La ciudad suiza de Ginebra fue escenario este domingo de una multitudinaria protesta contra la próxima cumbre del G7, que derivó en graves incidentes, enfrentamientos con la policía, vehículos incendiados y daños en distintos sectores urbanos.
Según informó la policía suiza, alrededor de 7.000 personas participaron de la única manifestación autorizada contra el encuentro de líderes de las principales potencias occidentales, previsto entre el 15 y el 17 de junio en la localidad francesa de Évian-les-Bains.
La movilización fue convocada por organizaciones sociales y colectivos activistas que rechazan la realización de la cumbre del G7, integrada por Francia, Reino Unido, Canadá, Alemania, Italia, Japón, Estados Unidos y la Unión Europea. Durante el encuentro, los mandatarios debatirán cuestiones vinculadas a la economía global y a los conflictos internacionales que afectan actualmente a Ucrania y Medio Oriente.
Máximo operativo de seguridad
Las autoridades desplegaron un amplio dispositivo de seguridad ante el recuerdo de los disturbios registrados durante la cumbre de 2003, celebrada también en Évian-les-Bains. Como medida preventiva, numerosos comercios de Ginebra protegieron sus vidrieras con tablones de madera y reforzaron sus sistemas de vigilancia.
El operativo se extiende además a la frontera entre Suiza y Francia. Las autoridades suizas dispusieron el cierre de 21 de los 26 pasos fronterizos que conectan ambos países y movilizaron a 4.000 militares para respaldar a las fuerzas policiales.
Del lado francés, más de 13.000 policías y gendarmes fueron desplegados para garantizar la seguridad de la cumbre y de los mandatarios que participarán del encuentro.
Los temas que marcarán la agenda
La cumbre se extenderá hasta el 17 de junio y contará con la presencia de invitados internacionales, entre ellos los presidentes de Brasil, Ucrania, Kenia y Egipto, además de representantes de India, Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
Uno de los ejes centrales será la guerra en Ucrania. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, expresó su expectativa de que el encuentro permita avanzar hacia medidas concretas para alcanzar un alto el fuego y una salida negociada al conflicto iniciado tras la invasión rusa de 2022.
En los días previos a la cumbre, Zelenski mantuvo contactos diplomáticos con el presidente estadounidense, Donald Trump, en busca de respaldo para impulsar nuevas iniciativas orientadas a la resolución del conflicto.
Críticas al G7 y estallido de violencia
La protesta reunió a activistas llegados desde distintos países europeos que cuestionan el papel del G7 en la gestión de los asuntos económicos y geopolíticos globales.
“Es una reunión de ricos que demuestra, una vez más, cómo ellos pueden hacerse más ricos, mientras que los pobres se quedan atrás”, afirmó Pippa Saugy, una de las participantes de la movilización.
Por su parte, la portavoz de la coalición No G7, Françoise Nyffeler, sostuvo: “Tenemos mucho miedo de la política del señor Trump y también de la de los demás líderes del G7, porque están peleando y haciendo la guerra por todas partes”.
La situación se tornó violenta cuando un grupo de manifestantes se separó de la marcha principal y comenzó a enfrentarse con las fuerzas de seguridad. Testigos señalaron que durante los disturbios se lanzaron piedras y bengalas, mientras que algunos edificios vinculados a Naciones Unidas fueron alcanzados por los ataques.
Los incidentes dejaron además vehículos incendiados y diversos daños materiales, en una jornada marcada por la tensión y la preocupación de las autoridades ante el inicio de una de las reuniones internacionales más relevantes del año.
<p>Una multitudinaria protesta contra la próxima cumbre del G7 derivó en violentos incidentes en Ginebra, Suiza. Miles de manifestantes marcharon contra el encuentro de líderes de las principales potencias occidentales, mientras grupos aislados protagonizaron enfrentamientos con la policía, provocaron incendios y causaron daños en edificios y vehículos. Las autoridades reforzaron la seguridad ante el inicio de la cumbre en Francia.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Ginebra suele aparecer en los mapas mentales del mundo como la capital de la diplomacia, los acuerdos internacionales y las reuniones donde personas con trajes impecables intentan resolver problemas que, en ocasiones, ellas mismas ayudaron a crear. Pero este fin de semana la postal fue bastante distinta: humo, sirenas, vidrieras protegidas y miles de manifestantes recordando que no todos están convencidos de que las grandes decisiones globales deban tomarse entre un puñado de líderes y varias mesas de catering.
