El impacto de las Fuerzas Operativas Especiales de la Policía de Mendoza suele quedar fuera de los primeros planos, aunque sus resultados muestran la dimensión de una tarea sostenida bajo condiciones extremas. En los últimos ocho años, las distintas unidades que integran las FOE lograron salvar 439 vidas.
La intervención más reciente ocurrió en el dique Valle Grande, en San Rafael. Allí, después de varias horas de máxima tensión, los equipos tácticos y de negociación consiguieron rescatar con vida a una persona que atravesaba una crisis.
«Lo más satisfactorio de todo esto es ver a alguien que estuvo al borde de entregar su vida y que, de repente, a través del trabajo en equipo, se gira llorando y abraza a quienes lo estaban esperando», reflexiona en una entrevista exclusiva con radio Nihuil el comisario Javier Ortiz, jefe del Grupo Especial de Seguridad (GES) y referente de las FOE.
Ese desenlace es el resultado de un sistema en el que deben funcionar de manera coordinada la precisión táctica, la tecnología y la sensibilidad humana. El escenario de intervención también cambió con el paso de los años: los intentos de suicidio superaron a los hechos delictivos con toma de rehenes, que anteriormente representaban el cuadro más habitual.
En la actualidad, las crisis de salud mental, la violencia de género, el consumo problemático y los conflictos familiares concentran gran parte de las actuaciones de los grupos especializados.
Un sistema integrado por cuatro unidades
Las Fuerzas Operativas Especiales no conforman un grupo homogéneo, sino una estructura integrada por cuatro unidades que intervienen de acuerdo con las características de cada situación.
El Grupo Especial de Seguridad (GES) es el brazo técnico y de apoyo armado. Participa en allanamientos de alto riesgo junto con áreas de Investigaciones o Narcocriminalidad y se ocupa de la contención táctica del perímetro durante episodios de alta complejidad.
El Grupo de Resolución de Incidentes y Secuestros (GRIS) concentra las tareas de negociación. Su objetivo es establecer canales de diálogo y resolver los conflictos de manera pacífica, evitando el uso de la fuerza.
La División Táctica de Explosivos trabaja en la detección y neutralización de amenazas. Su actividad preventiva comienza diariamente a las 5, con inspecciones en la Casa de Gobierno y en el despacho del gobernador antes del inicio de la actividad oficial.
La Unidad Policial de Asistencia al Turista (UPAT), cuyos efectivos se distinguen por una franja naranja en sus uniformes y móviles, brinda asistencia a visitantes extranjeros. Además, aporta intérpretes de idiomas o de lengua de señas cuando una persona involucrada en una crisis requiere una mediación especial.
El Comité de Crisis y la toma de decisiones
Cuando se activa una alerta por una persona atrincherada, una toma de rehenes o un intento de suicidio, comienza un protocolo específico. En ese momento se conforma un Comité de Crisis integrado por especialistas de distintas áreas y presidido por un jefe jerárquico, quien evalúa cada movimiento antes de avanzar.
«Somos una máquina de tomar decisiones en ese momento; la ponemos en tela de juicio constante y evaluamos si lo que decidimos es lo correcto», señala el entrevistado.
Entre las herramientas utilizadas aparece el denominado “cambio empático”. Cuando la conversación con un negociador deja de avanzar o ingresa en una meseta, ese efectivo es reemplazado para modificar la dinámica del intercambio.
También se aplica un aislamiento total de la escena con el objetivo de evitar interferencias externas. Si la situación lo requiere, los equipos pueden bloquear las señales de telefonía celular dentro del inmueble.
En emergencias registradas en zonas alejadas, el personal utiliza el helicóptero Halcón 1 para trasladar rápidamente a los equipos tácticos. Mientras tanto, desde la base se asesora por radio y en tiempo real a los primeros policías que llegaron al lugar.
De las tomas de rehenes a las crisis de salud mental
La naturaleza de las intervenciones se modificó de manera considerable durante las últimas dos décadas. Ortiz explicó que hace 20 años el escenario más frecuente estaba asociado con robos frustrados que derivaban en tomas de rehenes.
Actualmente, la mayoría de los llamados responde a crisis de salud mental, intentos de suicidio, consumos problemáticos y episodios de violencia familiar o de género. Este cambio ubicó al negociador en un rol cada vez más relevante dentro del operativo.
«Todas las personas que intervenimos en una crisis suicida las tomamos como reales; no desestimamos ninguna», remarca el comisario, y añade: «Es fundamental tener la capacidad de escuchar para desarmar con palabras el dolor que está sucediendo».
