El calendario electoral de 2027 comenzó a influir en el mercado financiero antes de que la campaña presidencial entre en su etapa decisiva. En momentos en que el Banco Central (BCRA) y el Tesoro buscan reforzar sus herramientas para enfrentar eventuales episodios de tensión cambiaria, los inversores incrementaron antes de lo previsto la demanda de cobertura frente a una eventual suba del dólar.

El ministro de Economía, Luis Caputo, y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, reaccionaron ante esa dinámica y, de acuerdo con operadores del mercado, establecieron una referencia clara alrededor de los $1.500 para el dólar mayorista. Esa estrategia cambiaria tuvo como contrapartida un repunte de las tasas de interés en pesos, un fenómeno que genera preocupación por su posible impacto sobre el crédito y la actividad económica.

La decisión entre priorizar la estabilidad del tipo de cambio o administrar el costo de las tasas en pesos se convirtió así en uno de los principales dilemas de la política económica. Distintos informes privados coinciden en que la estrategia oficial alterna entre herramientas para contener el dólar y mecanismos destinados a retirar liquidez del mercado.

El dólar de $1.500 y las herramientas del Gobierno

Durante las últimas ruedas, el Tesoro llegó a vender dólares a una cotización apenas inferior a los $1.500. Según un informe de Romano Group, la intervención busca “controlar la volatilidad y evitar presiones sobre la inflación por movimientos cambiarios”.

El sistema de bandas cambiarias ofrece al Ministerio de Economía margen para tolerar determinadas subas del tipo de cambio sin recurrir inmediatamente a una utilización intensiva de reservas, debido a que el límite superior se encuentra un 24% por encima del tipo de cambio oficial. Sin embargo, las autoridades optaron por intervenir antes de alcanzar ese techo.

Según estimaciones privadas, las defensas oficiales incluyen coberturas cercanas a los USD 11.000 millones, principalmente mediante la colocación de instrumentos dollar-linked y posiciones en el mercado de futuros Rofex.

El análisis elaborado por Salvador Vitelli advierte que “la economía mantiene su dependencia del tipo de cambio” y sostiene que, pese a la acumulación de reservas y al despeje de vencimientos, “el sendero hasta octubre de 2027 sigue siendo desafiante”.

La inflación también continúa condicionando la estrategia cambiaria. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) no proyecta una desaceleración significativa en el corto plazo, mientras las expectativas permanecen elevadas. Romano Group sostiene que “el esquema es nuevamente 100% dependiente del tipo de cambio: las decisiones sobre tasas, absorción de pesos y manejo de reservas continúan subordinadas a la dinámica cambiaria”.

El dilema entre las tasas y la estabilidad cambiaria

Un informe de PPI plantea con claridad la disyuntiva que enfrenta el equipo económico. “Llega un punto en el que el equipo económico debe elegir entre mantener las tasas en pesos contenidas o seguir utilizando herramientas para evitar que el tipo de cambio supere los $1.500”, advierte el análisis.

La defensa del frente cambiario derivó en una mayor oferta de instrumentos de cobertura, especialmente títulos dollar-linked. Ese mecanismo permitió absorber pesos del sistema, pero también contribuyó a incrementar la presión sobre las tasas de interés.

PPI considera que esta tensión podría profundizarse en las próximas jornadas, particularmente ante una licitación en la que vencen $4,5 billones concentrados en la Lecap de agosto y en manos privadas. “El Tesoro puede inyectar liquidez con un rollover por debajo de 1x. Si lo hace, las tasas overnight (a un día) podrían estabilizarse y dar cierta calma a las curvas de pesos, sin frenar el incipiente rebote del crédito”, señala el informe.

Sin embargo, el mismo análisis plantea la principal incógnita: “La cuestión es si ese nuevo nivel y una mayor liquidez serán suficientes para contener el dólar por debajo de los $1.500”.

Aunque finalmente no se concretó la absorción de los $3,75 billones previstos, la expectativa de una operación de esas características impulsó las tasas de la curva fija. La liquidez del sistema continúa ajustada y, según PPI, “persiste la expectativa de que el Tesoro pueda volver a una política contractiva, lo que genera debilidad en los bonos en pesos”.

En el mercado cambiario, el dólar oficial mostró una relativa estabilidad, aunque volvió a acercarse al nivel de $1.500. Durante la semana, el Banco Central vendió cerca de USD 391 millones en títulos dollar-linked y realizó compras de divisas a un ritmo reducido, considerado insuficiente para recomponer la liquidez del sistema.

Las tasas en pesos volvieron a moverse

GMA Capital, en un análisis firmado por Nery Persichini y titulado “Se terminó la siesta de las tasas en pesos: 5 razones detrás del primer sobresalto en 6 meses”, advirtió sobre un aumento generalizado de los rendimientos después de varios meses de compresión.

De acuerdo con ese informe, las tasas habían descendido desde niveles cercanos al 35% hasta ubicarse alrededor del 22% de tasa efectiva anual antes del reciente cambio de tendencia. “Las tasas en pesos subieron en toda la curva durante el último mes: el S14G6 pasó de 23,8% a 25,5% y los tramos largos escalaron hasta 29%”, puntualiza el documento.

El reporte también detectó movimientos significativos en los instrumentos ajustados por inflación: “la curva CER mostró un ‘bear steepening’ elocuente, con el tramo corto saltando de -1,5% a 4/5% anual”.

El mercado enfrenta así un equilibrio cada vez más estrecho entre el control del dólar, la administración de la liquidez y el costo de mantener tasas elevadas. La próxima licitación será una nueva prueba para determinar hasta qué punto el Gobierno puede aportar pesos al sistema sin provocar una renovada presión sobre el tipo de cambio.