Ex policías y militares retirados argentinos viajaron a Ucrania atraídos por propuestas de hasta US$3.000 mensuales para incorporarse a fuerzas que participan de la guerra contra Rusia. Los contactos aparecen en redes sociales, grupos privados de mensajería y vínculos personales, con especial interés en personas que ya cuentan con experiencia en armas y entrenamiento operativo.
La guerra entre Rusia y Ucrania también alcanzó así a ciudadanos argentinos que decidieron recorrer miles de kilómetros para incorporarse al conflicto. Entre quienes viajaron aparecen antiguos integrantes de fuerzas de seguridad y militares retirados, perfiles valorados por su preparación para actuar bajo presión, su disciplina y sus conocimientos tácticos.
El reclutamiento se presenta en distintos casos como una oportunidad laboral remunerada en dólares. Las propuestas circulan a través de TikTok, Instagram, contactos personales y grupos privados, donde se promocionan contratos para incorporarse a diferentes unidades vinculadas con las fuerzas ucranianas.
Entre los montos difundidos aparece con frecuencia una remuneración de hasta US$3.000 mensuales. Sin embargo, también existen denuncias y testimonios que describen diferencias entre las condiciones ofrecidas antes del viaje y aquellas encontradas una vez en territorio ucraniano.
Entre esos cuestionamientos figuran pagos inferiores a los anunciados, tareas diferentes de las inicialmente planteadas y destinos considerablemente más peligrosos, incluso en sectores próximos a las zonas de combate más intenso.
El encuadre de los combatientes argentinos
La palabra “mercenario” suele emplearse para describir a una persona que participa de un conflicto armado extranjero motivada principalmente por una compensación económica. Desde el punto de vista jurídico, sin embargo, la clasificación depende de las condiciones concretas bajo las cuales esa persona se incorpora al enfrentamiento.
No todo extranjero que combate en otro país queda automáticamente comprendido bajo esa categoría. Cuando una persona es incorporada oficialmente a las fuerzas armadas de un Estado, firma un contrato y pasa a integrar formalmente su estructura militar, su situación jurídica puede tener un encuadre diferente.
En el caso de los argentinos que viajaron a Ucrania, un elemento central es que no representan al Estado argentino. Los viajes responden a decisiones individuales y los contratos son realizados por cuenta propia.
No se trata de soldados enviados oficialmente por la Argentina ni de un despliegue militar dispuesto por el país. Tampoco corresponde considerarlos tropas argentinas dentro de la OTAN: Argentina no participa de la guerra mediante fuerzas militares propias y quienes se trasladaron lo hicieron por iniciativa personal.
Por qué el reclutamiento apunta a ex policías y militares
Los antecedentes profesionales constituyen uno de los principales elementos considerados por quienes realizan tareas de captación. Un ex policía o un militar retirado ya dispone, en principio, de conocimientos relacionados con el manejo de armas, el cumplimiento de órdenes, el desplazamiento táctico y la actuación bajo presión.
Esa preparación permite reducir los tiempos iniciales de entrenamiento y convierte a esos perfiles en candidatos especialmente atractivos para estructuras interesadas en incorporar combatientes extranjeros.
La experiencia previa, sin embargo, no reduce la gravedad del escenario al que pueden ser destinados. Ucrania continúa expuesta a ataques con artillería, drones, misiles y enfrentamientos terrestres, mientras quienes ocupan posiciones avanzadas pueden quedar directamente alcanzados por las zonas de mayor intensidad del conflicto.
Una investigación sobre la captación de argentinos
El fenómeno también llegó al ámbito judicial. Griselda Inés Ortiz fue detenida en el marco de una investigación en la que está acusada de haber participado en la captación de argentinos para enviarlos a Ucrania.
Las imputaciones forman parte de un proceso judicial en desarrollo y las eventuales responsabilidades deberán ser determinadas por la Justicia.
Dentro de la misma investigación fue mencionado Jorge Otero, también expolicía, señalado como presunto integrante de la organización investigada.
Las actuaciones buscan reconstruir cómo funcionaban los contactos, quiénes participaban del reclutamiento, cuáles eran las condiciones ofrecidas a los interesados y qué destino tenían finalmente quienes aceptaban viajar.
En paralelo, Rusia aseguró haber identificado a 58 ciudadanos argentinos que participaron del conflicto del lado ucraniano y afirmó que 17 de ellos murieron.
Esos números provienen de fuentes rusas y no cuentan con confirmación independiente, por lo que no pueden ser considerados cifras verificadas de manera autónoma.
Más allá de la controversia sobre esos datos, las experiencias relatadas alrededor del reclutamiento muestran el contraste entre una propuesta económica expresada en dólares y las condiciones reales de un territorio en guerra. Para quienes aceptan viajar, el salario ofrecido, el contrato y la experiencia profesional previa pueden quedar rápidamente relegados cuando el destino asignado se encuentra en una trinchera o en una posición próxima a la primera línea del frente.
Ex policías y militares retirados argentinos viajaron a Ucrania atraídos por ofertas de hasta US$3.000 mensuales para incorporarse a fuerzas que combaten contra Rusia. Los contactos circulan por redes sociales y grupos privados. Una investigación judicial busca determinar cómo operaba parte del reclutamiento, mientras Rusia informó sobre 58 argentinos involucrados y 17 muertos, cifras sin confirmación independiente.
Hasta US$3.000 por mes para ir a pelear a Ucrania. En el mercado laboral argentino aparecieron ofertas donde el currículum pide experiencia con armas, capacidad para trabajar bajo presión y, como beneficio corporativo implícito, la posibilidad de que la oficina sea una trinchera alcanzada por drones.
La propuesta circula por TikTok, Instagram, contactos personales y grupos privados: una especie de LinkedIn bélico en el que la experiencia como policía o militar retirado cotiza más que cualquier curso de Excel. El detalle es que entre el anuncio y el puesto efectivo puede haber una diferencia algo mayor que descubrir que el “ambiente dinámico” de una búsqueda laboral significaba atender cinco teléfonos al mismo tiempo.
Los testimonios y denuncias mencionados en torno al fenómeno hablan de salarios inferiores a los prometidos, tareas diferentes y destinos de mucho mayor riesgo. Porque una cosa es leer “hasta US$3.000” desde el teléfono y otra bastante menos promocionable es comprobar qué significa ese “hasta” cuando el contrato termina cerca de la primera línea del frente.
La captación apunta especialmente a ex policías y militares porque llegan con entrenamiento, disciplina y manejo de armas. Es la optimización de recursos humanos llevada a su expresión más literal: menos capacitación inicial porque el candidato ya sabe cómo operar bajo presión y, sobre todo, porque en una guerra el período de adaptación tiene políticas de desempeño bastante severas.
En paralelo, una investigación judicial intenta establecer cómo funcionaban algunos contactos y quiénes intervenían en la captación. Griselda Inés Ortiz fue detenida y Jorge Otero, ambos vinculados anteriormente con fuerzas de seguridad, aparece mencionado en la pesquisa; las responsabilidades, naturalmente, deberán ser determinadas por la Justicia.
Rusia, además, aseguró haber identificado a 58 argentinos que combatieron del lado ucraniano y sostuvo que 17 murieron. Las cifras no tienen confirmación independiente, pero alcanzan para recordar que detrás de la épica del salario en dólares hay un pequeño inconveniente contractual: el puesto de trabajo queda en una guerra.
El home office tenía sus problemas.