Las Fuerzas Operativas Especiales de la Policía de Mendoza salvaron 439 vidas durante los últimos ocho años. Su intervención más reciente ocurrió en el dique Valle Grande, en San Rafael, donde equipos tácticos y negociadores rescataron a una persona en crisis. La mayoría de los operativos actuales está vinculada con salud mental, violencia de género y consumo problemático.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Hay trabajos que suelen aparecer en cámara únicamente cuando todo ya salió mal. Las Fuerzas Operativas Especiales de Mendoza, en cambio, llevan ocho años intentando exactamente lo contrario: que la noticia termine con una persona viva, un operativo cerrado y ningún funcionario explicando frente a un micrófono por qué “se evaluarán responsabilidades”. En ese período salvaron 439 vidas, una cifra que no entra en un parte policial con tono rutinario sin obligar a frenar unos segundos.
El caso más reciente ocurrió en el dique Valle Grande, en San Rafael, donde los equipos tácticos y de negociación atravesaron horas de máxima tensión hasta rescatar con vida a una persona en crisis. No hubo persecuciones cinematográficas, explosiones coreografiadas ni un héroe caminando en cámara lenta mientras se acomoda los anteojos. Hubo algo bastante menos vistoso y mucho más difícil: escuchar, esperar, medir cada palabra y conseguir que alguien decidiera dar un paso atrás cuando todo indicaba que estaba a punto de dar el último.
Las FOE funcionan como un sistema de cuatro piezas que deben coordinarse con precisión quirúrgica: el GES aporta la capacidad táctica; el GRIS negocia; la División Táctica de Explosivos revisa amenazas antes de que la mayoría de la provincia haya servido el primer café; y la Policía Turística suma idiomas, interpretación y mediación. Es decir, una estructura en la que cada unidad tiene una función específica y nadie puede resolver la crisis apelando al método nacional de improvisar una reunión, crear un grupo de mensajería y esperar que el problema se canse solo.
El cambio más profundo, sin embargo, no está en las herramientas sino en el tipo de emergencias. Hace dos décadas, el escenario habitual era el robo frustrado con toma de rehenes. Hoy predominan los intentos de suicidio, las crisis de salud mental, el consumo problemático y la violencia familiar o de género. La realidad cambió el guion y obligó a la Policía a entender que, en muchos operativos, la principal arma no es la que se lleva en la cintura, sino la capacidad de sostener una conversación cuando del otro lado alguien siente que ya no queda nada por decir.
En ese contexto, el llamado “cambio empático” permite reemplazar al negociador cuando el diálogo se estanca. La lógica es simple y, al mismo tiempo, demoledora: una voz distinta puede abrir una puerta que parecía cerrada. Porque, a veces, salvar una vida depende de una decisión táctica; otras, de un helicóptero; y en ocasiones, del momento exacto en que alguien encuentra las palabras que el dolor todavía está dispuesto a escuchar.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El impacto de las Fuerzas Operativas Especiales de la Policía de Mendoza suele quedar fuera de los primeros planos, aunque sus resultados muestran la dimensión de una tarea sostenida bajo condiciones extremas. En los últimos ocho años, las distintas unidades que integran las FOE lograron salvar 439 vidas.
La intervención más reciente ocurrió en el dique Valle Grande, en San Rafael. Allí, después de varias horas de máxima tensión, los equipos tácticos y de negociación consiguieron rescatar con vida a una persona que atravesaba una crisis.
«Lo más satisfactorio de todo esto es ver a alguien que estuvo al borde de entregar su vida y que, de repente, a través del trabajo en equipo, se gira llorando y abraza a quienes lo estaban esperando», reflexiona en una entrevista exclusiva con radio Nihuil el comisario Javier Ortiz, jefe del Grupo Especial de Seguridad (GES) y referente de las FOE.
Ese desenlace es el resultado de un sistema en el que deben funcionar de manera coordinada la precisión táctica, la tecnología y la sensibilidad humana. El escenario de intervención también cambió con el paso de los años: los intentos de suicidio superaron a los hechos delictivos con toma de rehenes, que anteriormente representaban el cuadro más habitual.
En la actualidad, las crisis de salud mental, la violencia de género, el consumo problemático y los conflictos familiares concentran gran parte de las actuaciones de los grupos especializados.
Un sistema integrado por cuatro unidades
Las Fuerzas Operativas Especiales no conforman un grupo homogéneo, sino una estructura integrada por cuatro unidades que intervienen de acuerdo con las características de cada situación.
El Grupo Especial de Seguridad (GES) es el brazo técnico y de apoyo armado. Participa en allanamientos de alto riesgo junto con áreas de Investigaciones o Narcocriminalidad y se ocupa de la contención táctica del perímetro durante episodios de alta complejidad.
El Grupo de Resolución de Incidentes y Secuestros (GRIS) concentra las tareas de negociación. Su objetivo es establecer canales de diálogo y resolver los conflictos de manera pacífica, evitando el uso de la fuerza.
La División Táctica de Explosivos trabaja en la detección y neutralización de amenazas. Su actividad preventiva comienza diariamente a las 5, con inspecciones en la Casa de Gobierno y en el despacho del gobernador antes del inicio de la actividad oficial.
