Jorge “Roña” Castro dejó, además de su trayectoria como campeón mundial de boxeo, una extensa red de asistencia comunitaria que llegó a alimentar a miles de personas en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires.

La iniciativa nació de manera imprevista durante la pandemia de COVID-19, en 2020, cuando el exboxeador comenzó a preparar una olla popular en su gimnasio de Temperley para colaborar con alumnos y vecinos que atravesaban dificultades económicas.

La demanda aumentó rápidamente y aquella primera experiencia terminó convirtiéndose en una estructura permanente de asistencia social.

Una red de comedores y merenderos

La organización impulsada por Castro llegó a coordinar 14 comedores y 9 merenderos en localidades bonaerenses como Temperley, Villa Fiorito, Almirante Brown y Ezeiza.

Dentro de esa estructura, cuatro espacios eran administrados directamente por su organización, mientras que otros diez comedores barriales recibían mercadería y apoyo de manera regular.

La asistencia funcionaba de lunes a viernes. Durante el mediodía se servían almuerzos en los comedores y, por la tarde, se ofrecían meriendas destinadas principalmente a los chicos que regresaban de la escuela.

Los viernes tenían una dinámica particular. Junto con un equipo de alrededor de 18 colaboradores, Castro preparaba alimentos en seis ollas de aproximadamente 60 litros cada una.

Las familias se acercaban con recipientes para retirar las porciones y, además, se distribuían más de 100 bolsones semanales con alimentos secos, entre ellos arroz, polenta, lentejas, aceite y yerba, destinados especialmente a cubrir las necesidades del sábado y domingo.

Cómo conseguía los alimentos

La red se sostenía mediante donaciones, gestiones con productores e industrias, aportes estatales y recursos propios del exboxeador.

A través de la Fundación Locomotora Castro y su asociación civil, el exdeportista articulaba colaboraciones provenientes de diferentes puntos del país.

Entre esas contribuciones había galletitas enviadas desde Santa Fe, azúcar de Tucumán y aportes de fábricas ubicadas en Quilmes.

Castro también concurría personalmente al Mercado Central para retirar frutas y verduras donadas por los puesteros.

Parte del sostenimiento de los espacios provenía además de partidas del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires, complementadas con dinero de sus propios ingresos.

El cambio en quienes pedían ayuda

En sus últimas entrevistas, Castro había advertido que el perfil de las personas que concurrían a los comedores se había modificado con el paso del tiempo.

Si al comienzo predominaban los niños, posteriormente comenzaron a acercarse familias completas, jubilados que percibían la mínima y trabajadores con empleo formal cuyos ingresos no alcanzaban para cubrir la alimentación.

El propio exboxeador relacionaba esa tarea con las dificultades económicas que había atravesado durante su infancia en Santa Cruz.

El principio que repetía para resumir el funcionamiento de su red era: »Un plato de comida no se le niega a nadie».

La despedida en Morón

El velatorio de Jorge “Roña” Castro se realizó en la cochería Pache, ubicada frente al cementerio municipal de Morón.

La ceremonia comenzó el miércoles 14 de octubre a las 18 y el entierro fue programado para el jueves 15 al mediodía.

La despedida tuvo un carácter íntimo y reunió principalmente a familiares, amigos cercanos, personas vinculadas al boxeo y vecinos.

Entre los presentes estuvieron su expareja y sus hijos, incluida su hija Quimey, quien lo acompañaba en el Bingo de Morón cuando sufrió la descompensación cardíaca.

También asistieron integrantes de su círculo íntimo, entre ellos Jonathan Di Primio, compañero de streaming y amigo cercano, quien lo recordó como «un hermano».

Vecinos de Morón, seguidores del boxeo y distintas figuras vinculadas al deporte también se acercaron para despedir al excampeón mundial.

Durante la jornada, algunos vecinos recordaron además que en la misma cochería habían sido velados años atrás los restos de otra figura histórica del boxeo argentino, Víctor Galíndez.

Castro dejó así un legado que trascendió ampliamente su carrera deportiva: una red comunitaria construida desde la pandemia que llegó a asistir de manera cotidiana a miles de personas.