Dos pagadores del Casino de Mendoza, Fernando Villegas y Juan Carlos Peccinetti, contaron que vieron un ovni y cinco seres en plena ciudad. Según su relato, fue a las 3:42 de la madrugada del sábado 31 de agosto de 1968, frente a un baldío de la calle Neuquén, en la Sexta Sección de la Ciudad de Mendoza. Es el episodio conocido como el caso Peccinetti-Villegas.
En las horas siguientes, un médico forense les encontró pinchazos en dos dedos de la mano izquierda y la Comisión Nacional de Energía Atómica midió radiación normal en el baldío. A los pocos días, la puerta del auto, con sus marcas, se mostraba en la televisión de Buenos Aires.
Para el juez que investigó el caso, no hubo ovnis ni extraterrestres, sino una broma. Nadie fue procesado y no hubo sentencia.
El caso, en cinco líneas
- El sábado 31 de agosto de 1968, a las 3:42 según los testigos, un auto viejo se paró en la calle Neuquén, cerca del Liceo Militar, en la Sexta Sección de Mendoza.
- Adentro iban Fernando, de 29 años, y Juan Carlos, de 26, pagadores del Casino, que entonces era provincial.
- Contaron que vieron una nave con forma de lenteja y cinco seres de cabeza grande, y que una voz les repetía «No temer». Nadie más dijo haber visto a los seres.
- Tenían pinchazos en dos dedos de la mano izquierda, y en el auto quedaron signos en la puerta y mercurio en el estribo. El alcohol en sangre y la radiación dieron normales.
- Para el juez fue una broma que se fue de las manos. Nadie fue procesado y no hubo sentencia.
Quiénes eran Villegas y Peccinetti, los dos pagadores del Casino
Fernando tenía 29 años y Juan Carlos, 26, y los dos eran pagadores del Casino. Casi todo lo que se sabe de esa noche viene de tres fuentes: las revistas Primera Plana, que publicó el caso el 10 de septiembre de 1968, y 2001, que lo contó el 18 de octubre, y Roberto Banchs, un investigador de ovnis de mirada escéptica que los entrevistó dos veces cinco días después.

Según le contaron a Banchs, Fernando dejó el trabajo temprano y tomó un café enfrente. Cerca de las 3 salió Juan Carlos, que estaba sin auto, y Fernando aceptó llevarlo, pasando antes por su casa a buscar un abrigo que Juan Carlos había olvidado ahí. A Primera Plana, Fernando le dijo que dobló por la calle Neuquén «sin saber por qué», aunque jamás tomaba ese camino.
El auto era de Fernando: un Whippet 1929 con carrocería de Chevrolet 1934, viejo hasta para 1968. El día anterior había pasado por el taller porque no arrancaba: tenía cambiados dos cables de las bujías. Era, le dijo Fernando a 2001, «el que más se presta a bromas».

Como el auto fallaba seguido, cuando se paró en seco y con las luces apagadas no les llamó la atención. Se bajaron a revisar la batería frente a un baldío grande y oscuro, a unos 300 metros del Liceo Militar General Espejo.
El relato de los testigos: la nave, los cinco seres y el «No temer»
Lo que sigue es el relato de Fernando y Juan Carlos, los únicos que dijeron haber visto a los seres. Contaron que se les acercaron tres figuras de 1,40 a 1,50 metros, peladas, de cabeza grande y con un enterizo como el de los mecánicos. Otras dos se quedaron junto a la nave.
La nave estaba sobre el baldío, a unos 30 metros: un objeto con forma de lenteja, de unos 5 metros de diámetro, que flotaba cerca del suelo y largaba desde abajo un haz de luz blanca.

