Meteorólogos del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF), del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y de la Universidad de Reading confirmaron este domingo 8 de noviembre que el vórtice polar del hemisferio norte comenzó a debilitarse a comienzos de mes, varias semanas antes de lo que marcan sus registros históricos.
El vórtice polar es un vasto sistema de aire frío y de baja presión que normalmente circula de oeste a este a gran altitud sobre el Ártico. Lo habitual para esta época del año es que la estructura gane fuerza durante el otoño y alcance su punto de máxima intensidad hacia enero. Sin embargo, la circulación estratosférica actual mostró una caída temprana que desconcertó a los especialistas.
Qué detectaron los científicos en la estratosfera
Tim Stockdale y Frederic Vitart, especialistas del ECMWF, describieron la situación de forma contundente: «Hasta donde sabemos, esta es la perturbación más temprana del vórtice estratosférico que se ha observado». Desde la agencia meteorológica francesa Météo-France definieron la anomalía como «un acontecimiento sin precedentes».
Por su parte, Judah Cohen, climatólogo del MIT, explicó que la alteración se originó desde los niveles inferiores de la atmósfera: las ondas de Rossby, que son grandes ondas de la troposfera, ascendieron hacia la estratosfera polar y provocaron un calentamiento rápido conocido como calentamiento súbito estratosférico. Según detalló Cohen, ese fenómeno «realmente incrementa la probabilidad de que se produzcan oleadas de aire frío en las latitudes donde se encuentran la mayoría de los centros densamente poblados del hemisferio norte: Estados Unidos, Europa y Asia oriental».
Cuando el vórtice se debilita o cambia de posición, la corriente en chorro puede deformarse y permitir que el aire ártico se derrame hacia latitudes medias. Los expertos señalaron que las perturbaciones de esta magnitud que empujan aire frío hacia el sur suelen ocurrir recién entre enero y marzo, durante la segunda mitad del invierno boreal.
El alcance geográfico y las causas en estudio
Al tratarse de una dinámica exclusiva del vórtice ártico del hemisferio norte, el fenómeno no tiene incidencia en el cono sur ni altera las condiciones meteorológicas de San Juan o del resto de la Argentina, donde la circulación atmosférica responde a otros patrones estacionales.
Respecto del origen de la anomalía, la comunidad científica aún no tiene certezas definitivas. Los investigadores consideran que el fenómeno podría estar vinculado al evento de El Niño de este año, calificado como uno de los más intensos jamás observados. Stockdale y Vitart coincidieron en que El Niño «podría haber sido un factor que aumentara la probabilidad», aunque reconocieron que todavía no se determinó por qué la perturbación se produjo con tanta anticipación. La confirmación de olas de frío efectivas dependerá del comportamiento de las capas bajas en las próximas semanas.
Meteorólogos europeos y del MIT detectaron un debilitamiento precoz del vórtice polar en el Ártico, varias semanas antes de lo habitual. El fenómeno, calificado como inédito, eleva la probabilidad de irrupciones de aire frío sobre Estados Unidos, Europa y Asia oriental durante el invierno boreal, aunque no genera efectos en el hemisferio sur ni en la región cuyana.
El hemisferio norte acaba de confirmar que la atmósfera no tiene el menor respeto por el calendario. El vórtice polar del Ártico, ese gigantesco sistema de aire helado que normalmente pasa el otoño acumulando fuerzas para alcanzar su máxima furia recién hacia enero, sufrió un colapso prematuro a comienzos de noviembre que dejó a los meteorólogos al borde del síncope. Este domingo 8 de noviembre los especialistas constataron una caída temprana inédita en los registros históricos: unas imponentes ondas de Rossby treparon desde la troposfera como intrusos en fiesta ajena y provocaron un calentamiento súbito en la estratosfera, desarmando la estructura antes de tiempo y amenazando con derramar aire polar hacia latitudes medias.
Con la corriente en chorro deformada por semejante sacudón estratosférico, el aire glacial ahora amenaza con precipitarse sin escalas sobre las zonas densamente pobladas de Estados Unidos, Europa y Asia oriental. Las perturbaciones de semejante calibre suelen reservarse para la segunda mitad del invierno boreal, entre enero y marzo, pero la atmósfera decidió saltarse todos los protocolos estacionales. Los investigadores sospechan que detrás de este descalabro mete la cola un evento de El Niño catalogado entre los más intensos jamás observados, aunque todavía no logran desentrañar por qué el congelador del planeta resolvió abrir sus compuertas con tanta anticipación.
Por fortuna para quienes habitan San Juan y el resto de la Argentina, este drama meteorológico es un espectáculo puramente septentrional que no tiene incidencia en el cono sur ni altera en lo más mínimo las condiciones locales, donde la circulación responde a patrones enteramente distintos. Mientras en el norte millones de personas miran hacia el cielo con pánico térmico esperando que las capas bajas confirmen el desastre, de este lado del mapa el colapso del Ártico es apenas una tragicomedia ajena que se contempla a la distancia, sin frazadas de emergencia ni necesidad de salir a negociar con la estratosfera.
