El papa León XIV pronunció este domingo 8 de noviembre en el Palacio Libertad, junto al presidente Javier Milei, su primer discurso oficial en la Argentina. Ante funcionarios, legisladores, gobernadores y miembros del cuerpo diplomático, el pontífice dejó definiciones sobre la economía, el trabajo, la educación, la democracia, la lucha contra la corrupción y el cuidado de los recursos naturales del país.
La definición central del mensaje papal apuntó al ordenamiento económico frente a la sociedad: «La economía debe estar al servicio de la persona, y no la persona al servicio de la economía». En esa línea, León XIV pidió favorecer las medidas que abran oportunidades, estimulen la iniciativa privada y aseguren que el crecimiento alcance a quienes encuentran mayores dificultades, entre ellos las familias con incertidumbre, los desocupados, los adultos mayores y quienes tienen empleo pero no logran cubrir las necesidades básicas de su hogar.
Recursos naturales y emigración juvenil
En el tramo dedicado al territorio, el pontífice destacó que la Argentina cuenta con una extraordinaria riqueza natural en campos, reservas de agua, fuentes de energía, minerales y ecosistemas. Sobre ese punto, reclamó una ecología auténticamente humana capaz de unir el cuidado de la creación al de las personas: «Una ecología auténticamente humana sabe unir el cuidado de la creación al de las personas, procurando que el aprovechamiento de estos recursos contribuya al bienestar de las comunidades y preserve las condiciones que hacen posible la vida y el trabajo en sus territorios».
Al referirse a la situación de las nuevas generaciones, León XIV puso el foco en el desarraigo de quienes buscan futuro en el exterior. «Una nación debe preguntarse seriamente en qué ha fallado cuando sus jóvenes deben abandonar su tierra para realizar sus sueños», afirmó el Papa, al tiempo que reclamó robustecer la educación pública y privada, la formación profesional, las universidades y los centros de investigación técnica y científica.
Instituciones, límites del poder y homenaje a Francisco
El pontífice también abordó la calidad institucional y advirtió que la corrupción erosiona de manera directa la confianza de los ciudadanos en sus instituciones. Asimismo, ubicó al crimen organizado, las redes de trata de personas y el tráfico de armas y drogas entre las principales amenazas a la convivencia democrática, problemáticas para las que solicitó una acción coordinada entre los Estados.
Al dirigirse a los gobernantes, sostuvo que la autoridad alcanza su sentido más alto cuando se ejerce como servicio, por lo que quien administra el Estado debe reconocer los límites del poder conferido y orientar cada decisión al bien común. En materia de convivencia, exhortó a cuidar el sufragio, la participación cívica, la libertad de expresión y la vigencia de la ley, procesando las discrepancias a través del diálogo.
Durante su intervención, León XIV dedicó palabras a su antecesor argentino: «Hoy, al sucederle en el ministerio petrino, recorro en cierto modo el camino inverso. Vengo a la patria donde el papa Francisco comenzó una historia». También reiteró la defensa de la vida humana desde sus primeros instantes hasta su término natural, con especial resguardo para personas enfermas o con discapacidad, y cerró su alocución con una bendición para todo el país.
El papa León XIV pronunció este domingo su primer discurso en la Argentina en el Palacio Libertad, junto al presidente Javier Milei. El pontífice afirmó que la economía debe estar al servicio de la persona y pidió cuidar los recursos naturales, evitar la emigración juvenil y combatir la corrupción.
El multiverso diplomático colapsó de manera definitiva este domingo 8 de noviembre cuando el papa León XIV se plantó en el Palacio Libertad, hombro a hombro con Javier Milei, para soltar una de esas frases que hacen transpirar frío a cualquier fanático de la planilla de cálculo: «La economía debe estar al servicio de la persona, y no la persona al servicio de la economía». Frente a una platea repleta de gobernadores, legisladores y diplomáticos que miraban de reojo para calcular cuántas oraciones faltaban antes de desmayarse de la incomodidad, el pontífice pidió impulsar la iniciativa privada, sí, pero avisó que el crecimiento tiene que alcanzar a los desocupados, a las familias en la incertidumbre y a quienes aun con empleo no llegan a cubrir las necesidades básicas de su hogar.
Como si el termostato de la tensión institucional necesitara un empujón más hacia el precipicio, León XIV miró el mapa criollo cargado de agua, minerales, campos y energía para exigir «una ecología auténticamente humana» que no liquide los territorios a cambio de aplausos fugaces. Inmediatamente después clavó la daga generacional directo al pecho de la dirigencia con un reproche quirúrgico: «Una nación debe preguntarse seriamente en qué ha fallado cuando sus jóvenes deben abandonar su tierra para realizar sus sueños». Para frenar ese éxodo interminable, no propuso rezos místicos sino algo infinitamente más revolucionario para los despachos oficiales: blindar la educación pública y privada, las universidades y los centros de investigación técnica y científica.
El remate de la jornada pareció un manual de instrucciones para no implosionar una república: recordó que gobernar es servir, que el poder tiene límites infranqueables y que la corrupción devora la confianza ciudadana con la misma voracidad que el crimen organizado, las redes de trata y el narcotráfico. Tras evocar el legado de Francisco al declarar «Hoy, al sucederle en el ministerio petrino, recorro en cierto modo el camino inverso. Vengo a la patria donde el papa Francisco comenzó una historia», el pontífice bendijo a todo el país, dejando a la comitiva oficial aplaudiendo con una mano y secándose el sudor de la frente con la otra.
