El riesgo país argentino cerró la semana en 648 puntos básicos, profundizando una suba que comenzó después de haber alcanzado el 7 de julio su menor nivel en ocho años, con 403 puntos.
Desde entonces, el indicador elaborado por JP Morgan aumentó 245 puntos básicos, mientras que en el mismo período el riesgo de la región mostró una evolución más favorable.
El movimiento refleja una combinación de factores políticos, económicos y financieros que volvieron a elevar las dudas de los inversores sobre la Argentina.
Entre ellos aparecen las expectativas sobre las elecciones de 2027, el contexto internacional, los vencimientos de deuda, la evolución de la recesión y una desaceleración de la inflación que muestra señales de perder velocidad.
Las dudas sobre 2027 y el escenario político
Uno de los principales factores que observa el mercado es la evolución política del Gobierno y las posibilidades de Javier Milei de conseguir la reelección.
Durante el primer semestre, la imagen presidencial se debilitó en medio de una inflación superior a la esperada y una actividad económica más débil de lo previsto.
Ese escenario alimentó análisis que asignan menores probabilidades a una continuidad de La Libertad Avanza después de 2027.
Sin embargo, también existen dudas respecto de si el mercado no se adelantó demasiado en sus conclusiones.
El politólogo Ignacio Labaqui planteó que «El peronismo se halla en estado de ebullición por sus internas y sin claridad acerca de quién será el rival a vencer para Milei».
También agregó: «Más aún, sin certeza sobre cuáles serán las reglas con las que se votará en 2027 (PASO sí o no), ¿no es exagerada la reacción del mercado?».
Un contexto internacional más exigente
La Argentina también enfrenta un escenario externo menos favorable.
Las principales compañías tecnológicas estadounidenses registraron durante la semana una de sus mayores caídas recientes y el índice Nasdaq retrocedió 4,5%.
Al mismo tiempo, persisten dudas sobre la evolución fiscal y de deuda en Estados Unidos, junto con nuevas presiones inflacionarias y tasas de interés más elevadas.
El bono del Tesoro estadounidense a diez años ofrece actualmente un rendimiento cercano al 5,1% anual, lo que eleva considerablemente el costo que países emergentes deben pagar para conseguir financiamiento.
Ese contexto complica cualquier eventual retorno de la Argentina a los mercados internacionales de crédito.
El FMI, los bonistas y los vencimientos
Durante la semana, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, expresó confianza en que Argentina podrá cumplir con sus obligaciones con el organismo.
El comentario se produjo después de elogiar a Grecia por haber cancelado anticipadamente parte de sus compromisos con el Fondo.
La Argentina enfrenta vencimientos con el mercado por aproximadamente US$14.000 millones anuales en 2027 y 2028.
Durante 2027 deberá pagar además alrededor de US$4.400 millones al FMI y US$3.600 millones a bonistas.
Según el economista Fernando Marull, al Gobierno le faltaría conseguir aproximadamente US$10.000 millones para completar el programa financiero de 2027.
El Fondo insiste en que una de las claves para reducir el riesgo país será acumular reservas y mejorar la capacidad del país para financiarse en el mercado.
En octubre, el Gobierno habría comprado aproximadamente US$1.000 millones, frente a US$770 millones en agosto y US$476 millones en septiembre.
La consultora GMA advirtió: «La estrategia de buy & hold ofrece una relación riesgo-retorno poco atractiva».
Y agregó que ese tipo de posicionamiento queda «reservado para quienes toleran el riesgo».
La recesión y las dudas sobre la recuperación
El deterioro del sentimiento del mercado también estuvo influenciado por indicadores económicos que resultaron peores de lo esperado.
El Estimador Mensual de Actividad Económica registró en julio una caída desestacionalizada del 2,9%, considerablemente superior a las previsiones privadas.
También pesaron el aumento de la pobreza durante el primer semestre y una nueva caída del índice de confianza del consumidor durante agosto.
De todos modos, algunos indicadores recientes sugieren una posible mejora de la actividad durante septiembre.
La recaudación y el índice de confianza del consumidor de la Universidad Torcuato Di Tella mostraron señales algo más favorables.
Sin embargo, persiste un interrogante estructural vinculado con el tipo de cambio.
