La localidad bonaerense de Capitán Sarmiento atraviesa una fuerte conmoción social y económica luego de que Granja Tres Arroyos despidiera a más de 700 trabajadores de su planta durante la última semana.
La ciudad tiene alrededor de 15.000 habitantes y más de 1.000 personas trabajaban en la fábrica avícola, que desde hacía casi tres décadas tenía un peso central en la economía local.
La empresa ya venía atravesando una situación crítica y acumulaba dos meses y medio de salarios adeudados, además de aguinaldo y vacaciones.
El impacto excede ampliamente a los trabajadores despedidos. Parte de la actividad comercial y de servicios de Capitán Sarmiento dependía del consumo generado por los salarios de la planta, que representaba cerca de uno de cada diez puestos de trabajo de la ciudad.
Más de 700 telegramas y una planta prácticamente paralizada
El deterioro de la situación terminó de quedar expuesto cuando comenzó a circular un comunicado que anunciaba la suspensión de las tareas operativas de la planta.
“Se informa a todo el personal de Planta Sarmiento que, debido a la falta de suministro eléctrico y a otras cuestiones operativas y productivas derivadas de circunstancias de fuerza mayor y de público conocimiento, que afectan el normal desarrollo de la actividad, las tareas operativas permanecerán suspendidas…”.
El comunicado añadía: “El personal no deberá concurrir a prestar servicios, salvo que sea expresamente convocado por su encargado o supervisor”.
A partir de allí comenzaron a llegar los telegramas de despido. Fueron más de 700 en total, entre 554 trabajadores de Capitán Sarmiento y otros 150 de localidades cercanas.
Muchos de los afectados tenían más de 20 años de antigüedad en la compañía y quedaron, además, sin cobertura de obra social y con dudas sobre el cobro de las indemnizaciones correspondientes.
Unas 300 personas permanecen vinculadas a la empresa, aunque con incertidumbre sobre la continuidad de sus puestos de trabajo.
Desde el viernes pasado rige una conciliación obligatoria por 15 días dictada por el Ministerio de Trabajo bonaerense, aunque la compañía no habría acatado la medida.
Este martes, la firma retomó parcialmente la producción de subproductos, aunque no se conoce por cuánto tiempo podrá mantener esa actividad.
La distribuidora eléctrica Eden no restableció el suministro debido a una deuda superior a los $2.000 millones, por lo que la planta funciona actualmente con un grupo electrógeno.
Uno de los trabajadores describió la fragilidad de esa situación: “Cuando se termine el gasoil que trajeron en un solo camión, otra vez sin luz”.
Concurso de acreedores y versiones sobre una posible venta
En medio del conflicto comenzaron a circular distintas versiones sobre el futuro de Granja Tres Arroyos.
Según distintas fuentes, la empresa estaría preparando un pedido de concurso de acreedores, mientras que la familia De Grazia buscaría reducir la estructura de la planta, ordenar su situación financiera y posteriormente recuperar niveles de producción.
También circulan versiones que sostienen que el fuerte ajuste realizado podría estar orientado a facilitar una eventual venta de la compañía.
Hasta el momento, no existen certezas sobre cuál será el rumbo definitivo de la planta.
Ollas populares y solidaridad en toda la ciudad
La magnitud de los despidos provocó una rápida respuesta comunitaria en Capitán Sarmiento.
El Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación de la provincia de Buenos Aires ya venía entregando mercadería a trabajadores afectados por atrasos salariales desde hacía más de dos meses.
Desde este lunes, el gremio comenzó además a organizar ollas populares nocturnas en su sede.
La iniciativa se multiplicó en distintos puntos de la ciudad. Vecinos, clubes, gimnasios, comercios y organizaciones comenzaron a reunir alimentos, pañales y productos de higiene para asistir a las familias afectadas.
Incluso un salón privado de fiestas infantiles comenzó a recibir a cualquier persona que necesite un plato de comida.
Claudia, responsable del establecimiento, relató que comenzó a recibir llamados de familias que cancelaban cumpleaños infantiles porque ya no podían seguir pagando las cuotas.
“Lo que les estamos diciendo es que les damos el lugar y que de alguna manera conseguiremos la comida para que el nene pueda tener su fiesta de cumpleaños. No queremos que los chicos sufran más por toda esta situación”, afirmó.
También se realizó una chocolatada en el Centro Educativo local para brindar un espacio de contención a los niños y distintas instituciones deportivas organizaron actividades solidarias para reunir alimentos.
