Estudiantes de séptimo año de la EPET N° 3 desarrollaron un biocuero de alperujo, un residuo generado por la industria olivícola. El equipo sanjuanino trabaja en mejorar la formulación del material y busca darle continuidad al proyecto fuera de la escuela, con la intención de patentarlo.
El director Eduardo Yáñez informó que diez alumnos participaron en Mendoza del certamen Industria Inspira, organizado por UIA Joven, y obtuvieron un premio regional. Según explicó, el reconocimiento permitirá que diez estudiantes viajen a Buenos Aires para continuar impulsando la propuesta.
Cómo transforman el residuo en un nuevo material
La investigación comenzó con la idea de fabricar biocuero a partir de cáscaras de frutas. Después del contacto con Solfrut, los estudiantes conocieron la disponibilidad de alperujo y decidieron orientar los ensayos hacia ese insumo.
La empresa aporta la materia prima que el grupo acondiciona para trabajar en el laboratorio. Luego preparan una mezcla con la formulación desarrollada y la dejan secar durante tres días a temperatura ambiente.
Según describieron los estudiantes, el resultado presenta resistencia y flexibilidad. Entre las aplicaciones que proponen figuran bolsos, carteras, libretas y accesorios para mascotas.
El proceso incluyó pruebas fallidas y modificaciones de la fórmula. El equipo contó con el acompañamiento de la profesora Claudia Tarabay y las mentoras Lourdes de los Ríos y Evelyn Sánchez, con tareas distribuidas entre sus diez integrantes.

Los próximos pasos del proyecto
El grupo busca desarrollar una forma de producción industrial y seguir investigando las posibilidades del material. La iniciativa forma parte de los proyectos de economía circular de escuelas sanjuaninas reconocidos en la instancia regional.
La intención de obtener una patente integra los objetivos del equipo. La continuidad del trabajo apunta a mejorar el desarrollo y explorar su aplicación en productos elaborados a partir de un residuo de una actividad productiva de San Juan.
Estudiantes de séptimo año de la EPET N° 3 desarrollaron un biocuero con alperujo, un residuo de la industria olivícola. El equipo obtuvo un reconocimiento regional en Industria Inspira y, según informó la escuela, diez alumnos podrán viajar a Buenos Aires. Ahora buscan mejorar la producción y avanzar hacia una patente.
En la EPET N° 3 encontraron una posibilidad de fabricar carteras donde la industria olivícola deja un residuo. Diez estudiantes de séptimo año desarrollaron un biocuero con alperujo y obtuvieron un reconocimiento regional en Industria Inspira. La materia prima ya estaba: faltaba un equipo dispuesto a mirarla con algo más de curiosidad que ganas de sacársela de encima.
El proyecto empezó con cáscaras de frutas, pero cambió de rumbo después del contacto con Solfrut, que aporta el alperujo para las pruebas. Hubo investigación, ensayos y ajustes de la fórmula en el laboratorio. La innovación escolar tiene bastante menos de iluminación repentina y bastante más de volver a mezclar cuando el primer intento no sale como prometía la imaginación.
El procedimiento incluye acondicionar la materia prima, preparar la mezcla y dejarla secar durante tres días a temperatura ambiente. Según el equipo, el material obtenido es resistente y flexible, con posibles aplicaciones en bolsos, carteras, libretas y accesorios. El residuo entró al laboratorio sin muchas expectativas comerciales y salió con aspiraciones de ocupar una vidriera.
La profesora Claudia Tarabay y las mentoras Lourdes de los Ríos y Evelyn Sánchez acompañaron el trabajo. Cada integrante asumió una función, desde preparar los insumos hasta participar de los ensayos. Mientras tantos discursos reclaman conectar la escuela con la producción, este grupo hizo algo bastante concreto: consiguió materia prima y se puso a trabajar.
Ahora quieren desarrollar una forma de producción industrial y explorar la posibilidad de patentar el resultado. Son pasos que todavía requieren trabajo, pruebas y continuidad fuera del aula, como reconoce el propio equipo. Por lo pronto, la experiencia deja una comparación incómoda para cualquier presentación demasiado solemne sobre innovación: diez estudiantes ya tienen algo para mostrar arriba de la mesa.
