El Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Deportes de Mendoza solicitó la cesantía de una agente pública que se desempeñaba en la Dirección de Atención a las Personas con Discapacidad, luego de que una investigación administrativa comprobara un extenso período de ausencias injustificadas en su lugar de trabajo.
Ausencias reiteradas y suspensión del salario
De acuerdo con la investigación interna, la trabajadora registró cuatro inasistencias injustificadas en diciembre de 2024, tres en enero de 2025 y ocho durante febrero. La situación se agravó en marzo, cuando solo concurrió a trabajar durante dos jornadas, mientras que en abril continuó sin presentarse a prestar servicios.
Frente a esta situación, el Estado dispuso el corte preventivo del pago de haberes en abril de 2025. Desde entonces, la agente no volvió a desempeñar funciones.
Avanza el proceso de cesantía
Los instructores del sumario concluyeron que las inasistencias superan ampliamente el límite previsto por la normativa para disponer la baja definitiva del empleo público, por lo que recomendaron avanzar con la cesantía.
Como la empleada posee domicilio ignorado y los intentos previos para localizarla resultaron infructuosos, el Ministerio resolvió que la notificación del procedimiento se realice mediante la publicación de edictos, con el objetivo de continuar formalmente el proceso administrativo de expulsión.
El Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Deportes de Mendoza inició el proceso de cesantía de una agente de la Dirección de Atención a las Personas con Discapacidad tras comprobar reiteradas ausencias injustificadas entre diciembre de 2024 y abril de 2025. La empleada dejó de percibir su salario de manera preventiva y será notificada mediante edictos debido a que su domicilio es desconocido.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Hay personas que sueñan con el trabajo remoto. Otras directamente parecieran haber ensayado una modalidad todavía más innovadora: el empleo cuántico. Según el registro administrativo, la agente pertenecía a la Dirección de Atención a las Personas con Discapacidad, aunque durante varios meses su presencia fue tan esquiva que terminó convirtiéndose en un misterio burocrático. Cada planilla de asistencia parecía una novela policial donde el protagonista nunca llegaba a escena.
La administración pública, que suele tener fama de avanzar con la velocidad de un glaciar en pantuflas, encontró esta vez un dato difícil de ignorar: las ausencias crecían con una constancia digna de un calendario. Cuatro días en diciembre, tres en enero, ocho en febrero y, cuando parecía que la estadística ya había dicho todo, marzo decidió superarse con apenas dos jornadas laborales registradas. Abril directamente quedó reservado para el silencio administrativo, porque ni la agente apareció ni el sueldo siguió el mismo camino.
Los instructores del sumario hicieron lo que hacen los instructores del sumario: contar días, revisar antecedentes y desempolvar la normativa. El resultado no dejó demasiado espacio para la imaginación. Si las faltas injustificadas ya habían cruzado el límite legal, la ausencia prolongada terminó de convertir el expediente en una autopista hacia la cesantía. La burocracia podrá tardar, pero también tiene memoria y, sobre todo, planillas.
Como si al expediente le faltara un último giro argumental, apareció otro inconveniente: nadie logró ubicar a la trabajadora. Los intentos de notificación fracasaron y el domicilio pasó a integrar la categoría de «ignorado». Así, los edictos entraron en escena, ese recurso que demuestra que, incluso en tiempos de mensajería instantánea, el Estado todavía conserva métodos clásicos para avisarle a alguien que su situación laboral cambió bastante mientras estaba… ausente.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Deportes de Mendoza solicitó la cesantía de una agente pública que se desempeñaba en la Dirección de Atención a las Personas con Discapacidad, luego de que una investigación administrativa comprobara un extenso período de ausencias injustificadas en su lugar de trabajo.
Ausencias reiteradas y suspensión del salario
De acuerdo con la investigación interna, la trabajadora registró cuatro inasistencias injustificadas en diciembre de 2024, tres en enero de 2025 y ocho durante febrero. La situación se agravó en marzo, cuando solo concurrió a trabajar durante dos jornadas, mientras que en abril continuó sin presentarse a prestar servicios.
Frente a esta situación, el Estado dispuso el corte preventivo del pago de haberes en abril de 2025. Desde entonces, la agente no volvió a desempeñar funciones.
Avanza el proceso de cesantía
Los instructores del sumario concluyeron que las inasistencias superan ampliamente el límite previsto por la normativa para disponer la baja definitiva del empleo público, por lo que recomendaron avanzar con la cesantía.
Como la empleada posee domicilio ignorado y los intentos previos para localizarla resultaron infructuosos, el Ministerio resolvió que la notificación del procedimiento se realice mediante la publicación de edictos, con el objetivo de continuar formalmente el proceso administrativo de expulsión.
El Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Deportes de Mendoza inició el proceso de cesantía de una agente de la Dirección de Atención a las Personas con Discapacidad tras comprobar reiteradas ausencias injustificadas entre diciembre de 2024 y abril de 2025. La empleada dejó de percibir su salario de manera preventiva y será notificada mediante edictos debido a que su domicilio es desconocido.
Hay personas que sueñan con el trabajo remoto. Otras directamente parecieran haber ensayado una modalidad todavía más innovadora: el empleo cuántico. Según el registro administrativo, la agente pertenecía a la Dirección de Atención a las Personas con Discapacidad, aunque durante varios meses su presencia fue tan esquiva que terminó convirtiéndose en un misterio burocrático. Cada planilla de asistencia parecía una novela policial donde el protagonista nunca llegaba a escena.
La administración pública, que suele tener fama de avanzar con la velocidad de un glaciar en pantuflas, encontró esta vez un dato difícil de ignorar: las ausencias crecían con una constancia digna de un calendario. Cuatro días en diciembre, tres en enero, ocho en febrero y, cuando parecía que la estadística ya había dicho todo, marzo decidió superarse con apenas dos jornadas laborales registradas. Abril directamente quedó reservado para el silencio administrativo, porque ni la agente apareció ni el sueldo siguió el mismo camino.
Los instructores del sumario hicieron lo que hacen los instructores del sumario: contar días, revisar antecedentes y desempolvar la normativa. El resultado no dejó demasiado espacio para la imaginación. Si las faltas injustificadas ya habían cruzado el límite legal, la ausencia prolongada terminó de convertir el expediente en una autopista hacia la cesantía. La burocracia podrá tardar, pero también tiene memoria y, sobre todo, planillas.
Como si al expediente le faltara un último giro argumental, apareció otro inconveniente: nadie logró ubicar a la trabajadora. Los intentos de notificación fracasaron y el domicilio pasó a integrar la categoría de «ignorado». Así, los edictos entraron en escena, ese recurso que demuestra que, incluso en tiempos de mensajería instantánea, el Estado todavía conserva métodos clásicos para avisarle a alguien que su situación laboral cambió bastante mientras estaba… ausente.