La inflación de septiembre fue del 1,9%, en línea con las previsiones de las consultoras que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM). El dato representó una aceleración de 0,2 puntos porcentuales frente al 1,7% registrado en agosto.

De acuerdo con el Indec, la variación interanual alcanzó el 33,4%, mientras que el acumulado durante los primeros nueve meses de 2026 llegó al 23,6%.

Vivienda y Educación encabezaron los aumentos

La división con mayor incremento durante septiembre fue Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con una suba del 3,1%. En segundo lugar se ubicó Educación, con un avance del 3%.

Alimentos y bebidas no alcohólicas, la categoría de mayor peso dentro del índice, fue la que más incidió sobre la variación mensual en todas las regiones, con excepción del Gran Buenos Aires, donde tuvieron mayor impacto las tarifas y la energía.

La inflación núcleo, que excluye los precios estacionales y regulados, se ubicó por debajo del índice general y registró un incremento del 1,7% durante septiembre.

Los productos estacionales aumentaron 2,9%, impulsados principalmente por Verduras, tubérculos y legumbres, mientras que los precios regulados avanzaron 2,3% como consecuencia de los incrementos en gas y electricidad.

Felipe Núñez, director del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) y uno de los dirigentes cercanos al ministro Luis Caputo, señaló que el Índice de Precios al Consumidor de septiembre registró “el incremento mensual más bajo para ese mes desde 2017” y remarcó que “el dato sigue estando afectado por la recomposición de tarifas y la suba de los precios de la energía a nivel mundial debido al contexto geopolítico”.

Qué esperan los economistas para el último trimestre

De cara al cierre de 2026, los economistas proyectan que la inflación mensual permanecerá por encima del 1,5%. Las estimaciones privadas continúan ubicando la variación interanual de este año alrededor del 30%, en línea con la cifra contemplada por el Gobierno en el Presupuesto 2027.

“Proyectamos que la inflación se mantendrá en torno al 1,6%-1,7% mensual durante el último trimestre del año. Nuestro escenario contempla una continuidad del proceso de desaceleración, aunque a un ritmo gradual”, señaló María Minatta, economista y directora de MAP Latam.

Minatta indicó que los principales riesgos al alza están relacionados con la evolución del precio internacional del petróleo y su posible impacto sobre los combustibles, además del comportamiento del precio de la carne, un componente que suele aportar volatilidad al índice.

Federico Filippini, Head of Research & Strategy de Adcap Grupo Financiero, proyectó una inflación promedio del 1,7% para el cuarto trimestre y descartó, por el momento, una convergencia inmediata hacia el 1% mensual.

Según su análisis, la evolución de los precios dependerá también del comportamiento de los salarios y de la actividad económica. Una economía débil y negociaciones paritarias más moderadas podrían reducir la presión sobre los precios, especialmente en el sector de servicios.

“El tipo de cambio es otro factor central. Mientras el dólar oficial y los financieros se mantengan relativamente estables, el pass-through debería seguir contenido. A eso se suma la trayectoria de los precios regulados, que puede generar volatilidad mensual y demorar una desaceleración más marcada del índice general”, agregó Filippini.

Las proyecciones para octubre, noviembre y diciembre

La consultora Equilibra proyecta un IPC del 1,8% para octubre, 1,7% para noviembre y 1,9% para diciembre.

“Con un dólar estable, tarifas que se ajustan en línea con la inflación y salarios que van algo por detrás (algunos empatan y otros pierden, y de ahí la caída del consumo), lo que encontramos es un piso inflacionario de alrededor del 2%”, afirmó Diego Bossio, economista y socio fundador de la firma.

Por su parte, LCG calcula que durante el último trimestre de 2026 la inflación se ubicará en un promedio mensual de entre 1,5% y 2%.

La consultora considera además que la inflación núcleo continúa mostrando un componente inercial, pese a la estabilidad del tipo de cambio como ancla nominal y a una actividad económica que mantiene un crecimiento muy débil.