La ciudad suiza se preparó durante semanas para la llegada de la cumbre del G7 con la misma tranquilidad con la que alguien espera una tormenta mientras clava maderas en las ventanas. Los comercios blindaron sus vidrieras, las fuerzas de seguridad desplegaron efectivos por tierra, aire y probablemente hasta debajo de las baldosas, mientras las autoridades cerraban pasos fronterizos para evitar sorpresas desagradables.
Y las sorpresas llegaron igual. Porque cuando miles de activistas desembarcan en una ciudad para cuestionar el funcionamiento de la economía mundial, el resultado rara vez se limita a una caminata silenciosa. Las consignas contra las desigualdades, las guerras y las políticas de las principales potencias fueron ganando volumen hasta convertirse en una demostración de fuerza que reunió a personas llegadas desde distintos rincones de Europa.
En el centro de las críticas apareció el G7, ese selecto club de países que para sus defensores representa un espacio de coordinación internacional y para sus detractores funciona como una reunión privada donde los problemas globales suelen analizarse desde los asientos más cómodos de la sala. La diferencia entre ambas miradas quedó reflejada en las calles de Ginebra, donde algunos veían una oportunidad para discutir soluciones y otros una confirmación de que las decisiones siguen concentradas en pocas manos.
La tensión escaló cuando grupos separados de la manifestación principal comenzaron a enfrentarse con la policía. Piedras, bengalas, corridas y vehículos incendiados rompieron cualquier ilusión de jornada pacífica. Los edificios vinculados a Naciones Unidas también quedaron en medio de los disturbios, recordando que en tiempos de descontento global ni siquiera los símbolos de la diplomacia internacional están completamente a salvo de la bronca callejera.
Mientras tanto, a pocos kilómetros de allí, los líderes mundiales se preparan para debatir sobre economía, guerras y estabilidad internacional. Una coincidencia casi poética: dentro de los salones se discutirán los problemas del planeta; afuera, miles de personas intentarán explicar por qué creen que esos problemas existen.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La ciudad suiza de Ginebra fue escenario este domingo de una multitudinaria protesta contra la próxima cumbre del G7, que derivó en graves incidentes, enfrentamientos con la policía, vehículos incendiados y daños en distintos sectores urbanos.
Según informó la policía suiza, alrededor de 7.000 personas participaron de la única manifestación autorizada contra el encuentro de líderes de las principales potencias occidentales, previsto entre el 15 y el 17 de junio en la localidad francesa de Évian-les-Bains.
La movilización fue convocada por organizaciones sociales y colectivos activistas que rechazan la realización de la cumbre del G7, integrada por Francia, Reino Unido, Canadá, Alemania, Italia, Japón, Estados Unidos y la Unión Europea. Durante el encuentro, los mandatarios debatirán cuestiones vinculadas a la economía global y a los conflictos internacionales que afectan actualmente a Ucrania y Medio Oriente.
Máximo operativo de seguridad
Las autoridades desplegaron un amplio dispositivo de seguridad ante el recuerdo de los disturbios registrados durante la cumbre de 2003, celebrada también en Évian-les-Bains. Como medida preventiva, numerosos comercios de Ginebra protegieron sus vidrieras con tablones de madera y reforzaron sus sistemas de vigilancia.
El operativo se extiende además a la frontera entre Suiza y Francia. Las autoridades suizas dispusieron el cierre de 21 de los 26 pasos fronterizos que conectan ambos países y movilizaron a 4.000 militares para respaldar a las fuerzas policiales.
Del lado francés, más de 13.000 policías y gendarmes fueron desplegados para garantizar la seguridad de la cumbre y de los mandatarios que participarán del encuentro.
