La Justicia federal abrió una investigación a partir de las denuncias presentadas contra el presidente Javier Milei y funcionarios de su Gobierno por presuntas irregularidades relacionadas con el ingreso y la salida de Flávio Bolsonaro y su familia de la Argentina a través de Puerto Iguazú.
Las presentaciones judiciales fueron impulsadas por el dirigente nacional del Partido Obrero y del Frente de Izquierda, Gabriel Solano, y por el diputado nacional Esteban Paulon, de Provincias Unidas-Santa Fe.
Ambas denuncias quedaron unificadas en una causa que tramita ante el Juzgado Federal N° 5, a cargo de María Eugenia Capuchetti, con intervención de la fiscal Paloma Ochoa, quien este jueves solicitó las primeras medidas de investigación.
El expediente busca establecer si existieron irregularidades en los controles migratorios y fronterizos, y si funcionarios nacionales pudieron haber intervenido para facilitar los desplazamientos de Bolsonaro por territorio argentino.
Por el momento, las acusaciones se encuentran bajo investigación y no constituyen hechos judicialmente acreditados.
La Justicia pidió cámaras de seguridad e informes oficiales
Con el aval de la jueza Capuchetti, la fiscal Ochoa dispuso una serie de pedidos de informes dirigidos a distintos organismos públicos para reconstruir los movimientos de Flávio Bolsonaro durante su permanencia en la Argentina.
La investigación apunta a determinar las circunstancias de su ingreso, sus desplazamientos por Puerto Iguazú y su posterior salida desde el aeropuerto de esa ciudad.
Entre las medidas ordenadas se encuentra el requerimiento de registros de cámaras de seguridad a la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), la Policía Federal Argentina, Gendarmería Nacional y Aeropuertos Argentina.
La documentación permitirá analizar los movimientos registrados y verificar si los procedimientos se desarrollaron conforme a las disposiciones correspondientes.
Los investigadores también buscan establecer si existió alguna intervención de funcionarios del Gobierno nacional en la organización o facilitación del viaje.
Qué denunciaron Gabriel Solano y Esteban Paulon
La primera de las presentaciones fue realizada por Gabriel Solano, quien acusó al presidente Milei por los presuntos delitos de encubrimiento agravado, abuso de autoridad, violación de los deberes de funcionario público y malversación de caudales públicos.
El dirigente del Partido Obrero sostuvo que la investigación debe determinar si se utilizaron recursos o estructuras estatales para facilitar la salida de Bolsonaro del territorio argentino.
Solano acusó a Milei “por organizar un operativo para facilitar la fuga de Flávio Bolsonaro y evitar que rinda cuentas ante la Justicia de Brasil. El propio Gobierno terminó reconociendo que Bolsonaro y su familia estuvieron en la Argentina y salieron en un vuelo privado de Baires Fly, después de que la Casa Rosada negara su presencia”.
En su presentación también hizo referencia a versiones sobre una supuesta presencia del asesor presidencial Santiago Caputo en Puerto Iguazú.
Según el dirigente, esa presencia habría tenido como finalidad “para dirigir personalmente la fuga”, una afirmación que forma parte de las acusaciones y cuya veracidad deberá determinar la investigación.
Solano manifestó: “Estamos ante hechos gravísimos que deben investigarse como el uso de la estructura del Estado para encubrir a una persona alcanzada por restricciones judiciales y el posible empleo de recursos públicos para garantizar su impunidad”.
Además, solicitó preservar registros migratorios, comunicaciones, planes de vuelo y órdenes de custodia que pudieran resultar relevantes para esclarecer los hechos.
El exlegislador porteño afirmó: “Esta maniobra compromete al país y sus relaciones internacionales. La Justicia debe investigar hasta el final y determinar las responsabilidades de quienes organizaron y ejecutaron este operativo clandestino”.
Solano también anticipó que el lunes realizará una ampliación de su denuncia.
Por su parte, el diputado Esteban Paulon presentó otra denuncia contra Javier Milei, el canciller Pablo Quirno, la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva y el asesor presidencial Santiago Caputo.
En su presentación, Paulon identificó a Monteoliva como responsable política del área de Migraciones y pidió investigar las circunstancias en las que se produjo el ingreso y la salida de Bolsonaro.
El legislador señaló que “no existe mención por parte del gobierno de la existencia de un pedido formal o informal de asilo político ante nuestro país o terceros, como tampoco salvoconducto diplomático”.
Las dos presentaciones quedaron reunidas en el expediente que investiga la Justicia federal en la Ciudad de Buenos Aires.
Una fiscalía de Puerto Iguazú descartó un delito en el cruce fronterizo
En paralelo a la investigación que tramita en Buenos Aires, una tercera denuncia vinculada con el ingreso de Flávio Bolsonaro, su esposa y sus dos hijas fue analizada por la Justicia federal de Puerto Iguazú.
El expediente se había iniciado el miércoles a partir de presentaciones relacionadas con un supuesto ingreso ilegal al país, una posible evasión de controles migratorios y aduaneros, y la eventual violación de medidas cautelares extranjeras.
