La defensa de Cristina Fernández de Kirchner y Máximo Kirchner presentó sus argumentos frente a las acusaciones formuladas en la causa unificada Los Sauces-Hotesur y sostuvo que las sociedades familiares investigadas realizaron operaciones comerciales lícitas, registradas y declaradas ante los organismos correspondientes.
El planteo fue elaborado por el equipo de abogados encabezado por Alberto Beraldi y expone la posición de los acusados respecto del origen de los bienes, el funcionamiento de las empresas y los contratos de alquiler examinados en el expediente.
Según la defensa, Hotesur S.A. y Los Sauces S.A. son sociedades comerciales familiares dedicadas a la compra y al alquiler de propiedades, constituidas y registradas de acuerdo con las disposiciones legales aplicables.
Los abogados señalaron que ambas firmas cuentan con libros societarios, estados contables y declaraciones juradas impositivas, documentación que consideran relevante para acreditar la regularidad de sus actividades.
El escrito fue entregado al periodista Horacio Verbitsky, director de El Cohete, y contiene los principales argumentos con los que la defensa cuestiona los cargos de la causa.
Qué sostiene la defensa sobre el origen del patrimonio
Uno de los ejes de la presentación se refiere a la adquisición de los inmuebles incorporados al patrimonio de las sociedades.
La defensa afirmó que las propiedades fueron compradas con fondos de origen lícito y que esa cuestión ya había sido examinada en investigaciones judiciales anteriores relacionadas con el patrimonio de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.
En ese sentido, recordó que ambos habían resultado sobreseídos en expedientes previos por enriquecimiento ilícito.
Los abogados consideran que esos antecedentes respaldan su posición sobre la legitimidad del origen de los recursos utilizados para adquirir los bienes.
Sin embargo, los sobreseimientos mencionados corresponden a investigaciones anteriores y su alcance respecto de las acusaciones actuales debe ser evaluado dentro del expediente Los Sauces-Hotesur.
La presentación también remarcó que el patrimonio de las sociedades fue declarado ante la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) y la Oficina Anticorrupción, conforme a las obligaciones vigentes durante el período investigado.
Para la defensa, la existencia de registros fiscales, contables y societarios constituye un elemento central para rechazar los cuestionamientos sobre las operaciones patrimoniales.
Los contratos de alquiler y la actividad hotelera
Otro de los puntos abordados por los abogados está relacionado con los contratos de alquiler investigados.
La defensa sostuvo que todos los contratos fueron genuinos y que los inmuebles destinados a vivienda fueron efectivamente utilizados por sus respectivos inquilinos.
Con ese argumento, buscó rechazar los cuestionamientos sobre la autenticidad de las operaciones comerciales realizadas por las sociedades.
Respecto de los hoteles, los abogados establecieron una distinción entre la titularidad de los inmuebles y la explotación comercial de los establecimientos.
Según su presentación, la familia Kirchner no administró ni explotó comercialmente los hoteles, sino que se limitó a percibir un canon por su arrendamiento.
La defensa sostiene, por lo tanto, que los ingresos percibidos por esa actividad correspondieron a contratos de alquiler y no a la gestión directa de los servicios hoteleros.
Esta diferenciación forma parte de los argumentos destinados a explicar la naturaleza de las operaciones económicas analizadas en la causa.
El planteo presentado por el equipo de Alberto Beraldi constituye la posición de la defensa frente a las acusaciones y no una resolución judicial sobre la totalidad de los hechos investigados.
La valoración de los contratos, los registros patrimoniales, las declaraciones fiscales y los antecedentes judiciales corresponde a los tribunales que intervienen en el expediente.
La defensa de Cristina Fernández de Kirchner y Máximo Kirchner rechazó las acusaciones en la causa unificada Los Sauces-Hotesur y sostuvo que las sociedades familiares realizaron operaciones legales y declaradas. El equipo encabezado por Alberto Beraldi afirmó que los inmuebles fueron adquiridos con fondos lícitos, que los contratos de alquiler fueron genuinos y que las actividades patrimoniales estuvieron registradas ante los organismos correspondientes.
La causa Los Sauces-Hotesur volvió a colocar en el centro de la escena una discusión que combina política, hoteles, propiedades y expedientes judiciales. La defensa de Cristina Fernández de Kirchner y Máximo Kirchner presentó su respuesta a las acusaciones con un argumento central: las sociedades familiares funcionaron dentro de la legalidad, declararon sus bienes y realizaron operaciones comerciales genuinas. Una explicación que, traducida al lenguaje cotidiano, sostiene que alquilar propiedades no debería convertirse automáticamente en el argumento de una serie policial.
El planteo de los abogados encabezados por Alberto Beraldi recorre registros societarios, estados contables, declaraciones impositivas y antecedentes judiciales. Una colección de documentos que difícilmente competiría con una plataforma de entretenimiento, pero que en un proceso penal puede resultar bastante más importante que cualquier conferencia de prensa. En los tribunales, los libros contables tienen la ingrata tarea de ser examinados página por página, incluso cuando sus protagonistas preferirían que todo se resolviera con una frase contundente.
La defensa sostiene que Hotesur y Los Sauces fueron sociedades familiares dedicadas a comprar y alquilar inmuebles. También afirma que las propiedades fueron adquiridas con fondos legítimos y que esos antecedentes ya habían sido examinados en causas anteriores por enriquecimiento ilícito. El argumento apunta a establecer que los movimientos patrimoniales tenían respaldo documental. La Justicia deberá evaluar qué alcance tienen esos antecedentes respecto de los hechos específicos investigados ahora.
Uno de los puntos centrales está en los alquileres. Según la defensa, los contratos fueron reales y las viviendas efectivamente utilizadas por sus inquilinos. En el caso de los hoteles, el planteo diferencia entre ser propietario de un inmueble y administrar un establecimiento turístico. Una distinción comercial que puede parecer elemental, pero que adquiere importancia cuando el expediente examina el origen y el destino del dinero.
El caso también ilustra una particularidad de la política argentina: incluso las operaciones inmobiliarias pueden adquirir una dimensión nacional cuando los nombres involucrados son suficientemente conocidos. Una sociedad que compra propiedades, contratos de arrendamiento y declaraciones ante organismos fiscales se transforman entonces en materia de debate público, controversia judicial y discusión partidaria.
Por ahora, lo que se conoce es la posición de una de las partes. Los abogados rechazan las irregularidades y sostienen que cuentan con documentación para respaldar su versión. Eso no equivale, por sí mismo, a una resolución definitiva sobre las acusaciones. El desenlace depende de la valoración judicial de las pruebas, un procedimiento bastante menos espectacular que la discusión política, pero indispensable para determinar responsabilidades.
