La Cámara de la Construcción de La Rioja alertó sobre el fuerte deterioro que atraviesa el sector y solicitó al gobernador Ricardo Quintela la implementación de un plan de contingencia para sostener la actividad y el empleo. El planteo fue realizado durante una reunión mantenida el 29 de junio, en un contexto marcado por la paralización de obras y la caída del empleo formal.
Según expuso el presidente de la entidad, Héctor Spallanzani, la provincia atraviesa uno de los escenarios más complejos de las últimas décadas. De acuerdo con los datos difundidos por la Cámara, el número de trabajadores registrados en la construcción cayó por debajo de los 500, un nivel considerado crítico para una actividad históricamente vinculada a la inversión pública.
Menos empresas y menos empleo
La crisis también impactó sobre las empresas constructoras. De acuerdo con la información difundida por medios provinciales, la cantidad de firmas activas se redujo aproximadamente a la mitad, reflejando la pérdida de contratos y la disminución de la actividad en distintos puntos de la provincia.
Durante el encuentro con Quintela, la Cámara planteó la necesidad de implementar medidas que permitan recuperar la obra pública, preservar los puestos de trabajo registrados y brindar mayor previsibilidad al sector.
Los empresarios atribuyen parte de la situación al freno de la obra pública nacional, aunque también señalaron la necesidad de contar con herramientas provinciales que contribuyan a amortiguar el impacto sobre el empleo y la capacidad operativa de las empresas.
El pedido de un plan de contingencia
El reclamo empresarial se produjo mientras el Gobierno provincial impulsa la elaboración del Plan Quinquenal Minero 2026-2030, iniciativa presentada como uno de los ejes estratégicos para el desarrollo económico de La Rioja.
Sin embargo, desde la Cámara advirtieron que la situación actual de la construcción requiere respuestas inmediatas. El pedido de un plan de contingencia busca reactivar obras, sostener la actividad de las empresas y recuperar empleo formal en un sector que atraviesa un mínimo histórico de trabajadores registrados.
Un impacto que trasciende a la construcción
La paralización del sector también repercute sobre otras actividades económicas vinculadas a la construcción, como el transporte, los comercios de materiales, los servicios y los distintos oficios que dependen del desarrollo de obras públicas y privadas.
Para la Cámara de la Construcción, la recuperación del sector resulta clave no solo para preservar empresas, sino también para sostener el empleo formal y la actividad económica en toda la provincia. El planteo quedó formalizado tras la reunión con el gobernador, mientras el sector espera definiciones que permitan revertir una de las crisis más profundas registradas en los últimos años.
La Cámara de la Construcción de La Rioja advirtió sobre la profunda crisis que atraviesa el sector y pidió al gobernador Ricardo Quintela un plan de contingencia para sostener el empleo y la actividad. Según la entidad, la provincia registra menos de 500 trabajadores formales en la construcción y una fuerte reducción de empresas activas.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Hay indicadores económicos que llegan en gráficos elegantes y otros que se entienden con solo caminar una cuadra. Cuando desaparecen las mezcladoras, los andamios empiezan a juntar polvo y el único ruido de una obra es el viento, no hace falta consultar demasiadas estadísticas para saber que algo dejó de funcionar. La construcción tiene esa particularidad: cuando avanza, toda la ciudad parece moverse; cuando se frena, el silencio pesa más que el cemento.
En La Rioja, ese silencio terminó golpeando la puerta de la Gobernación. La Cámara de la Construcción no fue a presentar un proyecto futurista ni un render lleno de edificios brillantes. Fue a pedir un plan de contingencia. Traducido al idioma cotidiano: «Necesitamos que alguien haga algo antes de que el último albañil apague la hormigonera». No es precisamente el tipo de reunión que suele organizarse cuando la economía atraviesa su mejor momento.
Mientras tanto, el contraste resulta inevitable. De un lado aparecen los anuncios sobre el futuro minero de la provincia, con planes a cinco años y promesas de desarrollo. Del otro, una actividad que históricamente movió empleo, comercios, corralones, transportistas y oficios intenta sobrevivir con menos de 500 trabajadores registrados. Es como inaugurar el plano de una casa soñada mientras el techo del comedor sigue esperando el primer ladrillo.
La discusión, por supuesto, no tarda en encontrar culpables. Nación, Provincia, licitaciones, fondos, recortes y discursos cruzados forman parte de un rompecabezas donde todos tienen una explicación y nadie parece tener una solución inmediata. Pero para quienes viven de la construcción, el debate teórico termina cuando se acaba el trabajo. Porque las obras pueden detenerse por decisiones políticas, pero las cuentas siguen llegando con admirable puntualidad.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La Cámara de la Construcción de La Rioja alertó sobre el fuerte deterioro que atraviesa el sector y solicitó al gobernador Ricardo Quintela la implementación de un plan de contingencia para sostener la actividad y el empleo. El planteo fue realizado durante una reunión mantenida el 29 de junio, en un contexto marcado por la paralización de obras y la caída del empleo formal.