Los temas que marcarán la agenda
La cumbre se extenderá hasta el 17 de junio y contará con la presencia de invitados internacionales, entre ellos los presidentes de Brasil, Ucrania, Kenia y Egipto, además de representantes de India, Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
Uno de los ejes centrales será la guerra en Ucrania. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, expresó su expectativa de que el encuentro permita avanzar hacia medidas concretas para alcanzar un alto el fuego y una salida negociada al conflicto iniciado tras la invasión rusa de 2022.
En los días previos a la cumbre, Zelenski mantuvo contactos diplomáticos con el presidente estadounidense, Donald Trump, en busca de respaldo para impulsar nuevas iniciativas orientadas a la resolución del conflicto.
Críticas al G7 y estallido de violencia
La protesta reunió a activistas llegados desde distintos países europeos que cuestionan el papel del G7 en la gestión de los asuntos económicos y geopolíticos globales.
“Es una reunión de ricos que demuestra, una vez más, cómo ellos pueden hacerse más ricos, mientras que los pobres se quedan atrás”, afirmó Pippa Saugy, una de las participantes de la movilización.
Por su parte, la portavoz de la coalición No G7, Françoise Nyffeler, sostuvo: “Tenemos mucho miedo de la política del señor Trump y también de la de los demás líderes del G7, porque están peleando y haciendo la guerra por todas partes”.
La situación se tornó violenta cuando un grupo de manifestantes se separó de la marcha principal y comenzó a enfrentarse con las fuerzas de seguridad. Testigos señalaron que durante los disturbios se lanzaron piedras y bengalas, mientras que algunos edificios vinculados a Naciones Unidas fueron alcanzados por los ataques.
Los incidentes dejaron además vehículos incendiados y diversos daños materiales, en una jornada marcada por la tensión y la preocupación de las autoridades ante el inicio de una de las reuniones internacionales más relevantes del año.
Ginebra suele aparecer en los mapas mentales del mundo como la capital de la diplomacia, los acuerdos internacionales y las reuniones donde personas con trajes impecables intentan resolver problemas que, en ocasiones, ellas mismas ayudaron a crear. Pero este fin de semana la postal fue bastante distinta: humo, sirenas, vidrieras protegidas y miles de manifestantes recordando que no todos están convencidos de que las grandes decisiones globales deban tomarse entre un puñado de líderes y varias mesas de catering.
La ciudad suiza se preparó durante semanas para la llegada de la cumbre del G7 con la misma tranquilidad con la que alguien espera una tormenta mientras clava maderas en las ventanas. Los comercios blindaron sus vidrieras, las fuerzas de seguridad desplegaron efectivos por tierra, aire y probablemente hasta debajo de las baldosas, mientras las autoridades cerraban pasos fronterizos para evitar sorpresas desagradables.
Y las sorpresas llegaron igual. Porque cuando miles de activistas desembarcan en una ciudad para cuestionar el funcionamiento de la economía mundial, el resultado rara vez se limita a una caminata silenciosa. Las consignas contra las desigualdades, las guerras y las políticas de las principales potencias fueron ganando volumen hasta convertirse en una demostración de fuerza que reunió a personas llegadas desde distintos rincones de Europa.
En el centro de las críticas apareció el G7, ese selecto club de países que para sus defensores representa un espacio de coordinación internacional y para sus detractores funciona como una reunión privada donde los problemas globales suelen analizarse desde los asientos más cómodos de la sala. La diferencia entre ambas miradas quedó reflejada en las calles de Ginebra, donde algunos veían una oportunidad para discutir soluciones y otros una confirmación de que las decisiones siguen concentradas en pocas manos.
La tensión escaló cuando grupos separados de la manifestación principal comenzaron a enfrentarse con la policía. Piedras, bengalas, corridas y vehículos incendiados rompieron cualquier ilusión de jornada pacífica. Los edificios vinculados a Naciones Unidas también quedaron en medio de los disturbios, recordando que en tiempos de descontento global ni siquiera los símbolos de la diplomacia internacional están completamente a salvo de la bronca callejera.
Mientras tanto, a pocos kilómetros de allí, los líderes mundiales se preparan para debatir sobre economía, guerras y estabilidad internacional. Una coincidencia casi poética: dentro de los salones se discutirán los problemas del planeta; afuera, miles de personas intentarán explicar por qué creen que esos problemas existen.