Una voz, dijeron, les sonaba adentro de la cabeza, como un parlante chiquito en cada oreja, en castellano con acento extranjero. Repetía «No temer, no temer», dijo que venían de dar tres vueltas alrededor del Sol y cerró con «La matemática es el idioma universal».
Uno de los seres les mostró una pantalla redonda, como la de un televisor grande, en colores: primero una cascada, después un hongo como el de una explosión atómica y al final la misma cascada, seca. En 1968, la televisión en Mendoza era en blanco y negro.
Mientras tanto, otro ser trazaba signos en la puerta izquierda y en el estribo con un aparato que encandilaba como una soldadura eléctrica. Al final les tomaron la mano izquierda y les pincharon los dedos.
Los seres subieron por el haz de luz como por una escalera mecánica. Hubo una explosión, que Fernando sintió como un «flameo» en los pantalones y Juan Carlos como un golpe de aire, y la nave se fue.
El reloj parado a las 3:42 y el primer informe de la Policía
Fernando salió corriendo hacia la guardia del Liceo Militar y Juan Carlos lo siguió sin alcanzarlo. Ahí les dieron un vaso de agua y los mandaron al Hospital Lagomaggiore.
La Policía tomó el caso esa misma madrugada. El primer inspector se cruzó con Fernando en el camino y después entrevistó en el hospital a Juan Carlos, que le entregó su reloj: estaba parado a las 3:42. En su informe reservado, que publicó Primera Plana, el inspector escribió que los dos eran «veraces en sus exposiciones».
En el baldío, el inspector sintió un fuerte olor parecido al azufre. El auto quedó en la comisaría 6.ª, y en su puerta los policías encontraron círculos que parecían órbitas, flechas y signos sueltos.

Pinchazos y mercurio: qué encontraron el forense y la Policía Científica
Un médico forense los revisó en el hospital. En su informe anotó, en los dos, un cuadro de excitación y «tres pequeñas punciones» en la yema de los dedos índice y mayor de la mano izquierda. Los pinchazos de Fernando eran profundos; los de Juan Carlos, superficiales.
A la revista 2001, el mismo médico le habló de «dos micropunciones» y contó que lo llamaron a las 4:45. Fernando dijo que lo sintió como cuando sacan sangre en un laboratorio. El alcohol en sangre dio normal en los dos.
La Policía Científica encontró en el estribo, donde estaban los signos, gotas de un metal líquido y blanco: mercurio. Varios curiosos se llevaron muestras: el meteorólogo Bernardo Razquin le contó a 2001 que mostró las suyas ese sábado en el Canal 7 de Mendoza.
La IV Brigada Aérea, de El Plumerillo, mandó a un teniente a seguir el caso y giró lo reunido a la Junta de Investigaciones Espaciales. Hasta la Marina de Guerra examinó las marcas.
Qué midió la Comisión Nacional de Energía Atómica en el baldío
A media mañana del sábado llegaron técnicos de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Con un contador Geiger y junto a peritos de la Policía Científica, recorrieron el baldío, la carrocería del auto y las cosas de metal que llevaban encima los dos. La radiación era normal.
«No encontré en ningún momento nada de radiactividad superior a lo normal», declaró el técnico a cargo, según Los Andes y La Nación del 1 de septiembre, que cita Banchs.

Eran científicos de la Delegación Oeste de la CNEA, según el comunicado que la Policía difundió días después. La Comisión ya trabajaba en la provincia: su cronología oficial de las décadas de 1950 y 1960 registra que sus primeros yacimientos de uranio, anunciados en 1951 y 1952, estaban en Mendoza, y que desde 1965 funcionaba en Malargüe su planta de concentrado de uranio.
Los signos de la puerta del auto y qué se leyó en ellos
Banchs contó en la puerta por lo menos nueve signos: unos parecidos a letras y un dibujo que Primera Plana y 2001 describieron como dos soles con tres órbitas cada uno.

Victorio Corradi, del Centro de Investigaciones Espaciales de Mendoza, le dijo a Primera Plana que uno de los dos sistemas podía ser el de Júpiter, cuya tercera luna es Ganímedes, y el otro, el nuestro. El centro, que presidía Ignacio Correa Llano, leyó que los visitantes habían venido tres veces desde Ganímedes.
Un equipo que consultó 2001 leyó en los signos una frase en arameo: «Comienza el final». Para Primera Plana, en cambio, eran «dibujos geométricos primitivos, indignos de una civilización» capaz de cruzar el espacio.
Cómo lo contó la prensa en 1968
Esa misma mañana, el baldío ya era «una romería de curiosos que recolectaban evidencias y souvenirs», como lo describió Primera Plana. Ese mismo sábado la noticia salió por las radios y la televisión de Mendoza, y a la tarde, según Banchs, pasaron por la calle Neuquén y por la comisaría más de 5.000 personas.

El domingo 1 de septiembre lo publicaron Los Andes, La Nación y Diario de Cuyo, de San Juan, según Banchs. A los pocos días, Fernando y Juan Carlos viajaron a Buenos Aires con permiso del Casino, y el conductor Pipo Mancera mostró la puerta del auto en varios programas de «Sábados circulares».
Primera Plana publicó el 10 de septiembre «OVNI: Una pasión argentina», con el informe del primer inspector. El 12, Gente y la Actualidad sacó las declaraciones del juez y del jefe de Policía, y El Andino, con fuentes policiales, cómo se habría armado la broma. Lo repitieron La Razón y Clarín.

