El Banco Central de la República Argentina (BCRA) reconoció que la actividad económica cayó durante el tercer trimestre de 2026, después de que el segundo trimestre registrara una contracción del 0,6%. La confirmación implica que la economía argentina ingresó en una recesión técnica, caracterizada por dos períodos trimestrales consecutivos de caída del Producto Bruto Interno (PBI), medidos en términos desestacionalizados.
La admisión oficial quedó reflejada en el Informe de Política Monetaria (IPOM) de septiembre, en el que la autoridad monetaria anticipó una recuperación para los últimos tres meses del año, aunque advirtió sobre riesgos internacionales que podrían afectar ese escenario.
En el documento, el organismo señaló: «Para el cuarto trimestre se prevé una recuperación del PBI luego de la caída del tercer trimestre».
La afirmación constituye un reconocimiento de la contracción económica del tercer trimestre, en un contexto en el que las principales consultoras privadas vienen reduciendo sus estimaciones de crecimiento para 2026.
Las proyecciones más recientes ubican la expansión anual del PBI alrededor del 1%, por debajo del arrastre estadístico de 2,3% que había dejado el cierre de 2025.
Dos trimestres consecutivos de caída y una recesión técnica
La actividad económica ya había mostrado señales de deterioro durante el segundo trimestre de 2026, cuando el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó una contracción trimestral desestacionalizada del 0,6%.
La caída reconocida ahora por el Banco Central para el tercer trimestre completa la secuencia de dos períodos consecutivos de retroceso que define una recesión técnica.
Los datos mensuales del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), indicador que permite anticipar la evolución trimestral del PBI, ya habían reflejado un panorama desfavorable.
En julio, la actividad registró una caída del 2,8%, mientras que en agosto mostró una recuperación de apenas 0,1%.
De acuerdo con los cálculos de la consultora Vectorial, septiembre habría necesitado una mejora extraordinaria del 8,5% para compensar el deterioro previo y revertir el resultado del trimestre.
La misma consultora estimó que el promedio del EMAE mostraba un ritmo del 0,5% mensual, insuficiente para modificar de manera significativa el panorama de contracción acumulada.
Las mediciones privadas correspondientes a septiembre tampoco anticiparon un repunte de semejante magnitud.
Orlando Ferreres y Asociados calculó una mejora mensual desestacionalizada del 0,1%, mientras que Equilibra estimó un avance del 0,5% y Analytica proyectó una suba del 1%.
Si bien las tres estimaciones mostraron variaciones positivas para septiembre, sus magnitudes resultaron limitadas frente a las caídas registradas anteriormente.
El Banco Central espera una recuperación en el cuarto trimestre
A pesar del deterioro de la actividad, el Banco Central sostuvo en su informe que la economía podría registrar una recuperación durante los últimos tres meses de 2026.
La autoridad monetaria también identificó factores de riesgo vinculados con el escenario internacional, entre ellos las tensiones geopolíticas, las condiciones financieras externas y la evolución de la demanda de exportaciones argentinas.
Las consultoras privadas mantienen una visión prudente sobre la posibilidad de una recuperación sostenida.
Desde Orlando Ferreres y Asociados advirtieron: «Pensando en los próximos meses, el deterioro de las perspectivas nos hace considerar que la recuperación de la actividad puede demorarse y ralentizarse.»
Por su parte, Analytica coincidió con la posibilidad de una mejora durante el último trimestre, aunque condicionó ese resultado a que no se produzcan nuevos retrocesos.
La consultora explicó: «Si la actividad se mantuviera en el nivel de septiembre, el cuarto trimestre partiría con un arrastre estadístico de 0,7% respecto al tercero, lo que permitiría salir de la recesión hacia fin de año siempre que la mejora no se revierta».
Ese arrastre positivo implica que el nivel de actividad alcanzado al finalizar septiembre podría favorecer la comparación del cuarto trimestre, incluso sin una aceleración importante en los meses siguientes.
Sin embargo, la recuperación prevista todavía depende de que los indicadores económicos sostengan o mejoren los niveles alcanzados.
Las consultoras recortan sus pronósticos de crecimiento para 2026
El deterioro de la actividad también se reflejó en las estimaciones de crecimiento anual elaboradas por bancos y consultoras económicas.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central mostraba en diciembre una proyección de crecimiento del PBI del 3,5% para 2026.
Con el transcurso de los meses, esas previsiones comenzaron a reducirse.
En junio, la estimación había descendido al 3%. Posteriormente, se ubicó en 2,1% en agosto y en 1,5% en septiembre.
La próxima publicación del relevamiento está prevista para el 5 de noviembre, en un contexto en el que diferentes consultoras ya comenzaron a acercar sus pronósticos al 1%.
En septiembre, Equilibra redujo su estimación de crecimiento para 2026 al 1% promedio interanual.
