La Confederación General del Trabajo (CGT) definirá este jueves un nuevo plan de lucha contra el gobierno de Javier Milei, en una reunión del Consejo Directivo que estará marcada por diferencias internas sobre la modalidad de las medidas de fuerza.
Aunque existe consenso respecto de la necesidad de profundizar la confrontación con la administración nacional, los dirigentes mantienen posiciones distintas sobre cuál es la estrategia más efectiva. El encuentro se realizará desde las 14 en la sede de Azopardo 802.
Dos modelos de protesta en debate
Uno de los sectores impulsa un plan de lucha inspirado en las protestas desarrolladas en Francia contra la reforma previsional de Emmanuel Macron. La iniciativa contempla volanteadas, asambleas, paros rotativos en el transporte y la industria, movilizaciones a distintos ministerios y acciones escalonadas que desemboquen en un nuevo paro general.
La propuesta es promovida por Juan Carlos Schmid, titular de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), junto con Juan Pablo Brey, referente de los aeronavegantes. Ambos sostienen que una estrategia escalonada permitiría mantener el conflicto durante un período prolongado sin afectar de manera permanente el salario de los trabajadores.
La iniciativa recibió el respaldo de los cotitulares de la CGT Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello, quienes consideran que un nuevo paro general podría perder efectividad si no alcanza un elevado nivel de adhesión.
La alternativa de un paro de 36 horas
En la vereda opuesta, dirigentes encabezados por Luis Barrionuevo, junto con Omar Maturano y Mario Calegari, proponen convocar a un paro general de 36 horas con movilización a Plaza de Mayo, con el objetivo de paralizar la actividad y aumentar la presión sobre el Gobierno nacional.
La diferencia entre ambas posiciones refleja también la disputa interna por la conducción de la central obrera, donde el sector dialoguista mantiene la mayoría mientras otros dirigentes reclaman una postura más confrontativa frente a las políticas oficiales.
Las obras sociales, otro foco de conflicto
En la antesala de la reunión, el sector más crítico de la CGT también acordó impulsar una propuesta para ceder la administración de las obras sociales sindicales al Gobierno nacional, al sostener que atraviesan un fuerte deterioro financiero y que no encontraron respuestas oficiales para revertir la situación.
Durante el debate previo, Cristian Jerónimo sostuvo: «Ya tenemos claro el diagnóstico y el rumbo que persigue este gobierno. No hay margen para hacerse el distraído y es con pelea, con lucha, con resistencia, y siendo muy inteligentes también porque en alguna medida tenemos que cuidar el bolsillo de nuestros compañeros y nuestras compañeras«.
El dirigente también remarcó: «Todo el mundo sabe que en la CGT conviven distintos sectores, distintos puntos de vista, y hay que lograr lo más importante: la unidad del conjunto, el consenso y los acuerdos necesarios para que cualquier medida que se apruebe tenga la contundencia necesaria«.
<p>La CGT debatirá este jueves un nuevo plan de lucha contra el gobierno de Javier Milei en medio de diferencias internas sobre la estrategia a seguir. Mientras un sector propone protestas escalonadas inspiradas en el modelo francés, otro impulsa un paro general de 36 horas con movilización a Plaza de Mayo para aumentar la presión sobre la Casa Rosada.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
La discusión ya no es si habrá protesta. La pelea ahora es elegir el envase. Unos quieren un paro de 36 horas para apagar el país de un solo golpe. Otros prefieren el método francés: desgaste lento, escalonado y con capítulos, como esas series que prometen una temporada final y terminan renovando por tres más.
En la CGT conviven tantas estrategias como dirigentes. Hay quienes creen que un paro general cada tanto ya perdió efecto y otros sostienen que, si el país se detiene, el Gobierno tendrá que escuchar. Es el eterno debate entre el martillo y la gotera. Uno hace ruido enseguida. El otro insiste hasta perforar la piedra.
La propuesta inspirada en las protestas francesas busca evitar que cada trabajador deba resignar varios días de salario. La idea es alternar medidas: volanteadas, asambleas, movilizaciones y paros rotativos en distintos sectores. Una semana se detiene el transporte, otra la industria, después las comunicaciones. El conflicto permanece vivo mientras el descuento en el recibo intenta no convertirse en protagonista.
Del otro lado están quienes consideran que esa estrategia puede diluir el impacto político y prefieren una demostración contundente con un paro de 36 horas y una movilización masiva a Plaza de Mayo. La lógica es simple: si el objetivo es presionar al Gobierno, la protesta debe sentirse al mismo tiempo en todo el país y no por entregas, como una promoción en cuotas.
En el fondo, la discusión excede el calendario de las medidas de fuerza. También pone sobre la mesa la disputa por el liderazgo de la central obrera, donde conviven sectores dialoguistas y otros que consideran que llegó el momento de endurecer la confrontación con la administración libertaria. Como suele ocurrir en el sindicalismo argentino, la unidad siempre aparece en el comunicado. Lo difícil es encontrarla antes de la votación.
