El sábado 17 de octubre se movilizaron estudiantes, sindicatos, sectores de los chalecos amarillos y otros colectivos, según informaron medios. El reclamo apuntó al encarecimiento de la vida, en especial de la energía, los combustibles y los alimentos, y a mejores condiciones educativas y servicios públicos.
Las detenciones se contaron en dos momentos. A media tarde el balance era de 272 y hacia las 19:52 llegaba a unas 400, según informaron medios que citaron al ministro del Interior, Laurent Nuñez. Medios también informaron daños en edificios y comercios.
Qué pasó con el metro en París
RATP informó que, por pedido de la Prefectura de Policía, hubo estaciones cerradas desde las 8 y otras desde el mediodía. Entre ellas figuraron Charles de Gaulle–Étoile, George V, Bastille, Bourse y Pigalle.
Los trenes pasaban sin detenerse y algunas líneas de colectivo podían desviarse o limitarse. La reapertura quedaba sujeta a la autorización policial. El aviso de RATP estaba actualizado a las 15:10 del sábado 17 de octubre.
Qué medidas anunció el Gobierno antes de las protestas
El Ministerio de Educación anunció el 8 de octubre el despliegue de más de 3.000 docentes suplentes en los liceos con mayores necesidades. Además, abrió una consulta anónima para estudiantes secundarios hasta el 23 de octubre y anunció una restitución nacional de las respuestas para fin de mes.
En una conferencia del 14 de octubre, la portavoz Maud Brégeon anunció que Francia liberaría 10 millones de barriles de petróleo antes del 1 de noviembre, según el reporte oficial del Gobierno. También señaló un acuerdo con distribuidores para bajar 18 centavos el precio de los combustibles en las semanas siguientes.
La jornada sigue a la revuelta estudiantil que ya había dejado miles de detenidos y decenas de escuelas dañadas.
Estudiantes, sindicatos y sectores de los chalecos amarillos reclamaron mejores condiciones educativas y servicios públicos. RATP informó que los trenes pasaban sin detenerse en las estaciones cerradas de París.
Unas 400 detenciones hacia las 19:52, y el metro de París pasando de largo. El sábado 17 de octubre la calle volvió a juntar estudiantes, sindicatos y un resto de chalecos amarillos por la luz, la nafta, la comida y la escuela. El recorrido ya lo conocen de memoria, como la fila del registro: volvés porque el turno anterior no alcanzó.
A media tarde el parte decía 272 detenidos. Hacia las 19:52, medios que citaron al ministro del Interior, Laurent Nuñez, lo llevaban a unas 400. Dos números para el mismo sábado. Parece el presupuesto del mes, que a la mañana cierra y a la noche ya no existe.
En París, RATP cerró estaciones por pedido de la Prefectura de Policía, unas desde las 8 y otras desde el mediodía: Charles de Gaulle–Étoile, George V, Bastille, Bourse y Pigalle. Los trenes seguían, pero sin parar, y algunos colectivos podían desviarse o achicarse. Viajar y no poder bajar es una especialidad que cualquier usuario del subte entiende sin folleto. El aviso estaba actualizado a las 15:10 y la reapertura quedaba en la policía. Medios también informaron daños en edificios y comercios.
Antes de la marcha, el Ministerio de Educación ya había anunciado, el 8 de octubre, más de 3.000 docentes suplentes para los liceos con más necesidades. Sumó una consulta anónima para secundarios hasta el 23 de octubre y un balance nacional de las respuestas para fin de mes. Consultar a los alumnos suena bien. El matafuego, como siempre, llega con el parte de después.
El 14 de octubre, la portavoz Maud Brégeon dijo que Francia iba a liberar 10 millones de barriles de petróleo antes del 1 de noviembre y que había un acuerdo con los distribuidores para bajar 18 centavos los combustibles en las semanas siguientes. Dieciocho centavos es el descuento de la caja cuando el ticket ya te arruinó el mes.
La calle pidió energía, comida y escuela. El comunicado contestó con barriles, suplentes y una consulta. En Francia, como en el grupo de WhatsApp del consorcio, el parte llega; el arreglo, después.
