La Cámara de Diputados de Mendoza aprobó este jueves la expulsión de Janina Ortiz, quien se convirtió en la primera legisladora provincial destituida desde el retorno de la democracia en 1983. La decisión fue adoptada por unanimidad, luego de que la exdiputada recibiera una condena por delitos de corrupción vinculados con su actuación en el departamento de Las Heras.
La votación terminó con 46 votos afirmativos y ninguna oposición. La única legisladora ausente fue Aixa Moreno, del Partido Justicialista (PJ).
Ortiz había sido condenada a tres años de prisión en suspenso e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, tras aceptar su culpabilidad mediante un juicio abreviado.
Pese a la sentencia, la legisladora no presentó su renuncia a la banca, por lo que el cuerpo parlamentario avanzó con el procedimiento institucional para disponer su remoción definitiva.
Una expulsión histórica en la Legislatura de Mendoza
La destitución de Janina Ortiz constituye un hecho sin precedentes en la Cámara de Diputados provincial desde la recuperación democrática.
Si bien anteriormente existieron casos de legisladores condenados por corrupción que optaron por renunciar a sus cargos, Ortiz decidió permanecer en su banca pese a haber reconocido su responsabilidad penal en el marco de un juicio abreviado.
Ante esta situación, la Comisión de Derechos y Garantías había aprobado el lunes anterior un dictamen que recomendaba su separación definitiva del cuerpo legislativo.
La propuesta fue tratada durante la sesión de este jueves y obtuvo el respaldo unánime de los diputados presentes, con 46 votos favorables.
De esta manera, la Legislatura formalizó la expulsión y puso fin a la permanencia de Ortiz en el cuerpo parlamentario.
La condena por corrupción y la decisión de no renunciar
La resolución legislativa se produjo después de que Ortiz fuera condenada por delitos de corrupción relacionados con hechos ocurridos en Las Heras.
En el marco de un juicio abreviado, la dirigente aceptó su culpabilidad y recibió una pena de tres años de prisión de ejecución condicional, además de una inhabilitación perpetua para desempeñar cargos públicos.
A pesar de esa situación judicial, no presentó su renuncia, lo que motivó la intervención de la Cámara de Diputados mediante los mecanismos previstos para la remoción de sus integrantes.
La decisión del cuerpo legislativo estableció así un antecedente institucional en Mendoza, al concretarse la primera expulsión de una diputada provincial desde 1983.
Declararon vacante la banca y rechazaron un reclamo salarial
Además de aprobar la destitución, la Cámara de Diputados resolvió declarar la vacancia de la banca que ocupaba Janina Ortiz.
En consecuencia, los legisladores solicitaron a la Junta Electoral que remita la información correspondiente al orden de reemplazo, con el objetivo de determinar quién deberá ocupar el escaño que quedó disponible.
Durante la misma sesión, el cuerpo también abordó un planteo judicial presentado por la exdiputada en relación con los haberes que habían sido suspendidos desde marzo de 2024.
Los legisladores aprobaron declarar «improcedente» el reclamo judicial de Ortiz por los salarios suspendidos, sumando otra resolución a las decisiones adoptadas durante la jornada.
Con la expulsión aprobada, la vacancia formalizada y el pedido elevado a la Junta Electoral, la Cámara de Diputados de Mendoza avanzó en el procedimiento para completar la representación legislativa tras una destitución que marca un precedente desde el retorno de la democracia.
La Cámara de Diputados de Mendoza expulsó este jueves a Janina Ortiz, quien se convirtió en la primera legisladora provincial destituida desde el retorno de la democracia. La decisión fue aprobada por unanimidad, con 46 votos afirmativos, después de que recibiera una condena de tres años de prisión en suspenso e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por delitos de corrupción en Las Heras.
La política mendocina acaba de incorporar un nuevo capítulo a sus libros de historia, aunque difícilmente alguien quiera incluirlo en los folletos turísticos. Janina Ortiz se convirtió en la primera legisladora provincial expulsada de la Cámara de Diputados desde el regreso de la democracia. Un récord institucional que nadie había solicitado, que no entrega medallas y que probablemente no figure entre los logros destacados de ninguna campaña electoral. La distinción llegó después de una condena por corrupción, porque aparentemente algunas trayectorias políticas también pueden terminar con una ceremonia de despedida organizada por los propios compañeros de recinto.
La exdiputada recibió una pena de tres años de prisión en suspenso e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos. Hasta allí, el panorama parecía suficientemente claro. Pero Ortiz decidió agregarle un capítulo de resistencia administrativa: pese a aceptar su culpabilidad mediante un juicio abreviado, no renunció a su banca. Una demostración de apego al cargo que habría resultado conmovedora si no existiera una condena judicial en el medio.
La Cámara debió entonces avanzar con el procedimiento de expulsión, una tarea que terminó reuniendo un consenso político poco frecuente. Fueron 46 votos afirmativos y ninguna oposición, con una legisladora ausente. En tiempos en los que los bloques pueden discutir durante horas hasta el color de una carpeta, conseguir unanimidad constituye un acontecimiento digno de estudio. La condena logró, al menos en esta votación, aquello que innumerables proyectos legislativos persiguen sin éxito: poner a todos de acuerdo.
Pero la historia todavía reservaba un detalle particularmente llamativo. Además de la expulsión, los diputados declararon improcedente el reclamo judicial de Ortiz por los salarios suspendidos desde marzo de 2024. Porque una cosa es perder la banca y otra, aparentemente, resignarse a que la discusión sobre los haberes termine en el mismo expediente de los recuerdos institucionales.
La Legislatura también declaró vacante el escaño y pidió a la Junta Electoral que informe quién debe ocuparlo. El sistema democrático, que suele avanzar con la velocidad de un expediente trasladado entre oficinas, encontró esta vez una manera bastante contundente de resolver una situación excepcional: votar la expulsión y comenzar el trámite de reemplazo.
Así, Ortiz consiguió quedar registrada en la historia parlamentaria de Mendoza por una razón muy distinta de las que suelen aparecer en los discursos de asunción. La primera expulsión desde 1983 deja una postal tan insólita como reveladora: mientras algunos dirigentes aspiran a que sus nombres permanezcan asociados a grandes leyes, otros terminan inaugurando categorías estadísticas que la democracia preferiría no necesitar.