La Unidad Policial de Asistencia al Turista (UPAT), cuyos efectivos se distinguen por una franja naranja en sus uniformes y móviles, brinda asistencia a visitantes extranjeros. Además, aporta intérpretes de idiomas o de lengua de señas cuando una persona involucrada en una crisis requiere una mediación especial.
El Comité de Crisis y la toma de decisiones
Cuando se activa una alerta por una persona atrincherada, una toma de rehenes o un intento de suicidio, comienza un protocolo específico. En ese momento se conforma un Comité de Crisis integrado por especialistas de distintas áreas y presidido por un jefe jerárquico, quien evalúa cada movimiento antes de avanzar.
«Somos una máquina de tomar decisiones en ese momento; la ponemos en tela de juicio constante y evaluamos si lo que decidimos es lo correcto», señala el entrevistado.
Entre las herramientas utilizadas aparece el denominado “cambio empático”. Cuando la conversación con un negociador deja de avanzar o ingresa en una meseta, ese efectivo es reemplazado para modificar la dinámica del intercambio.
También se aplica un aislamiento total de la escena con el objetivo de evitar interferencias externas. Si la situación lo requiere, los equipos pueden bloquear las señales de telefonía celular dentro del inmueble.
En emergencias registradas en zonas alejadas, el personal utiliza el helicóptero Halcón 1 para trasladar rápidamente a los equipos tácticos. Mientras tanto, desde la base se asesora por radio y en tiempo real a los primeros policías que llegaron al lugar.
De las tomas de rehenes a las crisis de salud mental
La naturaleza de las intervenciones se modificó de manera considerable durante las últimas dos décadas. Ortiz explicó que hace 20 años el escenario más frecuente estaba asociado con robos frustrados que derivaban en tomas de rehenes.
Actualmente, la mayoría de los llamados responde a crisis de salud mental, intentos de suicidio, consumos problemáticos y episodios de violencia familiar o de género. Este cambio ubicó al negociador en un rol cada vez más relevante dentro del operativo.
«Todas las personas que intervenimos en una crisis suicida las tomamos como reales; no desestimamos ninguna», remarca el comisario, y añade: «Es fundamental tener la capacidad de escuchar para desarmar con palabras el dolor que está sucediendo».
Las Fuerzas Operativas Especiales de la Policía de Mendoza salvaron 439 vidas durante los últimos ocho años. Su intervención más reciente ocurrió en el dique Valle Grande, en San Rafael, donde equipos tácticos y negociadores rescataron a una persona en crisis. La mayoría de los operativos actuales está vinculada con salud mental, violencia de género y consumo problemático.
Hay trabajos que suelen aparecer en cámara únicamente cuando todo ya salió mal. Las Fuerzas Operativas Especiales de Mendoza, en cambio, llevan ocho años intentando exactamente lo contrario: que la noticia termine con una persona viva, un operativo cerrado y ningún funcionario explicando frente a un micrófono por qué “se evaluarán responsabilidades”. En ese período salvaron 439 vidas, una cifra que no entra en un parte policial con tono rutinario sin obligar a frenar unos segundos.
El caso más reciente ocurrió en el dique Valle Grande, en San Rafael, donde los equipos tácticos y de negociación atravesaron horas de máxima tensión hasta rescatar con vida a una persona en crisis. No hubo persecuciones cinematográficas, explosiones coreografiadas ni un héroe caminando en cámara lenta mientras se acomoda los anteojos. Hubo algo bastante menos vistoso y mucho más difícil: escuchar, esperar, medir cada palabra y conseguir que alguien decidiera dar un paso atrás cuando todo indicaba que estaba a punto de dar el último.
Las FOE funcionan como un sistema de cuatro piezas que deben coordinarse con precisión quirúrgica: el GES aporta la capacidad táctica; el GRIS negocia; la División Táctica de Explosivos revisa amenazas antes de que la mayoría de la provincia haya servido el primer café; y la Policía Turística suma idiomas, interpretación y mediación. Es decir, una estructura en la que cada unidad tiene una función específica y nadie puede resolver la crisis apelando al método nacional de improvisar una reunión, crear un grupo de mensajería y esperar que el problema se canse solo.
El cambio más profundo, sin embargo, no está en las herramientas sino en el tipo de emergencias. Hace dos décadas, el escenario habitual era el robo frustrado con toma de rehenes. Hoy predominan los intentos de suicidio, las crisis de salud mental, el consumo problemático y la violencia familiar o de género. La realidad cambió el guion y obligó a la Policía a entender que, en muchos operativos, la principal arma no es la que se lleva en la cintura, sino la capacidad de sostener una conversación cuando del otro lado alguien siente que ya no queda nada por decir.
En ese contexto, el llamado “cambio empático” permite reemplazar al negociador cuando el diálogo se estanca. La lógica es simple y, al mismo tiempo, demoledora: una voz distinta puede abrir una puerta que parecía cerrada. Porque, a veces, salvar una vida depende de una decisión táctica; otras, de un helicóptero; y en ocasiones, del momento exacto en que alguien encuentra las palabras que el dolor todavía está dispuesto a escuchar.