El partido se jugó el sábado 7 de noviembre en el estadio Víctor Legrotaglie, por la fecha 16, la última de la fase regular. Se definió en el quinto minuto de descuento y con un jugador menos en cada equipo.
Cómo fueron los goles
Germán Guiffrey puso el 1-0 de Gimnasia de cabeza, en el cierre del primer tiempo (45+2), tras un tiro de esquina. El cabezazo entró junto al palo de Nicolás Bolcato.
La igualdad llegó en la última jugada: Luis Sequeira remató, el arquero César Rigamonti dejó rebote y el colombiano Luis Díaz empujó el 1-1 a los 94 minutos.
Las dos expulsiones
El árbitro Facundo Tello echó a José Florentín, de Independiente Rivadavia, con roja directa a los 17 minutos del primer tiempo, por una patada a Fermín Antonini en un forcejeo dentro del área. Jorge Baliño estuvo a cargo del VAR.
Gimnasia también terminó con diez jugadores: Luciano Cingolani vio la segunda amarilla a los 38 minutos del segundo tiempo. Independiente jugó el resto del partido con un hombre menos.
Qué pasa con la clasificación
Con el punto, Independiente Rivadavia quedó 7° de la Zona B con 23 unidades y Gimnasia 8° de la Zona A con 22. Los dos siguen en zona de clasificación a octavos de final.
En la tabla anual, Independiente Rivadavia terminó 4°, a dos puntos de Rosario Central, que con 59 unidades es el último clasificado a la próxima Copa Libertadores.
El clásico cerró la fecha 16 y se jugó a las 15 en el Víctor Legrotaglie, con Gimnasia como local, como figuraba en la programación de la fecha.
Terminada la fase regular, la próxima instancia son los octavos de final del Torneo Clausura, con los dos equipos mendocinos adentro. La fecha y los cruces todavía no están definidos.
Gimnasia e Independiente Rivadavia empataron 1-1 en el clásico cuyano de la fecha 16 del Torneo Clausura, en el estadio Víctor Legrotaglie. Germán Guiffrey marcó de cabeza para Gimnasia y Luis Díaz igualó a los 94 minutos. Hubo un expulsado por lado y los dos equipos terminaron con diez jugadores. Con el punto, Independiente quedó 7° de la Zona B y Gimnasia 8° de la Zona A: siguen en zona de octavos.
El sábado 7 de noviembre a las 15, bajo el sol implacable del estadio Víctor Legrotaglie y con la lucidez mental reducida a cenizas por la decimosexta y última fecha regular del Torneo Clausura, Gimnasia e Independiente Rivadavia protagonizaron un clásico cuyano digno de guion cinematográfico de bajísimo presupuesto. Facundo Tello, asistido por Jorge Baliño desde esa dimensión paralela llamada VAR, tardó apenas 17 minutos en inaugurar el festival de la violencia estética: José Florentín le estampó una caricia desmedida a Fermín Antonini en el área y marchó a las duchas con roja directa sin escalas. Como si jugar con diez fuera un castigo tolerable, Germán Guiffrey clavó a los 45+2 un cabezazo contra el poste de Nicolás Bolcato para poner el 1-0 del Lobo y obligar a media provincia a replantearse sus elecciones de vida un sábado por la tarde.
La segunda mitad no fue apta para hipertensos ni para fanáticos de la táctica prolija. A los 38 minutos, Luciano Cingolani decidió solidarizarse con la inferioridad numérica ajena, acumuló su segunda tarjeta amarilla y dejó a Gimnasia también con diez hombres sobre el césped, transformando el clásico en un duelo de supervivencia extrema. Cuando el pitazo final era un mero trámite administrativo, Luis Sequeira sacó un misil desesperado a los 94 minutos, César Rigamonti ofreció un rebote tan generoso que merecía tributar en AFIP, y el colombiano Luis Díaz apareció flotando como un fantasma para empujar el agónico 1-1 en el quinto minuto de descuento.
El empate no resolvió disputas territoriales ni sanó heridas eternas, pero el tablero matemático dictó que ambos festejen con cara de póker: la Lepra sumó 23 puntos para asegurarse el séptimo puesto de la Zona B, mientras que Gimnasia trepó a 22 unidades para aferrarse con las uñas al octavo escalón de la Zona A, depositando a los dos en los ansiados octavos de final. Por si fuera poco combustible para la caldera neuronal, Independiente Rivadavia quedó cuarto en la tabla anual con la calculadora encendida, a escasos dos puntos de Rosario Central y su plaza de Copa Libertadores, dejando a Mendoza entera en un limbo existencial a la espera de cruces y fechas que todavía nadie sabe cuándo demonios se jugarán.