El reportaje de 2001, del 18 de octubre, lo firmaron Alejandro Vignati y Marcelo Ray, que entrevistaron en Mendoza al juez, al fiscal, al forense y a los testigos.
Por qué la Policía pidió calma en la ola de ovnis de 1968
El caso cayó en plena ola de ovnis. Primera Plana escribió que la «psicosis del OVNI» había tenido a principios de septiembre de 1968 su pico más agudo en el país desde junio.
El jueves 5 de septiembre, la Policía de Mendoza difundió un comunicado para frenar el pánico. Decía que no se había comprobado ningún caso, que se trataba de «fenómenos alucinatorios» o de personas con «tendencias a la mitomanía», y recordaba que el Código Penal castiga con prisión a quien infunda temor público.
Con ese comunicado, como señaló Primera Plana, la Policía desautorizó a su propio inspector, el que los había considerado «veraces». El jefe de Policía, Roberto Hartkopf, le explicó el motivo a la revista Gente en septiembre de 1968:
«Quisimos evitar que en Mendoza pasara, por causa del pánico, lo que pasó en los Estados Unidos cuando Orson Welles simuló “La guerra de los mundos”».
En octubre, Hartkopf le dijo a 2001 que el comunicado no aludía «ni remotamente» al caso. Los enviados de la revista describieron su efecto: «Todo el mundo hablaba de platillos voladores. Ahora, nadie habla».
Una causa judicial por lesiones leves
El juez de instrucción Jorge Marzari Céspedes se enteró por los diarios el domingo 1 de septiembre. No estaba de turno ni había acusación contra nadie, pero la Suprema Corte le encargó la investigación. La causa quedó caratulada «contra N. N. por lesiones leves»: contra autores desconocidos, por los pinchazos.
Ese domingo fue al baldío y, según le contó a 2001, vio donde tendría que haber estado la nave «dos huellas frescas» de neumáticos, que un oficial pisó y borró. Nadie más las vio.
El lunes 2 habló con los dos por primera vez. Después ordenó una pericia con dos psicólogos y dos psiquiatras: la junta los examinó durante 4 horas y media, y el martes 3, según Banchs, hubo un observador de la Fuerza Aérea.
Al salir, según Primera Plana, Juan Carlos se quejó: «Fueron todos contra uno». Fernando avisó: «La próxima vez que vea un OVNI no se lo cuento ni a mamá».
Los dos tuvieron abogado: Ignacio Correa Llano, ufólogo y presidente del Centro de Investigaciones Espaciales, que acusó al juez de presionarlos por «los términos y el modo» del interrogatorio.
También se propuso examinarlos bajo hipnosis: Fernando aceptó y Juan Carlos no, según les contaron el juez y el jefe de Policía a la revista Gente.
Por qué el juez concluyó que fue una broma
Después, el juez volvió a la calle Neuquén con los dos, a la misma hora del relato, y les hizo repasar cada detalle. Dijo que encontró contradicciones «a granel».
El sumario era secreto, pero algunas pruebas trascendieron a la prensa y Banchs las reunió. La más citada es la hora: el reloj de Juan Carlos se paró a las 3:42, pero en el Liceo Militar anotaron su llegada una hora después.
Según Banchs, también trascendió que al salir del Casino llevaban a otros tres empleados: Fernando lo recordó en la reconstrucción y Juan Carlos no lo había mencionado.
Para el juez, según Banchs, una gotita de parafina en la perilla había parado el reloj. El mercurio, según el sumario, era el de un termómetro común, y los peritos caligráficos concluyeron que las marcas se hicieron con un pirograbador, la punta caliente que se usa para dibujar sobre madera.
Según lo que trascendió del juzgado y recoge Banchs, la broma habría empezado el día anterior, con los cables de las bujías cambiados. Y la explosión, que según 2001 y Banchs oyeron también algunos vecinos, pudo ser un disparo de escopeta, le dijo el juez a 2001.
A la prensa, en septiembre, el juez le dijo «Se trata de un cuento»: la broma iba dirigida a Fernando y «sin querer se amplificó y escapó al control de los organizadores». En su versión, Juan Carlos estaba entre los responsables, aunque nunca fue acusado ni procesado: los dos declararon solo como testigos. En octubre, a la revista 2001, el juez dijo: «Nunca aseveré que Peccinetti fuera el autor de la broma».
Para el juez, todo se hizo público porque nadie esperaba que Fernando corriera al Liceo. Y resumió el caso ante 2001: «No es nada del otro mundo».
Las otras explicaciones del caso
Para Banchs, el caso no fue una visita de otro planeta, pero la explicación del juez tampoco lo convenció. Estas son algunas de las preguntas que, para él, dejaba sin contestar:
- ¿Dónde estaban los cinco bromistas de 1,40 metros, pelados y con enterizo?
- ¿Cómo se proyectaron en colores una cascada y un hongo atómico con «una sábana y un reflector», como sostenía la Policía?
- ¿Cómo sabían los bromistas que Fernando iba a doblar por la calle Neuquén, si esa noche cambió el camino de siempre?
Para Banchs, «la versión oficial parece tan difícil de probar como la realidad del episodio». La revista 2001 fue más lejos: discutió las pruebas del juez una por una y dejó abierta la posibilidad de un contacto real.
