Las intensas lluvias que afectaron a Mendoza durante la noche del lunes y la madrugada de este martes provocaron anegamientos en calles y viviendas de distintos departamentos, con situaciones especialmente complicadas en sectores de Guaymallén.
Uno de los puntos más afectados fue el barrio Viñas del Carril, donde el agua ingresó a las casas luego del desborde de un canal y dejó completamente comprometido el acceso al sector.
El desborde del canal Tulumaya complicó al barrio
El barrio se encuentra en la zona del carril Costa de Araujo, entre la ruta 20 y el sector de Puente de Hierro. De acuerdo con los relatos de los vecinos, el desborde del canal Tulumaya provocó que el agua avanzara sobre las viviendas.
La acumulación también dejó completamente anegado el ingreso al barrio, generando dificultades para la circulación y aumentando la preocupación entre quienes permanecían en el lugar.
Vecinos permanecieron en sus viviendas
Las imágenes conocidas durante la mañana reflejaron la magnitud de la inundación, con calles cubiertas de agua y numerosas viviendas afectadas por el avance del caudal.
Pese a las complicaciones, algunos vecinos permanecían dentro de sus casas y se resistían a abandonarlas, mientras intentaban resguardar sus pertenencias en medio de la emergencia.
Las intensas lluvias registradas en Mendoza durante la noche del lunes y la madrugada de este martes provocaron anegamientos en calles y viviendas de distintos departamentos. Una de las zonas más afectadas fue el barrio Viñas del Carril, en Guaymallén, donde el desborde del canal Tulumaya hizo que el agua ingresara a las casas y complicara el acceso al sector.
Mendoza amaneció con una postal que nadie había pedido: calles convertidas en cursos de agua, viviendas con el ingreso bloqueado y vecinos observando cómo la lluvia decidió rediseñar el mapa urbano sin pasar por Planeamiento. En el barrio Viñas del Carril, en Guaymallén, el agua dejó de respetar esa antigua convención social según la cual los canales van por un lado y las casas por otro.
El protagonista involuntario de la madrugada fue el canal Tulumaya, que desbordó y permitió que el agua avanzara sobre las viviendas como si hubiera recibido una orden de ocupación territorial. El ingreso al barrio quedó completamente anegado y las calles terminaron bajo agua, demostrando una vez más que, cuando una tormenta se propone complicar una mañana, no suele detenerse a consultar horarios laborales ni planes familiares.
Las imágenes conocidas durante las primeras horas del día expusieron la magnitud de la situación: calles cubiertas, accesos comprometidos y vecinos permaneciendo dentro de sus casas mientras intentaban proteger sus pertenencias. Algunos se resistían a abandonar las viviendas, una decisión entendible cuando el dilema consiste en elegir entre quedarse cerca de lo propio o salir a descubrir hasta dónde decidió avanzar el agua.
La escena dejó al barrio en una especie de pausa forzada, con la rutina suspendida por una emergencia que convirtió cada puerta, vereda y vehículo en una pequeña negociación con el nivel del agua. Sin necesidad de metáforas demasiado elaboradas, la tormenta ya había hecho suficiente trabajo narrativo por su cuenta.
