El Sistema Público de Salud, a través del Servicio de Cirugía de Cabeza y Cuello del Hospital Central ‘Dr. Ramón Carrillo’, realizó por primera vez en la institución una reconstrucción de lengua con tejido del antebrazo en una paciente diagnosticada con carcinoma epidermoide.
La intervención, considerada de alta complejidad, tuvo una duración aproximada de nueve horas y permitió realizar en un mismo procedimiento tanto el tratamiento oncológico como la reconstrucción de la lengua.
La paciente presentaba un tumor maligno que comprometía la mitad izquierda del órgano. Con intención curativa, el equipo médico retiró aproximadamente la mitad de la lengua y los ganglios del cuello del mismo lado.
Cómo se reconstruyó la lengua
El jefe del Servicio de Cirugía de Cabeza y Cuello, Mariano Sánchez, explicó el procedimiento: “Después de retirar una parte importante de la lengua, había que reconstruirla. Para eso realizamos una reconstrucción con tejido del antebrazo izquierdo de la paciente. Tomamos piel y tejido de esa zona, junto con sus pequeños vasos sanguíneos, y con ese tejido construimos una nueva lengua”.
Uno de los momentos más delicados de la intervención fue la conexión de los vasos sanguíneos para garantizar la supervivencia del tejido trasplantado.
Sobre ese punto, Sánchez detalló: “Ese tejido tiene que seguir recibiendo sangre para poder sobrevivir. Para eso, utilizando un microscopio quirúrgico, unimos los pequeños vasos sanguíneos del tejido del antebrazo con los vasos del cuello. Son uniones extremadamente pequeñas, que se realizan con hilos muy finos, mucho más delgados que un cabello”.
La técnica permite reconstruir parte del órgano después de una resección importante y apunta no solamente al tratamiento de la enfermedad, sino también a preservar funciones esenciales como el habla, la deglución y la alimentación.
Un equipo de alrededor de diez profesionales
De la cirugía participaron integrantes del Servicio de Cirugía de Cabeza y Cuello del Hospital Carrillo: Mariano Sánchez, jefe del servicio; los cirujanos Daniel Agramunt y Tomás Kruse; y el residente Fermín Gazze.
También colaboró Esteban Criado del Río, profesional de Córdoba, quien asistió y participó en la intervención. El equipo anestésico contó con la presencia del residente Guido Ferrero, bajo la supervisión de Sergio Mauras.
“Es una cirugía que requiere un equipo muy entrenado y coordinado”, señaló Sánchez.
Además de los cirujanos, participaron instrumentadoras, anestesiólogos, enfermeros y el equipo de terapia intensiva. En total, alrededor de diez personas trabajaron de manera simultánea y coordinada durante el procedimiento.
La recuperación y un hito para el hospital
Después de la cirugía, la paciente permaneció internada alrededor de una semana. Durante los primeros cinco días estuvo en terapia intensiva para controlar especialmente la evolución de la reconstrucción y posteriormente fue trasladada a una habitación común.
La evolución fue favorable: pudo comenzar a alimentarse, recuperó progresivamente la capacidad para tragar y hablar y recibió el alta para continuar su recuperación en su domicilio. Además, ya realizó su primer control posterior a la intervención.
“Esto es justamente lo importante de este tipo de cirugía: no se trata solamente de sacar el tumor. También tenemos que pensar en cómo va a quedar la persona después de la operación. Queremos que pueda volver a comer, hablar, tragar y desarrollar sus actividades cotidianas de la manera más normal posible”, aseguró Sánchez.
El jefe del Servicio destacó además que se trató de un procedimiento inédito dentro de la institución: “Esta cirugía tiene además un significado especial porque es la primera reconstrucción de este tipo que se realiza en el Hospital Ramón Carrillo. Creo que esto demuestra que hoy podemos ofrecer en nuestro hospital procedimientos de altísima complejidad que antes requerían derivar a los pacientes a otros centros”.
Y agregó: “Cuando hablamos de una cirugía por cáncer, el objetivo es, por supuesto, tratar la enfermedad con intención curativa, pero también preservar la calidad de vida del paciente. En este caso pudimos hacer las dos cosas: realizar el tratamiento del tumor y reconstruir la lengua para que la paciente pueda recuperar la mayor cantidad posible de sus funciones”.
Finalmente, Sánchez remarcó: “Es una cirugía que requiere mucha preparación, tecnología y entrenamiento, pero sobre todo requiere trabajo en equipo. Estamos muy orgullosos de poder comenzar a realizar este tipo de procedimientos en el Hospital Ramón Carrillo y brindarles a nuestros pacientes tratamientos de alta complejidad sin necesidad de alejarse de su lugar de residencia”.
El Hospital Central ‘Dr. Ramón Carrillo’ realizó por primera vez una reconstrucción de lengua con tejido del antebrazo en una paciente con carcinoma epidermoide. La cirugía, de unas nueve horas, permitió extirpar el tumor y reconstruir parte del órgano mediante microcirugía. La paciente evolucionó favorablemente, recuperó funciones para alimentarse, tragar y hablar, y ya recibió el alta.
Hay cirugías complejas y después están las intervenciones en las que un equipo médico pasa nueve horas reconstruyendo una lengua con tejido del antebrazo y vasos sanguíneos más finos que un cabello. En ese punto, la medicina deja de parecer una profesión y empieza a rozar la relojería de alta precisión, con la pequeña diferencia de que el mecanismo en reparación tiene que volver a hablar, tragar y comer.
Eso fue lo que ocurrió en el Hospital Central ‘Dr. Ramón Carrillo’, donde una paciente con un tumor maligno que comprometía la mitad izquierda de la lengua fue sometida a una intervención inédita para la institución. Primero hubo que retirar aproximadamente la mitad del órgano y los ganglios del cuello del mismo lado. Después comenzó una reconstrucción que exige una clase de paciencia incompatible con cualquier persona que alguna vez haya perdido la calma intentando enhebrar una aguja.
Los cirujanos tomaron piel y tejido del antebrazo izquierdo de la paciente junto con pequeños vasos sanguíneos y los utilizaron para reconstruir la lengua. El paso decisivo fue volver a conectar la circulación mediante microcirugía, utilizando hilos considerablemente más delgados que un cabello. Nada de “más o menos”: en semejante procedimiento, un milímetro ya debe sentirse como una avenida de seis carriles.
Participaron alrededor de diez profesionales entre cirujanos, anestesiólogos, instrumentadoras, enfermeros y personal de terapia intensiva. Una coreografía médica en la que cada integrante debía saber exactamente qué hacer durante horas, porque improvisar puede ser simpático en una sobremesa, pero pierde bastante encanto cuando hay vasos microscópicos involucrados.
La buena noticia llegó después: la paciente evolucionó favorablemente, pudo comenzar a alimentarse, recuperó progresivamente la capacidad para hablar y tragar y recibió el alta. El hospital, además, incorporó una técnica que hasta ahora obligaba a derivar pacientes a otros centros. Un pequeño detalle administrativo detrás de un logro enorme: que una persona pueda enfrentar un cáncer complejo sin tener que sumar también kilómetros de distancia a la enfermedad.