Econviews señaló: «Con cada vez más dólares de energía, minería y agro, el peso tenderá a ser fuerte, pero puede dejar afuera a buena parte de los sectores que generan empleo».
La consultora agregó: «Hoy el producto nacional está más caro frente al importado que en cualquier momento desde 2016 y todavía los grandes flujos están por llegar».
La desinflación pierde velocidad
Otro elemento que preocupa a los inversores es la desaceleración del proceso de baja de la inflación.
El Fondo Monetario Internacional advirtió que el incremento de los costos energéticos podría dificultar los procesos de desinflación en distintos países.
El petróleo Brent cerró la semana alrededor de US$110 por barril, un nivel que agrega presión sobre los precios internacionales y locales.
Econviews informó que durante la segunda semana de octubre su canasta del Gran Buenos Aires registró una variación del 0,7%, con aumentos del 3,1% en verdulería y del 0,7% en carnes y derivados.
En el promedio de cuatro semanas, la variación acumuló un incremento del 2,4%.
También se registraron aumentos en servicios: las prepagas subieron cerca de 2,3%, el transporte público del AMBA prevé ajustes del 3,7%, el gas aumentó aproximadamente 1,7% y la electricidad 2,35%.
»Para el mes, esperamos que el nivel general esté en 1,9% con riesgo a al alza», señaló Econviews.
El FMI proyecta para Argentina una inflación del 29,5% en 2026, 18% en 2027 y 12,5% en 2028.
El escenario combina así un riesgo país nuevamente elevado, mayores costos de financiamiento, vencimientos relevantes, una actividad económica debilitada y una inflación que continúa bajando, pero a un ritmo más lento.
La evolución de esas variables será determinante para saber si el Gobierno logra recuperar el acceso al crédito y mejorar las expectativas antes de las elecciones de 2027
El riesgo país argentino volvió a subir y cerró en 648 puntos básicos, luego de haber tocado 403 en julio. El deterioro refleja dudas sobre la reelección de Javier Milei, el acceso al financiamiento, los vencimientos de deuda, la recesión y una desinflación más lenta. El Gobierno enfrenta además pagos por miles de millones de dólares en 2027 y 2028.
El riesgo país argentino volvió a demostrar que tiene una relación complicada con la estabilidad: el 7 de julio estaba en 403 puntos y parecía dispuesto a portarse bien; poco más de tres meses después terminó en 648. El mercado, siempre sensible, pasó del entusiasmo a esa expresión facial que uno pone cuando alguien dice “quedate tranquilo, está todo calculado” y automáticamente empieza a buscar la salida de emergencia.
El problema no es uno solo. Hay dudas sobre 2027, sobre quién gobernará en 2028, sobre cuánto podrá financiarse el Tesoro, sobre una actividad que cayó más de lo previsto y sobre una inflación que dejó de bajar con la velocidad soñada. A eso se suma un mundo menos amable: tasas internacionales elevadas, tecnológicas en baja y un bono del Tesoro estadounidense a diez años pagando 5,1%. Competir contra eso por dólares no es precisamente presentarse a una licitación con ventaja.
El Fondo Monetario también forma parte de la película. Kristalina Georgieva aseguró que la Argentina podrá pagar, una afirmación que en condiciones normales debería tranquilizar. El mercado, en cambio, parece haber respondido con la elegancia de quien escucha a un familiar decir que “este mes nos acomodamos” mientras mira una pila de facturas vencidas.
En paralelo, el Gobierno enfrenta vencimientos importantes en 2027 y 2028, necesita sumar reservas y todavía debe convencer a los inversores de que el programa financiero cierra. La dificultad es que los bonos argentinos ofrecen rendimientos suficientemente altos como para recordar que, en finanzas, cuando algo paga demasiado suele ser porque todos sospechan que cobrar no será una experiencia sencilla.
La economía real tampoco ayuda demasiado. La actividad cayó, subió la pobreza, bajó la confianza del consumidor y la desinflación parece haber encontrado una meseta. Así, Milei llega al tramo previo al año electoral con una paradoja bastante precisa: necesita que el mercado crea en 2028 cuando todavía está intentando convencer a buena parte de la economía de que 2026 puede terminar mejor