El dato resulta relevante porque el arrastre estadístico dejado por el cierre de 2025 era del 2,3%, de modo que un crecimiento anual del 1% implicaría un desempeño inferior al que sugería ese punto de partida.
Tras conocerse el EMAE de agosto, LCG también redujo su pronóstico del 1,5% al 1%.
En la misma jornada, Grupo SBS ajustó su estimación de crecimiento al 1,1%.
La sucesión de revisiones refleja un cambio en las expectativas del sector privado, que pasó de anticipar una expansión más significativa a contemplar un año de crecimiento limitado.
En ese contexto, el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, se refirió durante la presentación del IPOM al modo en que la autoridad monetaria interpreta las expectativas del mercado, especialmente en materia de inflación.
El funcionario afirmó: «Lo que más extraemos del REM es si el mercado está tranquilo o no. Miramos si es estable y en qué dirección muestra. Hoy es estable y va para abajo».
La declaración estuvo vinculada con las expectativas inflacionarias, que según el titular del organismo muestran una trayectoria descendente.
Sin embargo, las proyecciones de crecimiento económico presentan una evolución diferente, marcada por sucesivas correcciones a la baja.
De esta manera, la economía argentina llega al último tramo de 2026 con una recesión técnica reconocida por el Banco Central, expectativas de recuperación para el cuarto trimestre y pronósticos privados que anticipan un crecimiento anual cercano al 1%.
El desempeño de los próximos meses será determinante para establecer si la recuperación prevista por la autoridad monetaria logra sostenerse y modificar la trayectoria de la actividad económica.
El Banco Central reconoció que la actividad económica argentina cayó durante el tercer trimestre de 2026, después de una contracción del 0,6% en el segundo, lo que configura una recesión técnica. Aunque la autoridad monetaria prevé una recuperación hacia fin de año, las consultoras redujeron sus proyecciones de crecimiento del PBI hasta alrededor del 1%, por debajo del arrastre estadístico de 2025.
La economía argentina acaba de recibir una noticia que seguramente sorprenderá a quienes todavía esperaban encontrar una recuperación debajo de los muebles: el Banco Central reconoció que el tercer trimestre terminó con una caída de la actividad. Después de meses de pronósticos, revisiones y expectativas, la recesión técnica consiguió algo que parecía reservado para los grandes acontecimientos nacionales: reconocimiento oficial. El paciente no estaba corriendo una maratón; estaba retrocediendo. Pero ahora tenemos un informe que lo confirma con impecable terminología financiera.
La definición de recesión técnica es bastante sencilla: dos trimestres consecutivos de contracción económica. El segundo ya había caído un 0,6% y el tercero siguió el mismo camino. Una secuencia que demuestra que, incluso cuando la economía no encuentra la salida, conserva una admirable disciplina para cumplir los requisitos estadísticos de una crisis.
El Banco Central, sin embargo, encontró una razón para mirar hacia adelante: pronosticó un rebote durante el cuarto trimestre. La recuperación todavía no aparece en los datos de ese período, pero ya cuenta con un lugar destacado en las expectativas oficiales. Es una estrategia conocida en la Argentina: cuando el presente no acompaña, se invita al futuro a dar explicaciones. El futuro, naturalmente, nunca está disponible para responder preguntas.
Las consultoras tampoco parecen demasiado entusiasmadas. Las estimaciones de crecimiento para 2026 se fueron reduciendo hasta rondar el 1%, una cifra inferior al arrastre estadístico heredado de 2025. Dicho de otra manera, la economía podría terminar mostrando una variación positiva en el promedio anual gracias a la matemática, mientras la actividad efectiva se dedica a ofrecer una interpretación bastante menos optimista de la realidad.
El recorrido de las proyecciones merece su propia ceremonia. El relevamiento del mercado esperaba un crecimiento del 3,5% en diciembre, luego del 3%, después del 2,1% y finalmente del 1,5% en septiembre. Una escalera descendente en la que cada peldaño viene acompañado de una explicación técnica y una nueva promesa de estabilidad. Si las expectativas siguen bajando, pronto habrá que empezar a medirlas con instrumentos de precisión.
El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, explicó que observa especialmente si las expectativas de inflación del mercado están tranquilas y hacia dónde se dirigen. En ese terreno, aseguró que la tendencia es estable y descendente. El inconveniente es que las proyecciones de actividad económica también descienden, aunque esa clase de tranquilidad no suele producir el mismo entusiasmo.
Mientras tanto, los analistas calculan cuánto debería mejorar la actividad para salir del pozo y el Gobierno confía en un repunte final. La economía argentina vuelve así a protagonizar una de sus especialidades históricas: anunciar que lo peor quedó atrás mientras las estadísticas todavía están terminando de explicar cuánto cayó. El cuarto trimestre tendrá la última palabra. Por ahora, el único rebote indiscutible es el de las expectativas contra la realidad.