En Argentina hasta las protestas necesitan una reunión previa para decidir cómo protestar.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La Confederación General del Trabajo (CGT) definirá este jueves un nuevo plan de lucha contra el gobierno de Javier Milei, en una reunión del Consejo Directivo que estará marcada por diferencias internas sobre la modalidad de las medidas de fuerza.
Aunque existe consenso respecto de la necesidad de profundizar la confrontación con la administración nacional, los dirigentes mantienen posiciones distintas sobre cuál es la estrategia más efectiva. El encuentro se realizará desde las 14 en la sede de Azopardo 802.
Dos modelos de protesta en debate
Uno de los sectores impulsa un plan de lucha inspirado en las protestas desarrolladas en Francia contra la reforma previsional de Emmanuel Macron. La iniciativa contempla volanteadas, asambleas, paros rotativos en el transporte y la industria, movilizaciones a distintos ministerios y acciones escalonadas que desemboquen en un nuevo paro general.
La propuesta es promovida por Juan Carlos Schmid, titular de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), junto con Juan Pablo Brey, referente de los aeronavegantes. Ambos sostienen que una estrategia escalonada permitiría mantener el conflicto durante un período prolongado sin afectar de manera permanente el salario de los trabajadores.
La iniciativa recibió el respaldo de los cotitulares de la CGT Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello, quienes consideran que un nuevo paro general podría perder efectividad si no alcanza un elevado nivel de adhesión.
La alternativa de un paro de 36 horas
En la vereda opuesta, dirigentes encabezados por Luis Barrionuevo, junto con Omar Maturano y Mario Calegari, proponen convocar a un paro general de 36 horas con movilización a Plaza de Mayo, con el objetivo de paralizar la actividad y aumentar la presión sobre el Gobierno nacional.
La diferencia entre ambas posiciones refleja también la disputa interna por la conducción de la central obrera, donde el sector dialoguista mantiene la mayoría mientras otros dirigentes reclaman una postura más confrontativa frente a las políticas oficiales.
Las obras sociales, otro foco de conflicto
En la antesala de la reunión, el sector más crítico de la CGT también acordó impulsar una propuesta para ceder la administración de las obras sociales sindicales al Gobierno nacional, al sostener que atraviesan un fuerte deterioro financiero y que no encontraron respuestas oficiales para revertir la situación.
Durante el debate previo, Cristian Jerónimo sostuvo: «Ya tenemos claro el diagnóstico y el rumbo que persigue este gobierno. No hay margen para hacerse el distraído y es con pelea, con lucha, con resistencia, y siendo muy inteligentes también porque en alguna medida tenemos que cuidar el bolsillo de nuestros compañeros y nuestras compañeras«.
El dirigente también remarcó: «Todo el mundo sabe que en la CGT conviven distintos sectores, distintos puntos de vista, y hay que lograr lo más importante: la unidad del conjunto, el consenso y los acuerdos necesarios para que cualquier medida que se apruebe tenga la contundencia necesaria«.
La discusión ya no es si habrá protesta. La pelea ahora es elegir el envase. Unos quieren un paro de 36 horas para apagar el país de un solo golpe. Otros prefieren el método francés: desgaste lento, escalonado y con capítulos, como esas series que prometen una temporada final y terminan renovando por tres más.
En la CGT conviven tantas estrategias como dirigentes. Hay quienes creen que un paro general cada tanto ya perdió efecto y otros sostienen que, si el país se detiene, el Gobierno tendrá que escuchar. Es el eterno debate entre el martillo y la gotera. Uno hace ruido enseguida. El otro insiste hasta perforar la piedra.
La propuesta inspirada en las protestas francesas busca evitar que cada trabajador deba resignar varios días de salario. La idea es alternar medidas: volanteadas, asambleas, movilizaciones y paros rotativos en distintos sectores. Una semana se detiene el transporte, otra la industria, después las comunicaciones. El conflicto permanece vivo mientras el descuento en el recibo intenta no convertirse en protagonista.
Del otro lado están quienes consideran que esa estrategia puede diluir el impacto político y prefieren una demostración contundente con un paro de 36 horas y una movilización masiva a Plaza de Mayo. La lógica es simple: si el objetivo es presionar al Gobierno, la protesta debe sentirse al mismo tiempo en todo el país y no por entregas, como una promoción en cuotas.
En el fondo, la discusión excede el calendario de las medidas de fuerza. También pone sobre la mesa la disputa por el liderazgo de la central obrera, donde conviven sectores dialoguistas y otros que consideran que llegó el momento de endurecer la confrontación con la administración libertaria. Como suele ocurrir en el sindicalismo argentino, la unidad siempre aparece en el comunicado. Lo difícil es encontrarla antes de la votación.
En Argentina hasta las protestas necesitan una reunión previa para decidir cómo protestar.