El periodista Alejandro Agostinelli, que reconstruyó el caso para un libro, apunta a otro relato: el 30 de junio de 1968, un empleado de la destilería de YPF de Luján de Cuyo dijo haber visto a dos seres con una pantalla redonda. Llegó a los diarios recién el 2 de septiembre, pero sus compañeros lo sabían desde ese día. Para Agostinelli, ese relato, que circulaba de boca en boca, inspiró el de la Sexta.
Cómo terminó la causa: sin procesados ni sentencia
En octubre de 1968, según 2001, la causa ya la llevaba un fiscal, que le dijo a la revista que la situación de Fernando y Juan Carlos «es de testigos» y que no había hecho «ningún cargo contra estos señores».
Si no aparece un culpable, explicó, la causa «se reserva en secreto hasta que el autor se individualice o se ordene la prescripción». Así quedó: reservada, sin procesados ni sentencia, y el secreto del sumario nunca se levantó. Tampoco hubo una confesión ante la Justicia.
Fernando y Juan Carlos dejaron el Casino poco después del caso. En 2007, Fernando le dijo a Agostinelli: «Si aquello fue una broma, la hizo Spielberg». En 2008, Juan Carlos le dijo al mismo periodista que «era difícil fabricar lo que planteó» el juez, y preguntó: «Hacer una broma así, ¿cuál era el negocio?».
Pero en su último encuentro con el periodista Miguel Títiro, según recordó Títiro en Los Andes en 2023, Juan Carlos le dijo: «Lo del ovni en la Sexta fue una broma». Fernando, Juan Carlos y el juez ya murieron.
Cómo se recuerda el caso y dónde están los documentos
Durante más de cuatro décadas fue uno de los tres o cuatro casos más citados en la bibliografía ovni del país, según Agostinelli, que le dedicó el capítulo «Mensaje de Ganímedes» de su libro «Invasores» (Sudamericana, 2009).
El ufólogo Fabio Zerpa, agrega Agostinelli, repitió su versión de 1975 hasta «Señales en el cielo», de 2017.
Mendoza tuvo otra historia de ovnis 11 años después: en 1979, una foto sacada en Puente del Inca terminó dándole nombre a una banda, como contamos en por qué se llaman Los Enanitos Verdes.
El expediente judicial nunca se hizo público. Primera Plana número 298, con la nota en las páginas 55 y 56, está digitalizada en el Archivo Histórico de Revistas Argentinas (AHIRA). El reportaje de 2001 y la investigación de Banchs, con 29 referencias, la mayoría de la prensa de 1968, están en el sitio Visión OVNI.
Gente y los diarios de 1968 hay que buscarlos en hemerotecas. En Mendoza, la Biblioteca Pública General San Martín guarda diarios locales y nacionales, según el Gobierno de Mendoza, aunque su página no aclara desde qué año.
Para reportar un avistamiento, la Fuerza Aérea Argentina tiene desde 2019 el Centro de Identificación Aeroespacial, que estudia los casos, publica informes anuales y recibe fotos y videos.
Cronología del caso de los ovnis del Casino de Mendoza, 1968
- Domingo 30 de junio de 1968, 1:15. Un empleado de la destilería de YPF de Luján de Cuyo dice haber visto a dos seres. Sus compañeros lo saben ese día; los diarios, el 2 de septiembre.
- Viernes 30 de agosto de 1968. El auto de Fernando pasa por el taller.
- Sábado 31 de agosto de 1968, 3:42. Según el relato de los dos pagadores, el auto se para en la calle Neuquén y ven una nave y cinco seres.
- Sábado 31 de agosto de 1968, madrugada. Fernando corre al Liceo Militar; de ahí los mandan al Hospital Lagomaggiore. El forense ve los pinchazos y el reloj de Juan Carlos está parado a las 3:42.
- Sábado 31 de agosto de 1968, media mañana. La CNEA mide con un contador Geiger: radiación normal.
- Sábado 31 de agosto de 1968, durante el día. Radio y televisión dan la noticia. Más de 5.000 personas pasan por el lugar, según Banchs.
- Domingo 1 de septiembre de 1968. Los Andes, La Nación y Diario de Cuyo publican el caso. El juez recorre el baldío.
- Lunes 2 de septiembre de 1968. El juez habla con los dos por primera vez. Los Andes publica el relato de Luján de Cuyo.
- Martes 3 de septiembre de 1968. Pericia en Medicina Legal, con un observador de la Fuerza Aérea, según Banchs.
- Jueves 5 de septiembre de 1968. Comunicado de la Policía para frenar el pánico.
- Martes 10 de septiembre de 1968. Primera Plana publica el informe del primer inspector, que los consideró «veraces».
- Septiembre de 1968. Reconstrucción en la calle Neuquén, a la hora del relato. El juez concluye que fue una broma.
- Jueves 12 de septiembre de 1968. Gente publica las declaraciones del juez y del jefe de Policía; El Andino, la versión policial, según Banchs.
- Viernes 18 de octubre de 1968. La revista 2001 publica su reportaje. Para el fiscal, los dos son testigos.
- Más tarde. La causa queda reservada, sin procesados, confesión ni sentencia, y el secreto del sumario nunca se levanta. Los dos dejan el Casino.
- 2007 y 2008. Fernando y Juan Carlos le sostienen su versión a Alejandro Agostinelli.
- 2009. Agostinelli publica «Invasores», con el capítulo «Mensaje de Ganímedes».
- 2023. Miguel Títiro recuerda en Los Andes que Juan Carlos le dijo que fue una broma.

