El PRO volvió a tomar distancia de Manuel Adorni y reclamó públicamente a Javier Milei que reconsidere su respaldo al jefe de Gabinete, quien permanece bajo fuerte presión política luego de admitir la existencia de activos que no habían sido incluidos inicialmente en sus declaraciones patrimoniales.
A través de un mensaje difundido en redes sociales, el partido liderado por Mauricio Macri sostuvo: «Presidente: los que estamos apoyando al cambio queremos que usted defienda el cambio y no a Adorni», en una nueva señal de tensión entre el oficialismo y uno de sus principales aliados parlamentarios.
Críticas sin acompañar una ofensiva legislativa
Pese a considerar que Adorni debería abandonar el cargo, el macrismo descartó respaldar los intentos impulsados por sectores de la oposición para avanzar con una interpelación o una eventual moción de censura en el Congreso.
Según sostienen dirigentes cercanos al expresidente, una iniciativa de esas características terminaría beneficiando políticamente al kirchnerismo. Por ese motivo, remarcan que no acompañarán maniobras que consideren destinadas a debilitar al Gobierno nacional.
En el entorno de Macri también argumentan que el mecanismo constitucional para remover a un jefe de Gabinete constituye una herramienta extrema y recuerdan que la investigación judicial vinculada al patrimonio del funcionario aún se encuentra en curso.
El impacto de las explicaciones sobre su patrimonio
La polémica se profundizó luego de las declaraciones públicas de Adorni, quien aseguró haber obtenido ganancias por inversiones en criptomonedas y haber encontrado dinero perteneciente a su padre tras su fallecimiento.
Las explicaciones generaron cuestionamientos dentro y fuera del oficialismo debido a que previamente había afirmado ante el Congreso que tenía todo su patrimonio debidamente declarado y que no existía ocultamiento alguno.
El PRO calificó esa contradicción como una «falta grave» y cuestionó el cambio de versión del funcionario respecto de sus bienes.
Desde la conducción partidaria consideran que las explicaciones ofrecidas no lograron despejar las dudas generadas en torno a la evolución patrimonial del jefe de Gabinete.
Expectativa por el futuro político de Adorni
En el macrismo creen que el funcionario enfrenta un escenario político cada vez más complejo y estiman que podría abandonar el cargo antes de que prosperen los pedidos de interpelación impulsados por sectores opositores.
Mientras tanto, bloques opositores en Diputados y el Senado avanzan con distintas iniciativas para exigir explicaciones formales sobre el caso. Sin embargo, tanto en el PRO como en otros espacios aliados consideran que el oficialismo cuenta con los respaldos necesarios para bloquear esos intentos.
La discusión se desarrolla en momentos de creciente sensibilidad pública respecto de la transparencia patrimonial de los funcionarios y mientras la Justicia continúa analizando las denuncias vinculadas al patrimonio del jefe de Gabinete.
El PRO volvió a cuestionar públicamente a Manuel Adorni por las inconsistencias en torno a su patrimonio y le pidió a Javier Milei que priorice la agenda de cambio por sobre la defensa de su jefe de Gabinete. Aunque Mauricio Macri considera que el funcionario debería dejar el cargo, el partido descartó acompañar los intentos de la oposición para impulsar una interpelación o una moción de censura en el Congreso.
La política argentina descubrió una curiosa categoría institucional: el funcionario que, según sus propios aliados, debería irse, pero al que nadie quiere echar. Manuel Adorni quedó atrapado en ese limbo donde las críticas son contundentes, pero las herramientas para resolver el problema parecen demasiado incómodas para ser utilizadas.
El PRO encontró una fórmula elegante para expresar su malestar. Le pidió a Javier Milei que defienda el cambio y no a Adorni. Traducido al castellano político: el problema ya no es lo que dice la oposición. El problema es que quienes acompañaron al Gobierno empiezan a preguntarse cuánto más puede sostenerse una explicación que cambia más rápido que las declaraciones juradas que intenta justificar.
La situación tiene algo de tragicomedia administrativa. Durante semanas la discusión giró alrededor de patrimonios, declaraciones, ahorros no informados y versiones sucesivas sobre el origen de los fondos. Primero estaba todo declarado. Después aparecieron activos omitidos. Más tarde llegaron las inversiones en criptomonedas. Y en algún punto de la historia hizo su ingreso estelar un dinero encontrado en la casa familiar. Una secuencia que parece escrita por un contador con vocación de guionista.
Mientras tanto, Mauricio Macri intenta caminar por una cornisa política bastante específica. Considera que Adorni debería abandonar el cargo, pero tampoco quiere aparecer empujándolo. No quiere defenderlo, pero tampoco ayudar a la oposición a removerlo. Es una posición compleja que podría resumirse así: alguien debería resolver este problema, siempre y cuando ese alguien no sea yo.
La oposición ya prepara interpelaciones, pedidos de explicaciones y hasta una eventual moción de censura. Pero en el PRO creen que todo eso tiene pocas posibilidades de prosperar. Argumentan que el Congreso no es el escenario donde se resolverá la crisis y que el desenlace dependerá exclusivamente de Milei.
Por eso en el macrismo apuestan a otra estrategia. No empujar la puerta. Simplemente señalar que está abierta. Cada declaración pública parece diseñada para transmitir el mismo mensaje: el costo político de sostener a Adorni comienza a superar el costo político de dejarlo ir.
Lo llamativo es que nadie discute ya el impacto que tuvo el caso. La conversación dejó de girar sobre la oposición, el kirchnerismo o las operaciones políticas. Ahora gira alrededor de la credibilidad. Y en política la credibilidad tiene una característica incómoda: suele tardar años en construirse y apenas unos minutos en empezar a desmoronarse.
Mientras el Gobierno insiste en sostener a su jefe de Gabinete, sus socios más cercanos parecen haber comenzado a preparar el discurso para explicar por qué advirtieron el problema antes que nadie. Una costumbre tan vieja como la política misma.