Sin embargo, el fiscal federal subrogante Aníbal Fabián Martínez desestimó la denuncia este jueves, al considerar que los hechos vinculados con el cruce fronterizo no configuraban un delito.
Uno de los elementos centrales de su dictamen fue la información suministrada por Interpol.
Según la respuesta recibida, al consultar sus bases de datos no se registraban restricciones, requerimientos ni órdenes de captura vigentes contra Flávio Bolsonaro al momento del informe.
A partir de esa información, el fiscal entendió que no correspondía continuar con las medidas de investigación solicitadas en ese expediente.
Entre los requerimientos que consideró inconducentes figuraban la obtención de cámaras de seguridad, registros aeroportuarios, bitácoras, manifiestos de pasajeros y comunicaciones correspondientes a la aeronave identificada con la matrícula LV-JQW.
También se habían solicitado documentos vinculados con empresas privadas presuntamente relacionadas con los desplazamientos investigados.
La desestimación de esta denuncia no implica el cierre de la investigación que continúa en el Juzgado Federal N° 5, ya que se trata de actuaciones judiciales diferentes.
De hecho, la fiscalía de Puerto Iguazú informó que remitirá una copia de su resolución a la fiscalía federal que interviene en Buenos Aires, a cargo de Paloma Ochoa.
De esta manera, mientras la actuación iniciada en Puerto Iguazú quedó desestimada, la causa que reúne las denuncias de Solano y Paulon continúa con pedidos de informes y medidas destinadas a reconstruir el recorrido de Bolsonaro y determinar si existieron irregularidades o responsabilidades de funcionarios nacionales.
La Justicia federal investiga denuncias contra Javier Milei y funcionarios de su Gobierno por presuntas irregularidades vinculadas con el ingreso y la salida de Flávio Bolsonaro y su familia de la Argentina. La jueza María Eugenia Capuchetti y la fiscal Paloma Ochoa solicitaron informes y registros de seguridad. En paralelo, una fiscalía de Puerto Iguazú descartó la existencia de delito en el cruce fronterizo.
La política argentina acaba de descubrir una nueva especialidad diplomática: recibir visitantes brasileños, discutir si estuvieron realmente en el país y terminar buscando las cámaras de seguridad para averiguar qué ocurrió. El protagonista es Flávio Bolsonaro, cuya visita junto a su familia derivó en denuncias contra Javier Milei y varios integrantes de su Gobierno. Una situación que demuestra que, en la Argentina, hasta un itinerario de viaje puede convertirse en un expediente judicial con más personajes que una serie de suspenso.
La historia tiene todos los ingredientes de una producción política internacional: un expresidente brasileño como apellido de referencia, un presidente argentino denunciado, un asesor presidencial mencionado por la oposición, un vuelo privado y una frontera que pasó de ser un punto de tránsito a convertirse en escenario de interrogantes. Lo único que falta es que alguien anuncie una conferencia de prensa para explicar por qué nadie parece ponerse de acuerdo sobre qué ocurrió.
Gabriel Solano, del Partido Obrero, y el diputado Esteban Paulon presentaron denuncias que terminaron reunidas en una causa federal. Solano sostiene que existió un operativo para facilitar la salida de Bolsonaro y evitar que respondiera ante la Justicia brasileña. Son acusaciones que deberán probarse, pero el planteo ya consiguió algo que no siempre logra la oposición: que un recorrido migratorio termine ocupando la agenda judicial de la Casa Rosada.
La jueza María Eugenia Capuchetti y la fiscal Paloma Ochoa decidieron avanzar con pedidos de informes y registros de cámaras. ARCA, la Policía Federal, Gendarmería y Aeropuertos Argentina aparecen ahora en la búsqueda de imágenes y documentación. El Estado, que habitualmente solicita documentos para permitir el ingreso de una persona, deberá revisar sus propios documentos para explicar cómo ingresó y salió una persona.
El argumento judicial tiene, además, un giro digno de un guionista especialmente entusiasmado. Mientras en Buenos Aires se investiga si hubo irregularidades o colaboración de funcionarios, una fiscalía de Puerto Iguazú desestimó otra denuncia porque no encontró delito en el cruce fronterizo. Interpol informó que no registraba órdenes de captura ni restricciones vigentes contra Flávio Bolsonaro. Así, dos actuaciones judiciales avanzaron por caminos diferentes: una busca determinar si existió un operativo irregular y la otra concluyó que el ingreso fronterizo denunciado no configuraba un delito.
La política, por supuesto, no suele esperar los tiempos de los tribunales. Donde la Justicia pide informes, los dirigentes ya ofrecen interpretaciones; donde falta una cámara, sobra una declaración; y donde todavía no existe una conclusión judicial, el debate público ya prepara su sentencia favorita.
Por ahora, la única certeza es que el recorrido de Bolsonaro y su familia provocó una investigación federal, pedidos de documentación y una discusión sobre la actuación del Gobierno. La diplomacia regional tendrá que acostumbrarse a una novedad: viajar puede requerir un pasaporte, pero explicar el viaje parece necesitar un expediente completo.
