El Gobierno de Estados Unidos manifestó un profundo malestar por la decisión del secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Albert Ramdin, de designar a José Miguel Insulza como jefe de la misión que observará la transparencia de las próximas elecciones presidenciales de Brasil.
La objeción estadounidense se concentra en la histórica relación política y personal entre Insulza y el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien buscará continuar al frente del país en unos comicios donde enfrentará, entre otros candidatos, a Flávio Bolsonaro.
Los vínculos entre Lula e Insulza se remontan a más de dos décadas. En 2005, cuando el brasileño ocupaba la Presidencia y el dirigente chileno era ministro del Interior durante el gobierno de Ricardo Lagos, Insulza pidió el respaldo de Brasil para competir por la Secretaría General de la OEA.
Brasil desarrolló entonces una estrategia diplomática que contribuyó a colocar al dirigente chileno al frente del organismo regional, en momentos en que distintos gobiernos de izquierda tenían una fuerte presencia política en América Latina.
La relación continuó durante los años siguientes. Insulza respaldó también la reelección de Lula y, en 2016, firmó una carta en defensa del mandatario brasileño durante la causa Lava Jato.
El documento también había sido acompañado por dirigentes como Cristina Fernández de Kirchner, Felipe González, José “Pepe” Mujica y Manuel Zelaya.
“Lula no se considera ni está encima de las leyes. Pero tampoco puede ser objeto de injustificados ataques a su integridad personal. Preocupa a la opinión democrática el intento de algunos sectores de destruir la imagen de este gran dirigente latinoamericano”, sostenía aquella carta.
Trump y una elección clave para su estrategia regional
La discusión por la misión de la OEA ocurre además en medio de la estrategia política que Donald Trump impulsa en América Latina y de su enfrentamiento abierto con Lula.
Cuando inició su segundo mandato en la Casa Blanca, Trump contaba en la región con el respaldo político de Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador, Daniel Noboa en Ecuador y Santiago Peña en Paraguay.
Posteriormente, de acuerdo con el escenario político regional planteado, se incorporaron dirigentes como Nasry Asfura en Honduras, Rodrigo Paz en Bolivia, Keiko Fujimori en Perú, José Kast en Chile y Abelardo de la Espriella en Colombia, identificados con el denominado Corolario Trump a la Doctrina Monroe.
Dentro de esa estrategia, el mandatario estadounidense busca una derrota electoral de Lula y respalda la candidatura de Flávio Bolsonaro.
El enfrentamiento entre Trump y Lula llegó incluso al terreno diplomático, con la cancelación de la visa del embajador de Brasil en Estados Unidos.
La relación entre la Casa Blanca y Bolsonaro quedó además expuesta el 26 de mayo, cuando Trump recibió al candidato brasileño en el Salón Oval en un encuentro fuera de agenda.
La reunión constituyó un hecho poco habitual dentro del protocolo estadounidense, debido a que los presidentes de Estados Unidos generalmente no reciben oficialmente en la Casa Blanca a candidatos presidenciales extranjeros.
Tras el encuentro, Trump publicó en Truth Social: “Fue un placer tener a Flávio Bolsonaro en el Despacho Oval de la Casa Blanca. ¡Un joven inteligente que ama mucho a su país, Brasil!”.
La designación que generó malestar en Washington
En este contexto político, la decisión de Ramdin de colocar a Insulza al frente de la misión electoral de la OEA generó fuertes cuestionamientos en Estados Unidos.
La Casa Blanca reconoce la trayectoria institucional del exsecretario general del organismo, pero considera “un grotesco error diplomático” que Ramdin “entregue” a un aliado político y amigo personal de Lula la conducción de la misión encargada de observar unos comicios considerados estratégicos para la región.
La preocupación se concentra especialmente en lo que podría suceder ante una eventual controversia sobre los resultados.
Una eventual denuncia de fraude contra Lula sería analizada por la misión de observación electoral de la OEA, circunstancia que, según la mirada estadounidense, podría alimentar cuestionamientos políticos sobre la imparcialidad del proceso.
Insulza llegó a la Secretaría General de la OEA con el respaldo de Lula y mantiene además diferencias ideológicas con el espacio político representado por Flávio Bolsonaro.
Desde Estados Unidos sostienen que Ramdin debería haber optado por un exmandatario de la región para encabezar la misión electoral y consideran que el secretario general de la OEA no podía desconocer los antecedentes de la relación entre Insulza y el presidente brasileño.
Estados Unidos expresó malestar por la decisión del secretario general de la OEA, Albert Ramdin, de designar a José Miguel Insulza al frente de la misión que observará las próximas elecciones presidenciales de Brasil. Washington cuestiona los vínculos políticos y personales del exfuncionario chileno con Lula da Silva, quien enfrentará una disputada elección frente a Flávio Bolsonaro.
Estados Unidos mira las elecciones de Brasil y ya encontró un problema antes de que aparezca la primera urna: quien encabezará la misión de observación de la OEA es amigo y antiguo aliado político de Lula. José Miguel Insulza fue elegido por Albert Ramdin para supervisar unos comicios que prometen menos tranquilidad que una reunión de consorcio con expensas atrasadas.
Washington reconoce la trayectoria institucional del chileno, pero considera “un grotesco error diplomático” poner al frente de la misión a alguien que durante más de dos décadas mantuvo vínculos políticos con Lula. Es como convocar al árbitro del clásico y descubrir, cinco minutos antes del partido, que tiene una foto abrazado con uno de los técnicos: puede conocer el reglamento de memoria, pero las explicaciones empiezan antes del saque inicial.
La historia tampoco ayuda a despejar suspicacias. Brasil respaldó en 2005 la candidatura de Insulza para conducir la OEA y, años después, el dirigente chileno firmó una carta en defensa de Lula durante el caso Lava Jato. Ahora deberá encabezar al organismo encargado de observar una elección donde el presidente brasileño busca continuar en el poder y Flávio Bolsonaro intenta desplazarlo.
El asunto adquiere todavía más temperatura porque Donald Trump respalda políticamente a Bolsonaro y mantiene un enfrentamiento abierto con Lula. La Casa Blanca considera que una eventual denuncia de fraude terminaría bajo análisis de una misión conducida por alguien con antecedentes públicos de cercanía con uno de los candidatos.
Desde Washington sostienen que Ramdin podría haber elegido a un expresidente latinoamericano y evitar semejante tormenta diplomática. Pero la designación ya está hecha y el partido empezó antes de que lleguen los votos.
Brasil todavía no eligió presidente y en Washington ya están discutiendo quién mira el VAR.