Todas las fuentes de esta nota, con fecha y medio, están en la ficha de fuentes (PDF).
El 31 de agosto de 1968, Fernando Villegas y Juan Carlos Peccinetti, pagadores del Casino de Mendoza, dijeron haber visto un ovni y cinco seres. Fue frente a un baldío de la calle Neuquén, en la Sexta Sección. Un forense les encontró pinchazos en dos dedos y la Comisión Nacional de Energía Atómica midió radiación normal. El juez concluyó que había sido una broma, pero nadie fue procesado y no hubo sentencia.
Dos pagadores del Casino, un auto viejo y una visita que solo vieron ellos: Mendoza, 3:42 del 31 de agosto de 1968. Fernando y Juan Carlos volvían del trabajo cuando el auto, que ya fallaba de memoria, se paró frente a un baldío de la calle Neuquén. Según ellos, aparecieron cinco seres pelados de cabeza grande, una nave con forma de lenteja y una voz adentro de la cabeza que repetía «No temer, no temer». Consejo difícil de seguir a esa hora y en ese baldío.
Siempre según ellos, les mostraron una pantalla en colores (en una provincia que todavía veía la tele en blanco y negro), les dejaron por lo menos nueve signos en el auto y les pincharon los dedos. Fernando corrió hasta la guardia del Liceo Militar, y ahí el asunto dejó de ser privado.
Después vino el Estado en pleno. Un forense anotó tres pinchazos a cada uno. El alcohol dio normal. La Comisión Nacional de Energía Atómica pasó el contador Geiger: normal. Y un juez abrió una causa «contra N. N. por lesiones leves», que es la forma judicial de decir «no sabemos quién fue, pero alguien pinchó».
La Policía, mientras tanto, sacó un comunicado para bajar el pánico: habló de «fenómenos alucinatorios» y recordó que el Código Penal castiga con prisión a quien infunda temor público. De paso, según Primera Plana, desautorizó a su propio inspector, que en su informe los había encontrado «veraces».
El juez volvió al lugar a la hora del relato, encontró contradicciones «a granel» y concluyó que había sido una broma que se fue de las manos. Nadie fue procesado y no hubo sentencia. Años después, Fernando dijo que si fue una broma «la hizo Spielberg». Juan Carlos dijo las dos cosas.