Una de las convocatorias difundidas señalaba: “Jornada solidaria entre clubes. El Club Social y Deportivo San Carlos, El Club Deportivo SDL, El Club Los 14 y el Club Atlético Independiente se unen para ayudar a las familias afectadas de Granja Tres Arroyos. No se cobran entradas. Sólo se solicita, a quien pueda, un alimento no perecedero para ser donado a las familias afectadas”.
El Municipio reforzó la asistencia
El Municipio de Capitán Sarmiento, encabezado por Fernanda Astorino, también reforzó las medidas de asistencia luego de los despidos masivos.
La comuna ya venía ayudando a trabajadores afectados por los atrasos salariales y ahora amplió la entrega de alimentos y las gestiones para evitar cortes de servicios básicos y problemas con las obras sociales.
“Nos vamos a poner a disposición con todos los recursos hasta donde podamos. Estamos ayudando a la gente asistiendo con alimentos, y con la luz y el agua. En el caso de las obras sociales, muchas les deben al Municipio porque los empleados se estuvieron atendiendo en el hospital, así que les estamos pidiendo que sostengan a la gente”, afirmó Astorino.
Además, el hospital municipal está asistiendo con medicamentos a trabajadores despedidos que necesitan continuar tratamientos.
El impacto económico que preocupa a Capitán Sarmiento
La preocupación no se limita a la pérdida directa de empleos. La economía local también comienza a sentir el efecto de la caída del ingreso disponible.
Los salarios de Granja Tres Arroyos rondaban en promedio los $3 millones mensuales, aunque existían diferencias según cada trabajador.
Con alrededor de 1.000 empleados percibiendo esos ingresos, la planta generaba un importante movimiento económico sobre comercios y servicios de Capitán Sarmiento.
Ahora, cientos de familias se preguntan cómo afrontar alquileres, tarifas y gastos cotidianos, mientras algunas de las personas que habían llegado desde otras localidades exclusivamente para trabajar en la fábrica analizan abandonar la ciudad.
También preocupa la situación de los niños que podrían tener que cambiar de barrio y de escuela si sus familias deben mudarse en busca de nuevas oportunidades laborales.
En uno de los casos más extremos conocidos durante la crisis, un trabajador desalojado pasó varias noches durmiendo dentro de su Renault 12 estacionado frente a la fábrica.
El temor de la comunidad es que el impacto se profundice en un contexto de menor actividad económica y escasas expectativas de recuperación inmediata. Algunos comercios de Capitán Sarmiento ya habían cerrado durante los últimos meses, incluso antes de que se produjera la actual ola de despidos.
Más de 700 trabajadores fueron despedidos de la planta de Granja Tres Arroyos en Capitán Sarmiento, una ciudad bonaerense de 15.000 habitantes donde la empresa representaba una parte central del empleo local. La crisis provocó deudas salariales, temor por nuevas cesantías, ollas populares y familias que evalúan dejar la ciudad ante la falta de ingresos.
Más de 700 despidos en una ciudad de apenas 15.000 habitantes. La crisis de Granja Tres Arroyos dejó a Capitán Sarmiento con una herida económica difícil de disimular: cientos de familias sin ingresos, salarios atrasados y un pueblo entero tratando de sostener lo que la fábrica dejó de pagar.
La planta empleaba a más de 1.000 personas y, según el impacto estimado sobre la ciudad, cerca de uno de cada diez puestos de trabajo dependía directamente de esa actividad. Cuando una empresa de ese tamaño se detiene, no se apaga solamente una línea de producción: también empiezan a titilar la verdulería, el alquiler, la cuota del club y la caja del almacén.
Los telegramas fueron llegando durante varios días. En total, fueron más de 700: 554 en Capitán Sarmiento y otros 150 en localidades cercanas. Muchos de los despedidos tenían más de dos décadas dentro de la compañía y quedaron, además, con incertidumbre sobre el cobro de indemnizaciones y con deudas salariales acumuladas.
Mientras unas 300 personas siguen vinculadas a la planta sin saber qué ocurrirá, el conflicto quedó atravesado por una conciliación obligatoria de 15 días que, según se informó, la empresa no acató. La producción volvió parcialmente con un grupo electrógeno, porque la distribuidora Eden no restableció el servicio eléctrico debido a una deuda superior a los $2.000 millones.
La escena más dura está afuera de la fábrica: ollas populares, colectas, bolsones de comida, ayuda municipal para evitar cortes de servicios y familias que empiezan a evaluar mudarse. Incluso un salón de fiestas decidió abrir sus puertas para que los chicos puedan seguir festejando cumpleaños aunque sus padres ya no puedan pagar las cuotas.
El futuro de la empresa sigue rodeado de versiones sobre un eventual concurso de acreedores, reducción de estructura o venta. La fábrica todavía busca una salida financiera; el pueblo ya está pagando la cuenta social.