Según expuso el presidente de la entidad, Héctor Spallanzani, la provincia atraviesa uno de los escenarios más complejos de las últimas décadas. De acuerdo con los datos difundidos por la Cámara, el número de trabajadores registrados en la construcción cayó por debajo de los 500, un nivel considerado crítico para una actividad históricamente vinculada a la inversión pública.
Menos empresas y menos empleo
La crisis también impactó sobre las empresas constructoras. De acuerdo con la información difundida por medios provinciales, la cantidad de firmas activas se redujo aproximadamente a la mitad, reflejando la pérdida de contratos y la disminución de la actividad en distintos puntos de la provincia.
Durante el encuentro con Quintela, la Cámara planteó la necesidad de implementar medidas que permitan recuperar la obra pública, preservar los puestos de trabajo registrados y brindar mayor previsibilidad al sector.
Los empresarios atribuyen parte de la situación al freno de la obra pública nacional, aunque también señalaron la necesidad de contar con herramientas provinciales que contribuyan a amortiguar el impacto sobre el empleo y la capacidad operativa de las empresas.
El pedido de un plan de contingencia
El reclamo empresarial se produjo mientras el Gobierno provincial impulsa la elaboración del Plan Quinquenal Minero 2026-2030, iniciativa presentada como uno de los ejes estratégicos para el desarrollo económico de La Rioja.
Sin embargo, desde la Cámara advirtieron que la situación actual de la construcción requiere respuestas inmediatas. El pedido de un plan de contingencia busca reactivar obras, sostener la actividad de las empresas y recuperar empleo formal en un sector que atraviesa un mínimo histórico de trabajadores registrados.
Un impacto que trasciende a la construcción
La paralización del sector también repercute sobre otras actividades económicas vinculadas a la construcción, como el transporte, los comercios de materiales, los servicios y los distintos oficios que dependen del desarrollo de obras públicas y privadas.
Para la Cámara de la Construcción, la recuperación del sector resulta clave no solo para preservar empresas, sino también para sostener el empleo formal y la actividad económica en toda la provincia. El planteo quedó formalizado tras la reunión con el gobernador, mientras el sector espera definiciones que permitan revertir una de las crisis más profundas registradas en los últimos años.
La Cámara de la Construcción de La Rioja advirtió sobre la profunda crisis que atraviesa el sector y pidió al gobernador Ricardo Quintela un plan de contingencia para sostener el empleo y la actividad. Según la entidad, la provincia registra menos de 500 trabajadores formales en la construcción y una fuerte reducción de empresas activas.
Hay indicadores económicos que llegan en gráficos elegantes y otros que se entienden con solo caminar una cuadra. Cuando desaparecen las mezcladoras, los andamios empiezan a juntar polvo y el único ruido de una obra es el viento, no hace falta consultar demasiadas estadísticas para saber que algo dejó de funcionar. La construcción tiene esa particularidad: cuando avanza, toda la ciudad parece moverse; cuando se frena, el silencio pesa más que el cemento.
En La Rioja, ese silencio terminó golpeando la puerta de la Gobernación. La Cámara de la Construcción no fue a presentar un proyecto futurista ni un render lleno de edificios brillantes. Fue a pedir un plan de contingencia. Traducido al idioma cotidiano: «Necesitamos que alguien haga algo antes de que el último albañil apague la hormigonera». No es precisamente el tipo de reunión que suele organizarse cuando la economía atraviesa su mejor momento.
Mientras tanto, el contraste resulta inevitable. De un lado aparecen los anuncios sobre el futuro minero de la provincia, con planes a cinco años y promesas de desarrollo. Del otro, una actividad que históricamente movió empleo, comercios, corralones, transportistas y oficios intenta sobrevivir con menos de 500 trabajadores registrados. Es como inaugurar el plano de una casa soñada mientras el techo del comedor sigue esperando el primer ladrillo.
La discusión, por supuesto, no tarda en encontrar culpables. Nación, Provincia, licitaciones, fondos, recortes y discursos cruzados forman parte de un rompecabezas donde todos tienen una explicación y nadie parece tener una solución inmediata. Pero para quienes viven de la construcción, el debate teórico termina cuando se acaba el trabajo. Porque las obras pueden detenerse por decisiones políticas, pero las cuentas siguen llegando con admirable puntualidad.