% de las personas durante el primer semestre, mientras las encuestas citadas entonces ubicaban su aprobación entre el 53% y el 56%.
Javier Milei prometió terminar con el peso y cerró su primer año con la moneda apreciada. El Banco Central también seguía funcionando: la institución señalada para la demolición conservaba las paredes y la responsabilidad de administrar el problema. Entre la campaña y diciembre de 2024, la motosierra había encontrado sectores donde avanzar y otros donde convenía pedir primero el plano de las cañerías.
En el Congreso, el Presidente tenía menos del 10% de las bancas del Senado y alrededor del 15% de Diputados. Consiguió aprobar iniciativas mediante acuerdos con una oposición fragmentada, además de recurrir a decretos y vetos. La aritmética parecía adversa, pero la política argentina volvió a mostrar que una mayoría dividida puede organizarse peor que un grupo familiar tratando de elegir dónde pasar las fiestas.
La inflación mensual bajó del 25,5% de diciembre de 2023 al 2,7% de octubre de 2024. El Gobierno hizo del equilibrio fiscal su principal bandera y del recorte del gasto, su herramienta. Había una mejora concreta para exhibir, aunque la presentación oficial venía con una frase difícil de estacionar en cualquier comparación: el mayor ajuste en la historia de la humanidad, según el propio Milei.
El estilo presidencial también tuvo su reforma: mensajes en redes, descalificaciones a críticos y enfrentamientos con dirigentes, periodistas y funcionarios. Sus seguidores celebraban la ruptura con las formas tradicionales; sus detractores cuestionaban las agresiones. La comunicación del Ejecutivo parecía haber incorporado una modalidad de atención permanente: siempre había alguien esperando turno para recibir la próxima respuesta.
El peso apreciado dejó otra paradoja: Argentina se encareció en dólares, con preocupación en el turismo y la industria. La dolarización quedaba postergada, mientras las encuestas citadas al cierre de aquel primer año todavía mostraban una aprobación de entre el 53% y el 56%. En diciembre de 2024, la promesa de despedir al peso seguía vigente; el peso, mientras tanto, había conseguido renovar el contrato.
